ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Leer y orar: “Dieciocho mil codos alrededor; y el nombre de la ciudad desde aquel día será: Jehová Está Allí.” (Ezequiel 48:35)
Puesto que finalmente llegaremos a ser la Nueva Jerusalén, debemos aplicarnos a nosotros mismos las cosas mencionadas en Ezequiel. Esto significa que no debemos considerar las palabras de Ezequiel meramente como profecías.
Aunque el libro de Ezequiel contiene profecías, debemos aplicar este registro principalmente a nosotros mismos, aplicando los puntos en Ezequiel, no solo para el futuro, sino también para el presente.
Una Mezcla de Dios y el Hombre
Con esta ciudad está el número doce, que no se compone de seis por dos, sino de tres por cuatro. Es tres por cuatro porque hay tres puertas en cuatro lados, sumando un total de doce puertas.
Necesitamos recordar que cuatro es el número de la criatura y que tres es el número del Dios Triuno. Por lo tanto, doce significa la mezcla del Dios Triuno con las criaturas.
Por último, esta ciudad no es solo una mezcla, sino también un gobierno perfecto con una administración completa. En la Biblia, el número doce también indica un gobierno perfecto y una administración en su consumación. No es solo una mezcla de la divinidad con la humanidad; también es un gobierno perfecto que resulta de esta mezcla.
Esta mezcla es para la eternidad. Esta ciudad, que resulta de la mezcla, ejercerá plena autoridad para la administración completa de Dios. La iglesia debería ser así hoy. Esto significa que la iglesia debe ser la mezcla de Dios con el hombre. Como resultado de tal mezcla, habrá el gobierno de la iglesia para la administración de Dios en la tierra.
Hace que Todos los que Entran Sean Uno
El hecho de que la ciudad tenga cuatro lados con tres puertas en cada lado también indica que no importa por qué lado entremos en la ciudad, estaremos en la misma ciudad. No importa por cuál puerta entremos, seremos uno. En esta ciudad no podemos estar divididos.
Apocalipsis 21:21 nos muestra que en la Nueva Jerusalén hay solo una calle. No importa de qué dirección vengamos ni por cuál puerta entremos, todos estaremos en la misma calle. En esta calle hay un fluir, un río, con una sola bebida y un único árbol de la vida (22:1-2). En esta ciudad, todos somos uno. Tenemos una calle, un río, un fluir, una bebida, un árbol de la vida. Somos uno de todas las maneras.
El libro de Ezequiel concluye con las palabras: “Y el nombre de la ciudad desde aquel día será: Jehová está allí” (48:35b). Dios habita en el templo, y Él también habita en la ciudad. En el templo, Dios tiene comunión con Su pueblo, y en la ciudad Dios reina entre Su pueblo. Esto indica que Dios ha descendido del cielo para vivir con el hombre.
Esperamos que esta sea la situación en todas las iglesias locales. En la iglesia como Su edificio hoy, Dios tiene Su templo, Su morada, y también tiene Su ciudad para Su administración. De esta manera, la iglesia llega a ser el centro para la comunión con Dios y para el reinado de Dios.
Si tenemos el disfrute adecuado de Cristo como la buena tierra, habrá un resultado: el templo y la ciudad. Cuando haya el templo y la ciudad en la buena tierra, Dios tendrá Su expresión, nosotros disfrutaremos de Dios y Dios disfrutará de nosotros, y nosotros y Dios tendremos una satisfacción mutua.
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