CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR
CAPÍTULO DOS
SEMANA 1 - SÁBADO
Lectura Bíblica: Mt 5:1; 8:23; 9:10; 13:12, 10, 36; 16:13; 17:1-2; 24:1-3; Jue 7:4-8
Leer y orar: “Viendo Jesús a las multitudes, subió al monte, y cuando se sentó, se le acercaron sus discípulos;" (Mt 5:1)
APRENDER A PAGAR EL PRECIO EN LA VIDA DIARIA
LA VERDADERA BÚSQUEDA OCURRE EN LA VIDA DIARIA
En algún momento, todos tomamos la decisión de buscar crecimiento espiritual y ser útiles para el Señor. Sin embargo, buscar por decisión propia muchas veces puede terminar siendo una formalidad y, por lo tanto, volverse incompatible con la realidad. La verdadera búsqueda debe realizarse en todos los aspectos de la vida diaria.
Puedes disfrutar de la vista de las montañas y los ríos en tus viajes mientras buscas. Puedes conversar con un amigo sobre todo tipo de temas mientras pagas el precio. Deberíamos pagar el precio y seguir al Señor en cada aspecto de la vida diaria.
No sabemos si el Señor alguna vez presidió una reunión formal mientras estuvo en la tierra, porque Él no se aferró a las formalidades. Por el contrario, llevó a los discípulos a seguir con la vida diaria. Incluso mientras viajaban, ellos seguían a Jesús (Mt 5:1; 8:23; 9:10; 13:12, 10, 36; 16:13; 17:1-2; 24:1-3). En el Antiguo Testamento, Gedeón y sus seguidores fueron probados en la vida diaria en la manera en que bebían el agua (Jue 7:4-8). Este debe ser el principio de la búsqueda espiritual.
No debemos orar solo cuando entramos en una sala, ni predicar y trabajar solo cuando entramos en el lugar de reuniones y subimos al púlpito. Si oramos, predicamos o trabajamos únicamente en esos momentos, estaremos simplemente cumpliendo formalidades religiosas.
Podemos buscar a Dios en cualquier momento, ya sea en el monte o junto al mar, en la carretera o en casa. Es en la vida diaria donde las personas pueden notar si realmente buscamos al Señor y si verdaderamente podemos ser usados por Él.
Si no podemos trabajar para el Señor en la vida diaria, ciertamente no podremos trabajar para Él en horarios establecidos. El verdadero obrero es aquel que puede brindar ayuda y provisión espiritual a los demás en cada uno de sus movimientos y acciones en el curso de la vida cotidiana. Solo esto es realidad.
Nuestra vida debe ser genuina y no religiosa. Todas las personas y circunstancias con las que entramos en contacto a diario, en todo momento y lugar, son oportunidades para pagar el precio y buscar ser útiles para el Señor.
UN PRECIO BÁSICO QUE DEBE PAGARSE
Un precio básico que necesitamos aprender a pagar en la búsqueda diaria es que los más jóvenes deben recibir ayuda de los mayores, y estos, a su vez, deben hacer todo lo posible por ayudar a los más jóvenes. Para que seamos manifestados ante el Señor como aquellos que verdaderamente buscan el crecimiento espiritual, debemos prestar atención a estos dos aspectos. Por un lado, debemos hacer todo lo posible por recibir ayuda de quien pueda brindárnosla, y por otro, debemos hacer todo lo posible por ayudar a quien lo necesite. La verdadera búsqueda es esto.
Sin embargo, lo que suele ocurrir es que los jóvenes buscan a los jóvenes y los mayores buscan a los mayores. Esto no es ni buscar ni pagar el precio. Lo más probable es que esto ocurra por preferencia personal. Buscar siempre a aquellos de nuestra misma edad para conversar íntimamente no es pagar el precio, sino que tiene que ver con una preferencia personal.
Deberías poner fin a esta práctica de pasar tiempo solo con aquellos cuyos gustos y temperamento son iguales a los tuyos. Es debido a la falta de disposición para pagar el precio que los jóvenes no buscan a los mayores. Y es también debido a esta falta de disposición que los mayores no buscan a los jóvenes. Este tipo de situación es, en la mayoría de los casos, producto de estar en la carne y no estar dispuesto a negar el “yo”.
En el primer capítulo de Cantares, la que busca sigue al Señor, pero aún tiene que apacentar los cabritos (v. 8). Si descuidamos a los más jóvenes, no somos muy útiles para el Señor. Los mayores deberían procurar ayudar a los jóvenes, sintiendo la responsabilidad de hacerlo. Los jóvenes deberían buscar a los mayores, sintiendo la necesidad de recibir ayuda. En esto consiste el verdadero servicio.
No debemos esperar el momento de la reunión para servir. Por el contrario, debemos servir mientras trabajamos en la oficina, hacemos las tareas del hogar e incluso cuando estamos fuera de casa, viajando en nuestro tiempo libre. Esto puede compararse con una madre que no puede olvidar a sus hijos, ya sea que esté en casa o fuera de ella, en el trabajo, atendiendo algún asunto o realizando actividades recreativas. Las verdaderas lecciones de búsqueda se aprenden en la vida diaria, y el verdadero momento de servir ocurre en los momentos regulares.
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