lunes, 26 de mayo de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 10, capítulo 14, lunes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO CATORCE:
LA RESTAURACIÓN DE LA BASE DE LA IGLESIA

SEMANA 10 - LUNES
Lectura bíblica: Ap 1–3

Leer y orar: “el cual dio testimonio de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo, y de todo lo que vio.” (Ap 1:2)


LA COMISIÓN ESPECIAL
DEL SEÑOR PARA NOSOTROS (2)

Durante los últimos veinte años, tuvimos muchas experiencias y sufrimos muchos ataques. Aunque fuimos afectados en cierta medida por esos golpes, no abandonamos el testimonio que se nos confió.

Hubo personas espirituales y gigantes evangélicos que ejercieron influencia sobre nosotros. Éramos inferiores a ellos en cuanto al poder del evangelio y también en ciertos asuntos espirituales. No obstante, sentíamos que teníamos un testimonio que mantener. Algunas veces nos preguntábamos si no éramos en verdad radicales. Pensábamos por qué aquellos que eran poderosos en la predicación del evangelio y eran espirituales no prestaban atención al testimonio de la iglesia.

Fuimos probados muchas veces en este aspecto. Sin embargo, podemos testificar que obtuvimos una claridad cada vez mayor a medida que fuimos probados. Hoy día, el propósito de Dios en la tierra no es meramente ganar almas o preparar personas espirituales; más bien, Su deseo es edificar Su testimonio corporativo en todas las ciudades. Teníamos plena convicción de esto.


PROBLEMAS ENCONTRADOS
Y NUESTRAS SOLUCIONES

Analizamos cómo tratar con las dificultades que nos traían esos poderosos evangelistas y personas espirituales, pero que no sostenían el testimonio de la iglesia. Buscamos al Señor, preguntando qué clase de actitud debíamos tener hacia ellos. Realmente había algunos hombres poderosos en el evangelio.

Por ejemplo, el Dr. John Sung era un evangelista en la época en que obtuvimos claridad respecto a este testimonio en 1935. Viajaba por todas partes predicando el evangelio. Independientemente de si el hecho de saltar, agitarse, gritar y llorar procedía de la carne o contenía un elemento del Espíritu, dondequiera que iba, miles de personas se arrepentían cada vez que predicaba. Era poderoso en el evangelio, pero siempre nos censuraba. No sabíamos qué actitud tomar hacia él, y nuestros colaboradores consideraban esto un problema serio.

También estaba el pastor Chia, un hombre influyente en la verdad y considerado en alta estima entre los teólogos. Aunque nos apreciaba, se oponía a nosotros por tomar este camino. Una escuela teológica destacada, el Seminario Chino para Mujeres [Chinese Women's Seminary], en River Bay, Shanghái, también se oponía a nosotros hasta el punto de prohibir a sus alumnas asistir a nuestras reuniones en Shanghái. Era difícil saber qué actitud tomar cuando aquellos que se destacaban en el evangelio o ejercían gran influencia espiritual se oponían a nosotros.

En la primavera de 1934, el hermano Nee y yo fuimos en coche a River Bay. Fue un largo viaje en el cual él me abrió su corazón. Me preguntó qué pensaba que debíamos hacer, ya que tantos estaban en contra nuestra. No podíamos negar que algunos predicaban el evangelio con mucho poder. Tampoco podíamos negar que otros eran realmente muy espirituales: conducían a las personas a amar al Señor, hablaban del camino de la cruz e instruían a muchos en la verdad. Sin embargo, nos rechazaban. Fuimos probados en este aspecto y no sabíamos qué actitud tomar.

Después de mucha reflexión, estudio, compartir y búsqueda del Señor, finalmente todos los colaboradores llegaron a la comprensión de que no podíamos renunciar a nuestro testimonio ni abandonar la base sobre la cual estábamos fundamentados.

Podíamos aceptar que el evangelio fuera predicado con poder y aceptar los aspectos espirituales, incluyendo la necesidad de ser perfeccionados en la verdad y en la vida; sin embargo, de ninguna manera podíamos vacilar en cuanto a la base y al testimonio.

Podíamos mantener comunión y compartir con otros creyentes en relación con los aspectos espirituales, intercambiando cosas espirituales unos con otros. Debíamos tener comunión mutua en el evangelio, en los asuntos espirituales y en la verdad, pero no podíamos comprometer la base de la iglesia. Decidimos que esa sería nuestra actitud.


Disfrute más: Himno 476


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