LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA
CAPÍTULO SIETE:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
UNA CONSAGRACIÓN TOTAL
SEMANA 5 - SÁBADO
Lectura bíblica: Lc 9:57-62
Leer y orar: “Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.” (Mt 8:20)
SOMOS INCAPACES DE CUIDAR
DE LA CASA DE DIOS Y DE LA NUESTRA (2)
En estos días, el enemigo no solo realiza una obra de disensión entre nosotros, sino que también conduce a muchos a debilitar su consagración y ser cristianos indulgentes. No podemos servir al Señor y pertenecer al mundo; no lograremos tener éxito en ambos.
Si todos los que sirven cuidaran bien de su carrera y de su familia, tendrían más éxito en su carrera y cuidarían mucho mejor de su familia. Esto puede compararse con cuidar de un jardín, escardándolo y regándolo todos los días. Seguramente ese jardín será hermoso.
Si una persona administra un hospital y trabaja diligentemente todos los días, ese hospital será sin duda un éxito. Esto se asemeja a la cuestión de la consagración. Si nos dedicamos a cuidar de la carrera, de los estudios y de la familia, no debemos esperar que la iglesia prospere. En lugar de eso, la iglesia quedará desolada y abandonada. Si damos prioridad a nuestra carrera profesional y a nuestra familia, y colocamos al Señor y a la iglesia en segundo lugar, la iglesia no crecerá.
Reunirse todos los días puede hacernos sufrir pérdidas personales. Sin embargo, necesitamos preguntarnos en cuanto al propósito de nuestra existencia: ¿Estamos aquí por nuestra casa o por la casa de Dios?
Un misionero occidental en Manila testificó que su hija mayor y su segundo hijo querían ser predicadores. Él se regocijaba porque muchos de sus hijos eran predicadores y porque su familia era de misioneros. Si vivimos una vida cómoda y fácil y no pagamos el precio de seguir al Señor, nuestros hijos querrán seguirnos.
Predicadores así pueden viajar por todo el mundo, pueden tener empleados, no sufren privaciones. Incluso pueden ser muy respetados por los demás. ¿Cuántas personas tienen condiciones para vivir el tipo de vida que ellos llevan? Si eligieran el camino de un nazareo, sería muy poco probable que sus hijos aún quisieran ser predicadores.
Puesto que los que trabajan en China eligieron el camino de la consagración, ninguno de sus hijos tiene el deseo de servir. Si queremos realizar una obra de consagración y tomar el camino estrecho en la restauración del Señor, no debemos alimentar la expectativa de que nos espera una vida cómoda.
No podemos confiar en el camino que tomaron los misioneros de occidente. Si lo seguimos, realizaremos una obra del cristianismo institucionalizado, y no la obra de edificación de la iglesia. Cuando realizamos la obra de edificación de la iglesia, nuestra fama, reputación, familia, energía y hombre natural sufrirán naufragio. Nuestra reputación y lo que de hecho somos naufragarán.
Quien desea servir al Señor y preservar el respeto en su familia, carrera y estudios, ha tomado el camino equivocado. Para nosotros no hay manera de tener éxito en ambos. Si queremos permitir que el Señor edifique y obtenga algo, nuestra consagración debe ser total. Esto no es solo cuestión de seguir a los padres o al esposo porque sentimos el deseo de predicar. Se trata de sufrir un naufragio causado por Jesús. Él hará naufragar todo lo nuestro. Se trata de una verdadera consagración.
Sin embargo, esto no significa que no necesitamos estudiar, tener una profesión o cuidar de la familia. No debemos abandonar todo. Debemos y tenemos que dar lo mejor en los estudios, en el cuidado de la familia y en el trabajo. No obstante, cuando exista conflicto entre los dos, debemos preguntarnos qué lado debe vencer. ¿Debe salir victorioso el Señor Jesús, o debe salir victorioso nuestro beneficio?
También debemos preguntarnos qué lado tiene prioridad en nuestro interior. ¿Cuál es nuestra ocupación principal? Todos debemos dar una respuesta definitiva delante del Señor. ¿Acaso consideramos al Señor Jesús y Su obra en primer lugar o en segundo? Si queremos hacer una obra del cristianismo institucionalizado, podemos considerar lo que nos pertenece en primer lugar y lo que pertenece al Señor en segundo. Si queremos edificar la iglesia, necesitamos dar prioridad al Señor.
Appréciez davantage : Himno 219
No hay comentarios.:
Publicar un comentario