EL PEREGRINO
EL VIAJE DEL CRISTIANO A LA CIUDAD CELESTIAL
CAPÍTULO 5
SEMANA 2 - LUNES
Leer y orar: "Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan." (Mateo 11:12)
Cristiano en casa del Intérprete (2)
Vio también, no muy lejos de la puerta, a un hombre sentado a una mesa, con un libro y material para escribir, el cual tenía a su cargo anotar los nombres de los que entraban. Además, vio en el atrio muchos hombres armados, guardando la entrada, listos para impedir, a toda costa, el acceso de los que pretendieran entrar.
Todas estas cosas sorprendieron a Cristiano, pero su asombro fue indescriptible al ver que, mientras todos retrocedían por temor a los hombres armados, uno, que llevaba impresa en su rostro la intrepidez, acercándose al que estaba sentado a la mesa, le dijo: Escribe allí mi nombre, y, acto seguido, con espada en mano y la cabeza protegida por un yelmo, acometió a los guardias, y a pesar de la furia con que lo recibieron, repartió con el mayor denuedo golpes y estocadas por todos lados.
Era tal su intrepidez que, aunque herido, habiendo derribado a muchos de los que desesperadamente pretendían impedirle el paso (Mateo 11:12; Hechos 14:22), abrió camino entre ellos y penetró en el palacio, con el aplauso general de las personas que desde las almenas¹ habían presenciado la lucha, las cuales lo aclamaban diciendo: Entrad, entrad, y gozaréis la gloria eterna; y, recibiéndolo después con inefable gozo, le vistieron con resplandecientes ropajes, semejantes a los que ellos llevaban.
—Comprendo perfectamente —dijo Cristiano, sonriendo—: permitid ahora que continúe mi camino.
—No —respondió el Intérprete—; aún tengo algunas cosas que mostrarte.
Y tomándole de la mano, lo llevó a una casa oscura donde había un hombre encerrado en una jaula.
Se notaba profunda tristeza en su semblante; tenía la mirada fija en el suelo, las manos cruzadas sobre el pecho, y prolongados suspiros y gemidos indicaban la aflicción que le invadía el alma. ¿Qué es esto? —exclamó Cristiano, lleno de asombro. Que él mismo te lo diga —replicó el Intérprete.
Cristiano —¿Quién eres?
Prisionero —¡Ah! Hubo un tiempo en que profesé ser cristiano, prosperaba y florecía ante mis propios ojos y los de mis semejantes (Lucas 8:13). Me creía destinado a la ciudad celestial, y esta idea me llenaba de júbilo. Ahora, sin embargo, soy una criatura desesperada, encerrado en esta jaula de hierro. ¡Quisiera salir, y...! ¡Ay de mí! ¡No puedo lograrlo!
Cristiano —¿Pero cómo llegaste a tan miserable situación?
Prisionero —Dejé de velar y de ser sobrio, solté las riendas a las pasiones, pequé contra lo que clara y terminantemente manda la Palabra y la bondad del Señor; entristecí al Espíritu Santo, y Él se retiró de mí; invoqué al diablo, y él acudió a mi llamado; provoqué la ira de Dios, y Dios me abandonó; mi corazón se endureció a tal punto que ya no puedo arrepentirme.
Cristiano —¿Y no hay remedio ni esperanza para ti? ¿Tendrás que permanecer encerrado perpetuamente en esa jaula desesperante? ¿No es infinitamente misericordioso el Bendito Hijo del Señor?
Prisionero —Ya no tengo esperanza. En mí mismo crucifiqué de nuevo² al Hijo de Dios (Hebreos 6:6), aborrecí su persona (Lucas 19:14), desprecié su justicia, profané su sangre, ultrajé al Espíritu de la Gracia (Hebreos 10:28-29), por eso me considero privado de toda esperanza, y sólo me quedan las terribles amenazas de un juicio cierto y seguro, y la perspectiva de un fuego abrasador que me devorará. Este es el estado al que me han reducido las pasiones, los placeres y los intereses mundanos, que en otro tiempo me proporcionaron gozo y deleites, pero que ahora me atormentan y me remuerden como gusanos de fuego.
Cristiano —¿Pero no puedes volver de nuevo a Dios y arrepentirte?
Prisionero —Dios me ha negado el arrepentimiento³; ya en su Palabra no hallo aliento para creer; el mismo Dios me ha encerrado en esta prisión, y de ella no podrían arrancarme todas las fuerzas humanas. ¡Oh! ¡Eternidad! ¡Eternidad! ¡Qué podría yo ganar con la miseria que me espera para siempre!
Intérprete —Cristiano, no olvides⁴ jamás la desgracia de este hombre; que ese recuerdo te sirva de advertencia y lección.
Cristiano —¡Y qué lección tan terrible! Permítame el Señor que pueda velar y ser sobrio, y que no llegue algún día a sufrir tan grande miseria. Pero repito, ¿no parece que ya es hora de continuar mi camino?
Intérprete —Aún no. Aún tengo una cosa más que mostrarte. Y, acompañado de Cristiano, entró en una casa donde había un hombre que se levantaba de la cama, y que, a medida que se iba vistiendo, estremecía y temblaba. El Intérprete no quiso explicar lo que significaba esta escena, sino que ordenó a esa persona que ella misma la explicara.
El hombre habló en estos términos: Soñé esta noche que espantosas tinieblas oscurecían todo el cielo, al mismo tiempo que el centellear de terribles relámpagos y el retumbar de los truenos me postraban en la más aflictiva agonía. Vi también espesas nubes chocar unas contra otras, impulsadas por un impetuoso huracán. Vi a un hombre sentado sobre una nube, acompañado de miríadas de seres celestiales, todos en llamas. Parecía que los cielos ardían como en un brasero, y al mismo tiempo oí la voz de una terrible trompeta, que decía: "¡Levantaos, muertos, y venid a juicio!" En ese momento vi que hasta las rocas se hendían y los sepulcros se abrían, saliendo de ellos los muertos que contenían, unos contentos, con la mirada fija en los cielos, otros avergonzados, intentando esconderse debajo de las montañas.
Vi entonces que el hombre que estaba sobre la nube abría un gran libro y mandaba que todos se acercaran a él, pero a una distancia respetuosa, como suele guardarse entre el juez y los reos que va a juzgar, pues de la nube salía fuego que a nadie le permitía acercarse (1 Corintios 15:1; 1 Tesalonicenses 4:16; Judas 14-15; Juan 5:28-29; Apocalipsis 20:11-13; Isaías 26:21; Miqueas 7:16-17; Salmo 44:1-3; Malaquías 3:2-3; Daniel 7:9-10). Y luego oí al hombre de la nube ordenar a los servidores: "Apartad la cizaña y la paja, y echadlo todo al fuego ardiente" (Mateo 3:12; 7:19; 12:30; 25:30; Malaquías 4:1). Y en ese mismo instante, exactamente al pie del lugar donde yo me encontraba, se abrió el abismo, de cuya boca salían, con horrible estruendo, espantosas columnas de fuego y brasas encendidas.
Y el hombre volvió a hablar, diciendo: "Recoged mi trigo en el granero" (Lucas 3:17), y vi entonces que muchos fueron arrebatados por las nubes, pero yo quedé donde estaba (1 Tesalonicenses 4:16-17). Buscaba un sitio donde esconderme, pero no lo encontraba, porque la mirada del juez estaba fija en mí; sentí entonces que mis pecados se agolpaban en mi memoria, y que mi conciencia me acusaba por todos lados (Romanos 2:15). Y desperté.
Cuando el hombre terminó de hablar, el Intérprete, dirigiéndose a Cristiano, que estaba oscilando entre la esperanza y el temor, le dijo: Graba estas cosas en tu memoria, y ojalá⁵ que ellas te sirvan de estímulo para no retroceder en el camino que vas a seguir. Parte, pues, y que te acompañe el Consolador, siendo siempre tu guía hasta la ciudad. Cristiano se puso en camino, y repetía amiudadas⁶ veces consigo mismo: Grandes y provechosas cosas acabo de ver; a pesar de terribles, son para mí de mucho valor. Quiero pensar en ellas, porque no fue en vano que me fueron enseñadas. Muy agradecido estoy al buen Intérprete, por la bondad que me ha dispensado.
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¹ Almenas – Cada uno de los parapetos separados regularmente por merlones en la parte superior de las murallas de fortalezas y castillos; cortes en la cima de murallas o torres.
² Aunque la ilustración del hombre preso en la jaula está basada en el texto de Hebreos 6:1-8, ese pasaje bíblico no nos da ninguna base para creer que los cristianos puedan perder su salvación en Cristo. Este texto trata de una advertencia a los creyentes hebreos, que estaban dejándose persuadir para volver a su antigua religión judía, lo que impediría el avance en la obra de salvación del Señor en ellos. La obra de salvación de una persona que ya ha creído en el Señor Jesús puede retrasarse, pero nunca anularse, pues es irreversible (Juan 10:28-29). Con respecto a este asunto, el hermano Witness Lee hace el siguiente comentario sobre Hebreos 8:3: "Una vez salvos, los creyentes jamás pueden ser una verdadera maldición. Sin embargo, si no prosiguen para producir a Cristo, sino que se aferran a las cosas que desagradan a Dios, están cerca de la maldición que es sufrir el castigo del trato gubernamental de Dios. (Esto debe considerarse como la disciplina o el castigo referido en 12:7-8). Estar cerca de la maldición es completamente diferente de sufrir la perdición eterna, que es la verdadera maldición."
³ Reconocemos que Dios sí puede endurecer el corazón de los hombres (Éxodo 4:21; 7:3; Josué 11:20; 1 Samuel 2:25; Romanos 11:7-8), al punto de que ya no puedan arrepentirse. Pero si eso ocurre con un cristiano, significa que será reprobado para reinar con Cristo en la era venidera (el milenio) con los demás vencedores. Aunque los creyentes no se pierdan eternamente, pueden sufrir en el milenio un castigo dispensacional por sus fallas (Hebreos 10:28-29), lo que en el NT el Señor llama “llanto y crujir de dientes” (Mateo 8:12).
⁴ "No olvides" – "No te olvides"
⁵ "Ojalá" – "Espero que", "Quiera Dios que"
⁶ "Amiudadas veces" – "Repetidas veces"
Disfruta más:
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