Lectura Bíblica: 1 Co 9:16-27
Leer y orar: "Me hice débil para con los débiles, a fin de ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para que de todos modos salve a algunos." (2 Co 9:22)
Otro problema entre nosotros es que, a pesar de la capacidad de los que sirven, ellos no poseen sentimiento de coordinación en el espíritu al reunirse para servir. Parece como si cada uno pudiera servir sin los demás. Consecuentemente pocos entre nosotros tienen espíritu de aprendiz y de alguien que sabe que necesita ayuda.
Esa es la situación de los que trabajan con los jóvenes y los niños. La coordinación es formal; todos hacen lo que deben hacer cuando es su turno en la escala. Eso es cooperación, y no coordinación.
Coordinación significa que no podemos hacer nada sin los otros. Existe el sentimiento de que necesitamos de los otros, y los otros, de nosotros. Los que trabajan con los jóvenes deben ser así; todo el servicio de la iglesia debe ser de esa forma. Es normal que los diáconos y los ancianos necesiten unos de otros, y los santos sientan que sin ellos nada pueden hacer.
Hoy tenemos reglas y reglamentos. Los ancianos hacen las cosas que les son pertinentes y los diáconos hacen lo que les es pertinente. Todos trabajan según la escala. Sin embargo no tenemos un sentimiento profundo de que no podemos proseguir en nuestro servicio sin los ancianos y los diáconos.
Algunos no solo no sienten la necesidad de ancianos y diáconos, sino que incluso piensan que los ancianos y los diáconos son innecesarios. Eso es peligroso.
La mayor forma de orgullo
Los que viven en la casa de los obreros son brillantes y capaces. Parecen ser independientes y no necesitar de los otros. Eso es muy peligroso, porque es la mayor forma de orgullo que existe.
Si cuatro hermanos viven en la casa de los obreros, deben depender unos de otros, y esa dependencia debe ser notoria. Lamentablemente no es esa la atmósfera que nos envuelve.
Por ejemplo, si es mi turno de predicar el evangelio, o hago todo o no hago nada. Desde una perspectiva humana eso puede ser considerado coordinación, sin embargo ese tipo de coordinación es según las reglas y los reglamentos. No existe la percepción de que se necesita uno del otro en espíritu. Algunos pueden pensar que la coordinación sea innecesaria e incluso perturbadora, y es mejor no haber coordinación.
Los que no necesitan de coordinación son secos, sin bendiciones e inútiles. El hecho de ser inteligentes, capaces y no necesitar de la ayuda unos de otros es un gran peligro. Esa situación es triste y lamentable. Lo más terrible es que esa situación está encubierta, no siendo muy aparente. Ella puede ser comparada a la lepra. Si se manifiesta, será más fácil lidiar con ella.
Eso revela que nos falta la comunión del Cuerpo. Cuando nos encontramos, raramente tenemos comunión plena. Por ejemplo, cuando los santos de otra ciudad visitan Taipéi, nosotros nos reunimos. Después de la reunión, sin embargo, todos seguimos nuestro propio camino, separados, sin experimentar comunión.
Esa no era nuestra situación en los primeros seis años en Taiwán. En ese período, siempre que teníamos una conferencia, nos reuníamos y teníamos mucha comunión.
Ahora todos somos capaces, brillantes y muy bien instruidos. No necesitamos más unos de otros; no necesitamos más mantener comunión. Esa es la mayor forma de orgullo posible. Es la cosa más ofensiva para el Señor y Su Cuerpo. Debemos ministrar a los otros con toda humildad y restringir nuestra inteligencia y habilidad de coordinación.
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