EL TEMPLO Y LA CIUDAD SON IGUALMENTE CRUCIALES
Nuestra obra es hacer que las personas sepan lo que significa tener la compenetración de Dios y el hombre, y lo que significa estar bajo la autoridad divina. Sin la compenetración y la autoridad de Dios, no puede haber ninguna edificación. Sin el templo, no hay habitación; sin la ciudad, no hay protección.
En otras palabras, si conocemos la presencia de Dios sin conocer Su autoridad, no tenemos la ciudad ni el templo. La presencia de Dios finalmente se perderá, porque no hay protección. Tenemos que tener la presencia de Dios así como Su autoridad para tener protección.
La edificación siempre implica combate. Efesios 2 habla de edificación, y el capítulo seis habla de batalla espiritual. La batalla está relacionada con la ciudad, y no con el templo. La batalla es por la autoridad de Dios, y no por Su presencia.
Cuando Nehemías regresó a fin de edificar la ciudad, encontró guerra (Neh 4:7-8). Parece que el enemigo no deseaba frustrar la edificación del templo tanto como la de la ciudad. Esto es porque la ciudad implica la autoridad de Dios. El enemigo sabe muy bien que si no hay ciudad, el templo podrá ser fácilmente destruido; por eso su combate se dirige a lo que respecta a la autoridad y el orden. Si no existe ciudad, el templo no tiene protección.
Satanás sabe que la presencia de Dios puede ser fácilmente destruida cuando no hay orden, cuando no hay autoridad, en la iglesia. Todo obrero del Señor necesita comprender el significado de edificar la iglesia. Edificarla es edificar la autoridad de Dios en ella.
Si la iglesia en una ciudad tiene sólo fervor, cordialidad y amor mutuo, pero no tiene orden ni autoridad, esa iglesia está equivocada. No tiene protección. Aunque pueda estar muy bien hoy, la falta de protección puede llevarla al colapso mañana.
Amarse unos a otros no significa necesariamente la presencia de Dios, pues eso puede provenir del afecto del hombre natural y no tener en sí la compenetración de Dios. Incluso si tenemos la compenetración de Dios, si no poseemos Su autoridad, no habrá protección. Es necesario establecer autoridad en la iglesia.
Una iglesia estará muy debilitada si los hermanos tienen opiniones divergentes cuando surja alguna situación. En vez de haber edificación en ella, habrá sólo un montón de piedras. Una iglesia fuerte está llena de la presencia de Dios y de Su autoridad, teniendo así tanto el templo como la ciudad.
Es difícil encontrar la autoridad de Dios en el cristianismo institucionalizado. La mayoría de los grupos están llenos de opiniones humanas. Se exaltan afirmando que son democráticos, sin embargo están llenos de opiniones humanas y de la falta de la autoridad de Dios. Esta era la situación de la iglesia en Laodicea. Esta es la razón por la que diáconos discuten con ancianos y ancianos discuten con pastores.
Nuestra intención no es criticar a otros, sino desvelar la verdad de que, si no llevamos la autoridad de Dios en consideración y enfatizamos la opinión de los hombres, el resultado será una interminable discusión.
La iglesia de Dios es un templo y una ciudad. En la iglesia de Dios están el templo y la ciudad: la presencia de Dios y Su autoridad. Necesitamos considerar qué tipo de obra realizamos. ¿Será que estamos edificando la iglesia o el cristianismo institucionalizado? Tenemos que saber primero si estamos o no bajo la autoridad de Dios y si mantenemos o no nuestra posición en el orden planeado por Él.
Pocas personas entienden que edificar la iglesia es edificar la presencia y la autoridad de Dios. A partir de este momento, sin embargo, necesitamos saber que edificar el Cuerpo de Cristo es edificar la compenetración de Dios con el hombre y edificar la autoridad de Dios sobre el hombre. Necesitamos realizar esta obra.
Ser edificados en Dios significa permitir que Él opere en nosotros y se compenetre con nosotros en todo. Si somos edificados por Dios y estamos sujetos a Su autoridad, podemos entonces ayudar a otros realizando una obra de edificación en ellos.
Cuando trabajamos en otras personas, primeramente añadimos a Dios a ellas para que tengan Su presencia en el andar y vivir práctico. De este modo se convierten en el templo de Dios.
Necesitamos entonces realizar otra obra en ellas, para que conozcan la autoridad de Dios. Esto corresponde a edificar el muro en ellas. De esta forma tendrán la presencia y la autoridad de Dios. Serán personas edificadas no importa a dónde vayan. Sabrán lo que es tener la presencia de Dios, Su compenetración, y también conocerán Su autoridad y orden. Ellas habrán sido edificadas.
Algunos pueden ser fervorosos, pero no tienen el templo de Dios ni Su ciudad. Pueden tener cierta medida de Su presencia, pero no comprenden Su autoridad. Hay cierta medida de la restauración de Esdras, sin embargo no hay nada de la restauración de Nehemías.
Pero hay otros que tienen tanto el templo como la ciudad. Tienen la presencia y la autoridad de Dios. En todo tienen la compenetración de Dios y están bajo Su autoridad. Mantienen el orden y están bajo autoridad. También reinan, porque tienen la autoridad divina. En otras palabras, poseen la ciudad de Dios. Teniendo la ciudad de Dios en nosotros, tenemos protección para nuestra condición espiritual.
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