jueves, 27 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 2, capítulo 2, jueves

ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 2 - JUEVES

Lectura Bíblica: 1 Co 6:7

Leer y orar: "Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa." (Mt 5:40)


No insistir en la propia manera

Los ancianos entendieron que cierta reunión debía estudiar el Evangelio de Juan. Uno de los hermanos responsables por aquel grupo, sin embargo, sintió que Juan sería demasiado largo y quiso estudiar 1 Tesalonicenses. Pensó que esto ayudaría a quienes no estaban acostumbrados a leer la Biblia. Como insistiera, los ancianos terminaron por estar de acuerdo, aunque su carga por 1 Tesalonicenses no fuera adecuada.

En realidad, este hermano no tenía una carga legítima. Simplemente pensó que los santos tendrían temor de un libro con veintiún capítulos y permitió que su opinión atropellara los sentimientos de los demás. A menos que realmente hubiera sido encargado de 1 Tesalonicenses, no debería haberlo presentado en la reunión.

Ninguno de nosotros debe hacer cosas para las cuales no hemos sido encargados ni debemos abandonar aquellas para las cuales sí hemos sido encargados; más bien, necesitamos servir de acuerdo con nuestra carga. Hacer lo contrario viola un principio espiritual. Este hermano responsable aún no había aprendido la lección en asuntos espirituales y actuó de manera inexperta en su comportamiento.

Si nuestra comunión está relacionada con una carga espiritual, no debe haber problema en proponer un cambio, y no debemos criticar la carga. Sin embargo, si lo único que queremos es cambiar la forma en que los demás hacen las cosas, no debemos llevar eso adelante.

Necesitamos respetar la manera de
los hermanos 
con quienes servimos

Los ancianos no forzarán a un grupo a estudiar cierto libro o a hablar ciertas cosas, pero no debemos cambiar al azar lo que ellos nos han comisionado. En realidad, está bien estudiar Juan o 1 Tesalonicenses, pues no importa de hecho qué libro será estudiado. Es posible ministrar a los hermanos con 1 Tesalonicenses o con el Evangelio de Juan. En nuestro servicio, siempre debemos evitar cambiar la forma en que otros hacen las cosas.

Necesitamos entender que cuando cambiamos la manera de otros de realizar las cosas, tal vez ellos no lo acepten, porque entienden que no es apropiado cambiar; y, en caso de que lo acepten, no será de forma agradable. Debido a este tipo de problema, nuestro servicio en la administración de la iglesia y en el ministerio de la palabra no es fuerte.

Aun en el mundo, cuando las personas trabajan juntas, no es fácil cambiar la manera en que otros hacen las cosas. Si de verdad tenemos cierta habilidad, esta se manifestará incluso cuando trabajemos según la manera de los demás. Si tenemos contenido espiritual, podemos ministrar a los santos por medio de 1 Tesalonicenses o del Evangelio de Juan. No importa cuál sea el libro, debemos ser capaces de ministrar su contenido espiritual. Lo que debemos temer es no tener contenido espiritual para ministrar; si lo tenemos, somos capaces de ministrar y desarrollar cualquier libro de la Biblia.

Por lo tanto, cambiar la forma en que los demás hacen las cosas indica que aún no hemos aprendido muchas lecciones espirituales. También indica que aún somos inexpertos en nuestra manera de comportarnos. Algunos hermanos llevan a los santos a servir con fervor, con la esperanza de que pasen más tiempo aprendiendo a mantener comunión con el Señor y a conocer el Espíritu que habita en ellos. No debemos intentar cambiar su práctica. Debemos, en cambio, elogiarlos, diciendo que es bueno amar al Señor y ser fervoroso.

Sin embargo, nuestro elogio no debe ser falso; más bien, debe ser un suplemento positivo a su obra. Necesitamos mantener siempre una actitud de respeto, cooperación y coordinación con los demás. Debemos servir de acuerdo con nuestra porción y honrar la de los demás, porque ambas han sido confiadas por el Señor. Todos deben tener la humildad de no considerar su porción más elevada que la de otros.

Debemos cuidar los sentimientos de los demás. A menos que hablen herejías y causen problemas para la obra y la iglesia, debemos siempre respetarlos, ser amables y serviciales con ellos y estar abiertos para recibir su ayuda. Que el Señor nos conceda gracia para percibir que esto es una cuestión de vida y que implica ser quebrantados y humildes.

Aquellos que logran alcanzar un objetivo sin forzar a los demás a hacer todo a su manera son realmente humildes. Puesto que amamos al Señor, deseamos vivir para Él y edificar la iglesia. Estos objetivos son correctos, pero existen muchas maneras de alcanzarlos. Por ejemplo, predicar el evangelio junto con un hermano es un buen objetivo que puede ser realizado de acuerdo con su manera o con la nuestra.

Somos bendecidos cuando no forzamos a los demás a hacer las cosas a nuestra manera. Si tenemos contenido espiritual, podemos ministrar según su manera, y si él tiene contenido espiritual, podrá ministrar según la nuestra. Ambas formas son aceptables; no existe la necesidad de aferrarse a una de ellas.

Disfrute más: Himno 224

"Crecí en Cristo; no más haré
Cosas de las cuales ya me avergoncé;
En santidad frutos daré,
Vida eterna compartiré.
¡Gloria sea a Dios!"

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