LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA
CAPÍTULO CATORCE:
LA RESTAURACIÓN DE LA BASE DE LA IGLESIA
SEMANA 10 - VIERNES
Lectura bíblica: Hch 4:29; Ro 8:31-39
Leer y orar: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?” (Ro 8:35)
En el norte de China fui encarcelado y torturado por los japoneses porque no estuve dispuesto a hacer concesiones. Si me hubiera comprometido con las denominaciones, no habría sido arrestado ni habría tenido tantos problemas. Me metieron en la cárcel porque no quise cooperar con las denominaciones.
Nuestros amigos en las denominaciones querían atraerme a su lado, haciéndome como ellos, pero me mantuve firme. Por eso hablaron mal de mí a la policía militar japonesa, la cual finalmente me arrestó.
Después de tres semanas de interrogatorios, la policía militar japonesa no pudo encontrar ninguna prueba contra mí. Entonces dijeron: “Sr. Lee, lo hemos interrogado por tres semanas y media, pero no encontramos nada malo en usted. [...] ¿Por qué los que pertenecen al cristianismo no hablan bien de usted?”. Su pregunta me hizo ver que los de las denominaciones habían hablado toda clase de cosas malas sobre mí a los japoneses.
El presidente de la Asociación Cristiana Unida [United Christian Association], quien fue compañero de clase y vecino de un hermano entre nosotros, se enteró de que yo había sido arrestado por los japoneses. Antes de que me arrestaran, la esposa de un pastor habló ante una multitud frente a su casa, expresando su alegría de que los japoneses me disciplinaran.
Como nunca cooperé con las denominaciones, querían que los japoneses me disciplinaran. Realmente estuve bajo amenaza de muerte mientras estuve en prisión, porque para la policía militar japonesa era tan fácil matar a un chino como matar a una gallina. El Señor preservó mi vida en ese tiempo.
Después de que fui liberado de la prisión, nuestros amigos en las denominaciones me pidieron nuevamente que cooperara con ellos. No me presionaron; más bien, me informaron que doce congregaciones participarían en una conferencia y un predicador de cada congregación daría un mensaje. También me dijeron en qué día debía predicar. Les dije a los hermanos que, aunque muriera, no predicaría ese mensaje.
Luego, un hermano mayor me acompañó a visitar al presidente de la Asociación Cristiana Unida, porque consideré que, por cortesía, debía informarle que no podía aceptar el compromiso. El presidente de la Asociación Cristiana Unida pensaba que debía considerarlo y orar al respecto. Cuando le dije que no había necesidad de orar, él dijo: “Sr. Lee, lo que usted hace es muy peligroso”. Respondí solemnemente: “Ya que usted dice eso, quiero que sepa que lo peor que puede hacer es hacer que me arresten y me metan de nuevo en la cárcel”.
Fue difícil creer que usaran la palabra “peligroso” al pedirme colaboración. Creo que esto fue una artimaña del enemigo para obligarnos a ser iguales al cristianismo institucionalizado. En aquel tiempo, los que eran parte de ese cristianismo detestaban que fuéramos diferentes de ellos. Si nos hubiéramos reconciliado con ellos y nos hubiéramos hecho iguales a ellos, el enemigo habría aplaudido con fuerza, porque su plan habría tenido éxito.
Lo que Dios nos ha mostrado no es meramente una cuestión de salvación o espiritualidad. Él nos ha mostrado dónde debe estar un cristiano y dónde no debe estar. Este es el testimonio que hemos dado por más de treinta años. Sin embargo, Satanás nos ha estado empujando para alejarnos de este testimonio, queriendo que nos reconciliemos con el cristianismo institucionalizado. Si eso ocurre, Satanás habrá triunfado. Por tanto, necesitamos tener claridad y ver nuestra necesidad de mantener esta diferencia.
LA PRÁCTICA DE LA BASE TRAE BENDICIÓN
El hermano Austin-Sparks no sabía esto cuando vino a Taiwán. Salió de Taiwán en marzo y llegó a Londres en abril. En mayo escribió un artículo para su revista en el cual nos elogiaba, diciendo: “Durante muchos días, hablé durante el día a más de quinientos obreros cristianos escogidos, y por la noche a cerca de dos mil creyentes. Además, visitamos iglesias durante varios días, y todas las que visitamos eran fervientes. El rostro de los hermanos brillaba, esperando tener comunión con nosotros. Devoraban cada palabra que hablábamos”.
El hermano Austin-Sparks nos trató con gran honor. Pero yo quisiera preguntarle si conoce la razón principal de que nuestra obra tenga éxito.
Tal vez muchos piensen que la razón principal es la obra del Espíritu Santo. Estamos de acuerdo. Pero ¿por qué el Espíritu Santo no bendice la obra realizada sobre otras bases? Creo que el hermano Austin-Sparks encontró a muchos misioneros del occidente y a personas de otros grupos cuando estuvo en Taiwán.
Todos hacían la obra con celo. Tienen más recursos que nosotros y más talentos. Algunos de ellos están mejor educados que nosotros y tienen mejor reputación. ¡¿Por qué el hermano Austin-Sparks no elogió su obra?! ¿Por qué el Espíritu Santo no realiza una obra entre ellos? Tenemos claro que, si hemos obtenido algún resultado digno de alabanza, es porque no nos hemos reconciliado con las denominaciones.
Si desde 1949 hubiéramos trabajado reconciliados con las denominaciones, no habríamos alcanzado los mismos resultados. La razón principal por la cual nuestra obra es elogiada es que tenemos la base. Lamentablemente, el hermano Austin-Sparks vio el resultado, pero no percibió la razón de ese resultado.
Disfrute más: Himno S-99
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