viernes, 18 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 5, capítulo 7, viernes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO SIETE:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
CONSAGRACIÓN TOTAL

SEMANA 5 - VIERNES
Lectura Bíblica: Hag 1:1-11; Lc 14:25-33

Leer y orar: "Así dice el Señor de los Ejércitos: Considerad vuestro pasado. Subid al monte, traed madera y edificad la casa; de ella me agradaré y seré glorificado, dice el Señor." (Hageo 1:7,8)

SOMOS INCAPACES DE CUIDAR
LA CASA DE DIOS Y LA NUESTRA (1)

Una vez algunos misioneros occidentales me confrontaron, diciendo que los hermanos responsables por las reuniones de grupo deberían cuidar de forma apropiada su propia casa y no participar de tantas reuniones. A pesar de estar bien intencionados, debemos preguntar: "¿Cuál casa es más importante, la de Dios o la nuestra?".

Es una cuestión de consagración. No podemos decir amén a la actitud que los misioneros occidentales tienen hacia la familia. En vez de sacrificar su casa en favor de la casa de Dios, sacrifican la casa de Dios en favor de la suya. No podemos decir amén a eso. Su familia puede ser maravillosa, sin embargo ¿cuál es el estado de la iglesia que dirigen?

Casi todos los santos que sirven al Señor tienen familias. Si pasaran todo el tiempo con ellas, produciendo familias que son como jardines de felicidad e hijos que son como angelitos, la casa de Dios se desmantelaría. Eso es una cuestión de consagración.

Si nuestra consagración es total, hasta nuestros hijos podrán levantarse para oponerse a nosotros. Ninguno de los hijos de los misioneros occidentales se opone a sus padres, porque los misioneros se preocupan demasiado con la familia. Algunos no tenían empleados en su país, pero cuando llegaron a China contrataron a alguien para cocinar, alguien para cuidar a los hijos, alguien para lavar y limpiar, además de jardinero, de chofer y hasta un guardia. Si de hecho estamos consagrados, los primeros en oponerse a nosotros serán nuestros hijos.

Por ese motivo cuestiono la consagración de los misioneros que hablan de manera irresponsable y sarcástica. Aunque sean siervos de Dios, no debemos aprender de su estilo de vida. Es innegable que debemos hacer lo mejor para cuidar de la familia, pero necesitamos también estar seguros en cuanto a la consagración.

Cierto hermano tiene cinco hijos, y la reunión de grupo por la cual es responsable tiene más de cien santos participando. Si cuida solamente de su familia, no tendrá condiciones de cuidar de los hermanos. Si cuida solamente de los hermanos, no logrará cuidar de la familia de forma adecuada. Es difícil saber cuidar de la reunión de grupo de forma apropiada y al mismo tiempo cuidar adecuadamente de la familia. Cuidar de la reunión de grupo requiere a la persona por entero. Necesitamos considerar sobre la reunión de grupo hasta en nuestros sueños.

Si copiamos a los misioneros occidentales en la forma en que cuidan de la familia, el resultado de nuestros esfuerzos hacia la iglesia se comparará al de ellos. En ciertos momentos críticos dicen: "Hermanos, no puedo más hacer esta obra, porque necesito estar con mis hijos". Nosotros, por otro lado, no podemos actuar así, por causa de nuestra consagración. ¡Que Dios nos bendiga para que nuestra familia reciba misericordia y cuidado! Pero necesitamos estar advertidos de que la conducta de algunos misioneros no es la nuestra. Ellos no siguen el camino de la consagración.

SOMOS INCAPACES DE SERVIR AL SEÑOR Y A MAMÓN

El hermano T. Austin-Sparks dijo en cierta ocasión que existen algunos problemas con los misioneros occidentales en el cristianismo institucionalizado. Reconocemos que viajaron a una tierra distante por amor a Cristo, sin embargo eso no quiere decir que todos los misioneros que vinieron a China se sacrificaron y están consagrados.

No tengo ninguna intención de condenar su estilo de vida, pero necesitamos saber que el camino de la consagración tiene como resultado muchos sufrimientos. Antes de consagrarnos, no tenemos muchos problemas con los estudios, trabajo o familia. Pero después de consagrados surgen muchos problemas.

Antes de consagrarnos podemos haber sido buenos profesores, médicos, funcionarios públicos, padres o hijos. Sin embargo, cuanto más nos consagramos, menos capaces nos volvemos y más problemas encontramos. En cierto sentido, quien más incomoda a las personas es Jesús; fue Él quien llevó a innumerables personas al "naufragio". Muchas personas talentosas naufragaron por medio de Él: muchos buenos estudiantes, muchos buenos profesores, muchos buenos padres y madres fueron llevados al naufragio por Jesús.

Cuando estuve en Manila, en Filipinas, un grupo de jóvenes me pidió que les hablara. Mi primera frase fue: "Jesús lleva a las personas al naufragio". Los jóvenes en Manila necesitan ser naufragados por Jesús, y las familias cristianas de los chinos de ultramar, residentes en Manila, necesitan ser naufragadas por Jesús.

No piensen que nuestra obra en el sudeste asiático es bien recibida por las personas. En los últimos pocos años hemos peleado la batalla todos los días. Cuando estuve en Manila en 1955, los hermanos de allá me respetaban, me tenían en alta consideración y me trataban bien; por otro lado, sin embargo, yo enfrentaba una batalla junto a ellos.

Yo combatía la batalla con respecto al "cielo". Quería erradicar el concepto de "cielo" de su ser. Les dije que, como cristianos, no debemos pensar que la vida cristiana es cuestión de pedir bendiciones, longevidad, paz, de temer al Señor y no pecar. Ni es cuestión de ir al cielo para disfrutar de bendiciones eternas cuando muramos. Ese tipo de evangelio puede parecer muy atractivo, sin embargo tiene total relación con cierto concepto religioso que considera a Jesús simplemente una persona un poco más confiable que un Buda.

Por esa razón, fui firme en combatir la batalla con respecto a ir al cielo. Les mostré las palabras del Señor en los evangelios: "Si alguno viene a Mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun su propia vida del alma, no puede ser Mi discípulo" (Lc 14:26). Esta palabra categórica tocó el corazón de los que amaban al mundo.

En una fiesta de amor compartí respecto a cómo leer la Biblia y orar a fin de recibir gracia y respuesta para las oraciones, y ser objeto de la misericordia del Señor. Un hermano, entonces, me preguntó por qué no hablé de ese modo para todos los santos, y sí de negar todo por el Señor y de consagración. Luego respondí: "Querido hermano, ¿acaso necesita de mí para predicar mensajes que usted mismo podría predicar?".

Después de la comida les dije a los mayores presentes que necesitaban considerar su condición. Que no debían solamente decir que los jóvenes amaban al mundo y no tenían ninguna realidad; antes bien, que necesitaban considerar su propia condición. Cuando me encontraron más tarde, se sentían avergonzados. Los que aman al mundo debían avergonzarse.

Es por eso que todo el que cree en Jesús sufrirá naufragio. Todos los que creen de forma genuina en Jesús serán naufragados por Él. No serán corrompidos por Jesús, sino naufragados por Él. Si los jóvenes quieren seguir a Jesús, enfrentarán problemas en la escuela. Si se trata de un médico, no espere prosperar. La mayoría de los que llevan una vida suave y próspera enfrenta problemas con relación a la consagración.

Una persona capaz de prosperar como médico, ganar dinero como empresario, hacerse famoso como profesor universitario, ser reconocido como el mejor alumno o ser excelente padre debe tener problemas con la consagración. Una persona solo puede tener un Señor. Si está ocupada con los estudios, no quedará espacio para Jesús, y, si está ocupada con Jesús, no quedará espacio para los estudios. De manera similar, si está ocupada con los hijos, no tendrá espacio para Jesús, y, si está ocupada con Jesús, no tendrá espacio para los hijos. Por lo tanto es imposible para una persona servir al Señor de modo apropiado y también ser buen médico o buen padre a los ojos del mundo.

No es difícil para una persona ser respetada, siempre que no se consagre. Sin embargo eso no significa que los que sirven al Señor y predican la palabra deban comportarse de forma inadecuada. Necesitamos comportarnos de manera respetable y digna del elogio de los hombres al servir al Señor y predicar la palabra. Si queremos ser totalmente íntegros en nuestra consagración, necesitamos estar preparados para llevar una vida de sufrimientos. Ese precio fue puesto delante de nosotros, y necesitamos evaluar el costo.

Disfrute más: Himno 152

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