EL BAUTISMO DE PABLO
En Hch 22:1-21 Pablo se defiende ante los judíos alborotados. En este mensaje nos centraremos en la palabra de Ananías a Pablo en el versículo 16: “¿Y ahora, por qué te detienes? Levántate, sé bautizado y lava tus pecados, invocando su nombre”.
En el caso de Pablo, así como en el caso del eunuco etíope, se enfatiza el bautismo en agua. Debemos prestar atención tanto al bautismo en agua como al bautismo en el Espíritu. El bautismo en agua significa la identificación de los creyentes con la muerte y resurrección de Cristo (Ro 6:3-5; Col 2:12), y el bautismo en el Espíritu significa la realidad de la unión de los creyentes con Cristo en vida esencialmente, y en poder económicamente. El bautismo en agua es la afirmación de los creyentes de la realidad del Espíritu. Ambos son necesarios, y uno no sustituye al otro. Todos los creyentes en Cristo deben tener ambos adecuadamente.
De acuerdo con la palabra del Señor en Marcos 16:16, para ser salvo, la persona necesita creer y ser bautizada. Creer es recibir al Señor (Jn 1:12), no solo para el perdón de los pecados (Hch 10:43) sino también para la regeneración (1 P 1:21, 23), a fin de que los que creen se conviertan en hijos de Dios (Jn 1:12-13) y miembros de Cristo (Ef 5:30) en una unión orgánica con el Dios Triuno (Mt 28:19). Ser bautizado es afirmar esto siendo sepultado para poner fin a la vieja creación mediante la muerte de Cristo y siendo levantado para ser la nueva creación de Dios mediante la resurrección de Cristo. Este bautismo es mucho más avanzado que el bautismo de arrepentimiento de Juan (Mr 1:4; Hch 19:3-5).
Creer y ser bautizado son dos partes de un paso completo para recibir la plena salvación de Dios. Ser bautizado sin creer es meramente un rito vacío; creer sin ser bautizado es ser salvo solo interiormente sin la afirmación exterior de la salvación interior. Ambos deben ir juntos.
TRANSFERIDOS DE ADÁN A CRISTO
El bautismo, en verdad, es una gran transferencia. Por esta razón, el ministerio del Nuevo Testamento comenzó con ello. Ya hemos resaltado que el bautismo implica primero el término y luego la germinación. Mediante el término y la germinación ocurre una verdadera transferencia. No nos sorprende, entonces, que el Nuevo Testamento comience con el bautismo para indicar que las cosas del Antiguo Testamento deben terminar, para que haya un nuevo comienzo. Sin embargo, entre muchos cristianos hoy, el bautismo no pasa de ser un rito de ingreso a otra religión.
Cuando fuimos bautizados, fuimos transferidos de Adán a Cristo. Muchos cristianos nunca recibieron la enseñanza adecuada al respecto. Otros saben que en el bautismo fueron transferidos de Adán a Cristo, pero para ellos esto no pasa de ser una doctrina; no es algo práctico en la vida cristiana. En nuestra vida como cristianos debemos estar fuera de Adán y en Cristo. No debemos vivir más en la esfera de Adán; en cambio, nuestra vida debe estar absolutamente en la esfera de Cristo.
INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR
En Hch 22:16 Ananías le dijo a Pablo que se bautizara y se lavara de los pecados invocando el nombre del Señor. En este versículo "invocando su nombre" modifica tanto "sé bautizado" como "lava". Ananías parecía estar diciendo: “Pablo, levántate y sé bautizado. Al ser bautizado, debes invocar el nombre del Señor. Esa es la condición para que seas bautizado”.
Es una buena práctica para nosotros, al bautizar a nuevos creyentes, animarles a invocar el nombre del Señor Jesús. Esto significa que, mientras están siendo bautizados, ellos invocan el nombre del Señor. Así como respiramos y comemos al mismo tiempo, así también se puede ser bautizado e invocar el nombre del Señor al mismo tiempo. La transferencia que ocurre mediante el bautismo se fortalece al invocar el nombre del Señor. Por tanto, animemos a quienes bautizamos a invocar el nombre del Señor Jesús y así tener una transferencia más definida de Adán a Cristo.
Disfruta más: Himno 378
No hay comentarios.:
Publicar un comentario