ESTUDIO DIARIO DE HECHOS
MENSAJE CUARENTA Y NUEVE
LA PROPAGACIÓN EN ASIA MENOR Y EUROPA
A TRAVÉS DEL MINISTERIO DE PABLO Y SUS COMPAÑEROS (15)
NUESTRO PODER: EL DIOS TRIUNO COMO EL ESPÍRITU
En realidad, nuestro poder es el Dios Triuno como el Espíritu. ¿No crees que el Dios Triuno está con nosotros? Yo creo que Él está conmigo en mi hablar. Cuando voy a ministrar la Palabra, suelo orar: “Señor, reivindica el hecho de que Tú eres un espíritu conmigo. Quiero practicar ser un espíritu contigo. Haz real el hecho de que en mi hablar Tú eres un espíritu conmigo. Habla tu palabra en mi hablar”. Así es como oro antes de dar un mensaje. Por eso creo que, mientras hablo, Él es un espíritu conmigo y habla en mi hablar. Este es el verdadero poder.
No debemos confiar en otra cosa que no sea la oración, la Palabra y el Espíritu. Tal vez algún profesor pueda dar un mensaje sobre Ciencias para convencer a los estudiantes de Ciencias a creer en Dios. Aunque no hay nada malo en ello, no debemos confiar en eso. Por el contrario, debemos confiar total y absolutamente en la oración, la Palabra y la unción, que es el mismo Dios Triuno.
PABLO HABLA DIRECTAMENTE LA PALABRA
Vemos en el libro de Hechos que el apóstol Pablo no usaba artificios para predicar el evangelio. Más bien, “predicaba a Jesús en las sinagogas, afirmando que este es el Hijo de Dios” (9:20). Cuando Saulo estaba en Damasco, “se fortalecía más y confundía a los judíos que habitaban en Damasco, demostrando que Jesús es el Cristo” (9:22).
HERMANOS JÓVENES PREDICAN CON PODER
Tal vez digas: “Hermano Lee, llevas más de cincuenta años involucrado con la Palabra. ¿Cómo podemos ser poderosos en la predicación del evangelio si todavía somos jóvenes en el Señor?” Quiero testificar que, incluso siendo joven, mi hablar era poderoso debido a estos tres elementos: la oración, la Palabra y el Espíritu (la unción). Esto significa que incluso los jóvenes pueden predicar el evangelio con poder e impacto si confían en estos tres elementos.
Jóvenes, pueden elegir un pasaje de la Palabra y predicarlo a otros. Solo no confíen en la elocuencia que puedan tener. Los que son elocuentes pueden no tener ningún poder ni impacto. Pero los que no son elocuentes, y tal vez ni siquiera pronuncien bien las palabras, pueden tener impacto y poder en la predicación del evangelio. Si confiamos en la oración, la Palabra y el Espíritu, el Señor puede incluso usar la pronunciación incorrecta para salvar a otros.
EL EJEMPLO DE D. L. MOODY
Como ya sabrás, D. L. Moody fue prevalente en la predicación del evangelio. Era un joven aprendiz en la zapatería de su tío cuando sintió el encargo de predicar el evangelio. Un día, después de dar un mensaje de evangelio, fue abordado por una persona culta que estaba en la congregación. Esta persona le dijo que a menudo usaba mal la gramática al hablar. La respuesta de Moody fue más o menos así: “Tu gramática es correcta. Ve tú y predica y veremos cuál será el resultado. Puede que sea pobre en gramática, pero por medio de mi predicación las personas son salvas”.
TENER EL CRISTO TODOINCLUSIVO CONSTITUIDO EN NOSOTROS
Si tenemos o no poder al predicar el evangelio depende de nuestro ser, de nuestra persona. Si queremos tener poder, necesitamos tener el Cristo todoinclusivo constituido en nosotros. Por tenerlo constituido de esta manera, Pablo en sus mensajes siempre predicaba a Cristo. En 18:5 testificó que Jesús es el Cristo, y en el versículo 11, que en el año y medio que estuvo en Corinto enseñó la Palabra de Dios. Todos necesitamos aprender de él a testificar de Cristo y enseñar la Palabra.
SER UN ESPÍRITU CON EL SEÑOR AL PREDICAR EL EVANGELIO
No existen atajos para tener poder al predicar el evangelio. Necesitamos orar, aprender la Palabra y ser un espíritu con el Señor. En 1 Corintios 6:17 Pablo dice: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”.
Necesitamos basarnos en esta palabra, reivindicar el hecho y practicarlo. Debemos decir: “Señor, esta es tu Palabra. Me apoyo en ella e invoco el hecho de que soy un espíritu contigo. Te pido que reivindiques tu palabra de que eres de verdad uno conmigo. Quiero hablar por ti, e incluso declararte. Reivindica tu palabra y muestra que realmente eres uno con tus seguidores”.
Todos necesitamos hacer esta oración. Esta es la oración que será escuchada en los cielos y por todos los demonios. Si somos un espíritu con el Señor al predicar el evangelio, tendremos poder e impacto. Por lo tanto, no confiemos en la elocuencia, sino en la oración, la Palabra y el Espíritu.
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