Leer y orar: "Jesús respondió: No vino esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros." (Juan 12:30)
Discernir el nivel espiritual de las personas
Discernir el nivel espiritual de alguien es conocer si su condición espiritual es consistente, robusta, elevada y pura. Por ejemplo, existen algunos cuyo corazón es puro y cuya carne ya ha sido trabajada, pero debido a que su espíritu es muy débil y no logra elevarse, no tienen condiciones para realizar nada.
En lo que respecta a nuestro conocimiento de las personas, necesitamos saber sus motivaciones, condiciones de la carne y del espíritu. Por supuesto, existen otros aspectos que también necesitamos conocer, pero estos tres son los más importantes. Designar responsabilidad a una persona para el servicio en la iglesia de acuerdo con cierto conocimiento de estos tres aspectos resultará en la edificación apropiada.
Quien ministra la palabra y habla en nombre del Señor tiene que conocer a las personas según sus condiciones genuinas con el objetivo de que sus palabras provoquen un cambio en ellas. Si no las conocemos de acuerdo con su condición genuina, no conoceremos sus verdaderas necesidades.
A veces un hermano puede predicar un mensaje dirigido a una persona específica, porque se siente incómodo de hablar directamente con ella. Esto es predicar un mensaje con el fin de reprender a un hermano en vez de ministrar la palabra. Quien lo oye sabe que el hermano está siendo reprendido y el propio hermano también lo sabe. Esto no es apropiado.
Otras veces, alguien en la reunión representa a los santos en su totalidad. Por ejemplo, puede haber un grupo de hermanos que no conozca la clave para la oración, y uno de ellos puede estar presente en la reunión. Una vez que ya hemos sido trabajados por el Señor en esa área de nuestra vida, podemos predicar un mensaje sobre la clave para la oración. De esta forma nadie tendrá la sensación de que estamos hablando específicamente para él. Aunque tengamos claridad de que estamos hablando a él, nuestra palabra tocará a todos porque todos la necesitan. Si el mensaje es consistente, el hermano estará entre los primeros en testificar que fue tocado. Un mensaje así proviene de conocer a las personas.
No debemos hablar a los hijos de Dios sin conocerlos, pues eso será vacío y no tocará a nadie. Los hijos de Dios no necesitan ese tipo de mensaje. No serán beneficiados por nuestros mensajes si no los conocemos. Eso es un gran problema. Nuestros mensajes alcanzarán el blanco cuando conozcamos a los demás. Si queremos que alcancen el blanco y sean poderosos, necesitamos conocer a las personas. Y si queremos conocerlas, tenemos que aprender las lecciones.
Si nunca hemos sido trabajados en la cuestión de la oración y no tenemos la clave para la oración, no seremos capaces de saber cuándo otros necesitan una palabra sobre ese tema. La falta de conocimiento de las personas torna nuestros mensajes teóricos y no prácticos. Si queremos que sean prácticos, necesitamos conocer a los demás. Eso requiere que aprendamos algo todos los días.
Los ancianos que administran la iglesia necesitan estudiar continuamente a fin de discernir las condiciones en que las personas se encuentran, conocerlas y discernir sus motivaciones, la carne y el espíritu. Quien ministra la palabra necesita aprender a ser sensible a las necesidades de los demás.
Ninguna epístola del Nuevo Testamento fue escrita partiendo primero de una revelación de Dios y luego aplicándola a determinadas necesidades. Por el contrario, todas ellas fueron escritas después de primero haberse entrado en contacto con la necesidad de las personas y en seguida haber recibido una palabra de parte de Dios a fin de satisfacerla. Las epístolas a los Corintios fueron escritas de ese modo. Pablo fue capaz de escribirles, porque percibió los problemas y conocía la condición de la iglesia en Corinto. Esto también se aplica a la cuestión de predicar mensajes.
Sin conocer u observar a los hermanos, no estamos en condiciones de hablarles. Quien ministra la palabra necesita conocer la genuina condición de los que oyen y llevar su condición delante de Dios. El hermano Nee predicó cierta vez un mensaje dirigido de forma específica a un anciano. Cuando le hablamos del problema de ese hermano, el hermano Nee nos dijo que todo el mensaje del domingo fue dirigido a él.
Si queremos que nuestra administración de la iglesia sea para la edificación, necesitamos conocer a las personas. Las hermanas que visitan a otras hermanas y tienen comunión con ellas, deben hacerlo con base en su conocimiento de los problemas y condiciones de aquellas a quienes visitan. Eso requiere que aprendamos diversas lecciones de manera muy seria.
Disfrute más: Himno C-81
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