PARA EL MINISTERIO DE LA PALABRA
Un ministro de la palabra debe estar atento al material que utiliza. La elección del material es importante e involucra muchos detalles. Los que ministran la palabra deben comprender que el ministerio de la palabra tiene por objetivo dar vida.
El ejercicio del ministerio de la palabra debe también presentar soluciones para los problemas de las personas y generar en ellas un sentimiento de necesidad. No debe darles solamente material para reflexión. Al ejercer el ministerio de la palabra necesitamos suplir a las personas con vida, solucionar sus problemas y generar en ellas un sentimiento de necesidad. Debemos seguir estos principios al elegir el material para el ministerio de la palabra.
Se han producido más libros sobre temas relativos al cristianismo que sobre cualquier otro asunto. El número de libros publicados sobre exposición bíblica es especialmente grande. Si algún ministro de la palabra piensa que no necesita usar material extraído de publicaciones de terceros, es orgulloso y necio.
Un ministro de la palabra también puede ser tentado a creer que necesita solamente material extraído de libros publicados en el cristianismo. Un ministro que piensa así ha perdido su ministerio de la palabra. Un ministro de la palabra no debe depender exclusivamente del material encontrado en libros.
El material básico para el ministerio de la palabra debe estar compuesto por las lecciones que una persona ha aprendido y por los encargos que ha recibido del Señor. Queremos predicar un mensaje que esté basado en una lección que aprendimos y en un encargo recibido. Podemos consultar a otras personas para conocer sus perspectivas, explicaciones e ilustraciones relativas a la lección que aprendimos y al encargo recibido.
Leer libros de consulta regularmente ayuda a ampliar nuestro conocimiento, pero si un ministro de la palabra compila sus mensajes a partir de libros de consulta, sin haber aprendido ninguna lección ni haber recibido ningún encargo, su mensaje será degradado e inútil. El ministerio de la palabra está basado en las lecciones que ya aprendimos y en los encargos que ya recibimos.
Si un ministro de la palabra no aprende ninguna lección y nunca recibe ningún encargo de parte del Señor, no debe hablar desde el púlpito.
Por esta razón, los que ministran la palabra necesitan continuamente aprender lecciones mediante la obra del Señor en las cosas grandes y pequeñas. También necesita aprender a recibir encargos. Debe recibir un encargo de predicar el evangelio y dar determinado mensaje. Siempre debe recibir encargos.
Aunque los hermanos amen al Señor con todo fervor, falta edificación entre nosotros. Por eso hay la necesidad de recibir encargos a fin de conducirlos a un profundo sentimiento de que necesitan edificación. Debemos recibir un encargo de parte del Señor y liberarlo mediante el ministerio de la palabra.
No debemos ser orgullosos en el ministerio de la palabra. Es necedad sentir orgullo al prepararnos, pensando que nuestro material es mejor que el de los demás. Aunque de hecho lo sea, al consultar a otros, nuestro conocimiento será ampliado y nuestra percepción de la palabra será profundizada.
De este modo, a medida que elegimos material para el ministerio de la palabra, debemos verificar y asegurarnos de que las lecciones aprendidas y el encargo recibido sean nuestra base; por otro lado, debemos guardar el corazón para no sentir orgullo.
Lo que una persona habla es degradado y pecaminoso si necesita investigar libros por no tener nada que hablar. La liberación de la palabra que no está basada en la experiencia personal ni en un encargo recibido del Señor es una ofensa a Dios. Hablar con tal negligencia es pecado.
Todo mensaje necesita estar basado en la experiencia personal y liberado a partir de un encargo. Esta es la base fundamental para la liberación de la palabra. Al liberarla no debemos enorgullecernos. Debemos estar abiertos a usar libros de consulta y recibir ayuda de otros. Por ejemplo, si leímos un libro hace muchos años sobre cierto tema, no hará ningún mal leerlo de nuevo. Nuestro corazón y actitud en el momento son de consultar otras fuentes de material y recibir la ayuda de otras personas. Sin embargo, no debemos recopilar material de manera indiscriminada. Esta es la actitud correcta y el corazón correcto.
Al prepararnos para ministrar la palabra, debemos buscar material vivo, y no muerto. Si quien ministra la palabra quiere ser diferente de los demás, será tentado a elegir material nuevo e inusual, pero también muerto. Por causa de eso, sus mensajes serán frívolos y no tendrán el sabor de la vida.
Por eso, al preparar un mensaje, necesitamos evitar la idea de ser originales usando material nuevo e inusual. En lugar de eso, debemos esforzarnos por liberar mensajes vivos y llenos del suministro de vida.
Por ejemplo, a pesar de que otros ya hayan hablado sobre regeneración muchas veces, debemos continuar hablando de ese tema. La regeneración es un tema antiguo, sin nada nuevo o inusual, sin embargo, si nuestro material está vivo, nuestra palabra estará llena de suministro y sabor.
Si nuestra única preocupación es contar historias y descuidar el suministro de vida, somos meros contadores de historias. Aunque los santos puedan reír, nuestra palabra es una ofensa al Señor.
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