Leer y orar: "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia;" (Col 1:24)
Todos saben bastante sobre consagración, pero pocos saben con claridad con relación a cómo la consagración afecta nuestra vida. Los problemas que algunos de los que sirven enfrentan pueden estar relacionados con la consagración. No nos referimos a ofrendas materiales. La consagración es una necesidad básica para que Dios realice una obra de edificación en la tierra por nuestro intermedio.
Sin embargo no se trata de doctrina vacía, sino de un asunto personal y práctico. Las condiciones inadecuadas entre los que sirven indican que su consagración no fue total o fue inconsistente. Todos nuestros problemas, dificultades y sufrimientos se relacionan con la consagración. Cuanto más sosiego y confort deseemos, menos consagrados necesitaremos ser. Si no queremos ningún sufrimiento, no hay necesidad de consagrarnos.
No debemos culpar al Señor por darnos sufrimientos. Los sufrimientos resultan de nuestra consagración. Algunos dicen que los sufrimientos nos son dados por el Señor. En verdad, los verdaderos sufrimientos de los cristianos son traídos por los propios cristianos sobre sí mismos. Si no queremos ningún sufrimiento, debemos simplemente no consagrarnos.
Podemos ser celosos, predicar el evangelio e incluso ministrar la palabra, sin consagrarnos. En el cristianismo institucionalizado se puede tener éxito sin tener que sufrir. Los desastres naturales y las calamidades provocadas por los seres humanos son la porción de todas las personas. Una persona no consagrada, sin embargo, está exenta de gran cantidad de sufrimientos.
Es como si los apóstoles en la vida de la iglesia primitiva buscaran sufrimientos. Si no hubieran sido totalmente íntegros y correctos, y hubieran hecho concesiones, no habrían tenido tantos sufrimientos. Si hubieran hecho concesiones, no habrían sido perseguidos por la religión judía y por el imperio romano. Los sufrimientos que enfrentaron resultaron de su consagración. Generaron sufrimientos para sí mismos por causa de su consagración.
Los sufrimientos que el apóstol Pablo enfrentó fueron en consecuencia de su consagración. Habría sido posible que él amara y sirviera al Señor sin pasar por ningún sufrimiento si no hubiera sido tan íntegro, y de forma tan radical y extrema en su consagración. Pablo dijo: "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia" (Col 1:24). Pablo se consagró de buena voluntad. Él declaró: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gál 4:19). La buena voluntad de Pablo provenía de su consagración.
Al contrario de lo que vimos en las Escrituras, nuestra situación parece revelar que nuestra consagración continuamente se debilita. Podemos ser cristianos excelentes y también excelentes predicadores a los ojos del mundo. Sin embargo, no conseguimos realizar la genuina obra de edificación de la iglesia, porque nuestra consagración es inconsistente. Cuando nos consagramos totalmente, los santos algunas veces no lo aprueban. Ellos preferirían que fuéramos más condescendientes en nuestro servicio, es decir, que fuéramos moderados, neutros o menos radicales en el desempeño del servicio.
Si queremos que los otros nos reciban con los brazos abiertos, necesitamos apenas hacer algunas concesiones en nuestro servicio al Señor. Al menos el setenta por ciento de los santos nos apoyarán si pasamos a servir de forma más condescendiente. Sin embargo, si optamos por ser totalmente íntegros en nuestra consagración, y eso de modo continuo, los que nos apoyan disminuirán y nuestros sufrimientos aumentarán.
En la era apostólica, los apóstoles fueron perseguidos dondequiera que se encontraran. Hoy en día, sin embargo, pocos predicadores son perseguidos. Esto no sucede porque vivimos en una era diferente o porque el mundo es más favorable para con los cristianos que antiguamente. Más bien, sucede porque la consagración de los que sirven al Señor no se compara con la de los apóstoles en la iglesia primitiva.
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