Lectura Bíblica: Mt 16:21-27
Dios quiere tomar el camino de la edificación, pero el problema que encuentra es nuestra persona. Nosotros somos el problema. Los que administran la iglesia y ministran la palabra están llenos de problemas. Nuestro modo y doctrina no son el problema; más bien, el problema son nuestras deficiencias. Hemos llegado a un punto crítico en nuestro servicio.
La iglesia en Taipéi ya está aquí desde hace ocho años, de 1949 a 1957. Si continuamos como estamos, nuestra obra no producirá resultados. Solo tendremos problemas interminables y continuas pérdidas; no habrá aumento en la bendición. Mientras los que sirven continúen según la manera tradicional, nuestra obra no tendrá futuro. Por el bien de la edificación de Dios y por el futuro de nuestra obra, que el Señor tenga misericordia de nosotros para entender que el problema no está en nuestra doctrina o práctica, sino en nosotros mismos.
Necesitamos considerar la condición de nuestra obra y nuestra situación actual delante del Señor. Esto no significa que debamos ser introspectivos. Necesitamos ser iluminados y recibir ayuda por medio de esta comunión. Necesitamos aquietarnos delante del Señor y permitir que Él brille en nosotros, nos hable, nos toque y trate con nosotros. A menos que pasemos por las manos del Señor que pueden tratar con nosotros, mucho de nuestra actividad externa será vana e insignificante.
Si Dios no trata con nosotros por completo, Su edificación no se realizará, independientemente de los métodos que utilicemos. Para que la edificación de Dios se realice de forma adecuada, Él necesita tratar profundamente con nosotros en los aspectos de la administración de la iglesia y del ministerio de la palabra.
En la administración de la iglesia los hermanos que sirven como ancianos necesitan ser disciplinados personalmente. Los que hablan en nombre de Dios también necesitan disciplina personal. De lo contrario, nuestra administración de la iglesia y ministrar no resultarán en la realidad de la edificación.
Que todos tengamos un corazón temeroso del Señor y capaz de percibir que la edificación de la iglesia depende de la persona de los que administran la iglesia y de los que ministran la palabra. Si permitimos que Dios trate con nosotros, nuestra obra causará impacto, aunque nuestro método sea inferior. De lo contrario, nuestra obra hará que la edificación se derrumbe a pesar de la metodología que utilicemos.
Actualmente Dios está preocupado por la edificación. La edificación depende de la condición de nuestra persona. Que todos nos aquietemos delante del Señor y Le concedamos permiso para brillar en nosotros y hablarnos.
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