Leer y orar: "Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, el juez te entregue al alguacil y el alguacil te eche en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo." (Lucas 12:58,59)
MOTIVO Y EL OBJETIVO DE LA DISCIPLINA (2)
No debemos cometer el error de pensar que por estar salvos eternamente, podemos vivir relajadamente en esta tierra. Nadie puede refutar el hecho de que una vez que una persona es salva, lo es para siempre. Eso es un hecho.
Si un cristiano da rienda suelta a sus concupiscencias, peca, cae en perversión y no tiene la santidad de Dios, Dios extenderá Su mano y lo disciplinará por medio de su entorno, su familia, su salud y sus planes futuros.
Podrá encontrar dificultades en su familia. Podrá experimentar mucha enfermedad y desgracia en su ambiente. El propósito de Dios al permitir que estas cosas le sobrevengan no es castigarlo; no vienen para causarle dificultades, sino para hacerlo partícipe de la santidad de Dios y hacerlo digno de la gracia de Su llamamiento.
Ese es el entendimiento adecuado de la salvación. Nadie debe decir que, si un cristiano no hace el bien, Dios negará que sea Su hijo y lo echará como a un perro. Si alguien dice eso, o es ciego en cuanto a la obra de la cruz de Cristo, o piensa que la obra de Cristo es algo muy trivial. La Biblia nos muestra que la salvación es eterna.
Al mismo tiempo, la Biblia también nos muestra que existen castigos muy serios entre los que creen. Si fallamos, habrá mucho castigo para nosotros. Dios quiere que participemos de Su santidad. En esta tierra, Él quiere que vivamos como hijos de Dios. No quiere intimidarnos con el infierno para que busquemos la santidad.
Ser salvo es algo totalmente de la gracia, pero Dios tiene Su manera de conducirnos hacia Su santidad. Él hace que nos encontremos con muchas cosas en nuestras familias, en nuestro cuerpo, en nuestra carrera y en nuestro entorno, para que volvamos a Él. Ese es el propósito de la disciplina.
Ananías y Safira eran cristianos; ellos eran salvos. Cometieron el pecado de mentir al Espíritu, y recibieron una disciplina muy severa (Hch 5:1-10). En cierto tiempo, yo pensaba que quizá Ananías y Safira no eran salvos. Leyendo la Biblia cuidadosamente, se debe reconocer que ellos eran salvos porque estaban con los discípulos en la época de Pentecostés.
Además, ellos también hicieron una ofrenda. Solo buscaron algo de vanagloria. Sus pecados no fueron tan graves como se pueda pensar. No se embriagaron ni cometieron fornicación. El hecho de haber sido rápidamente quitados del mundo prueba que eran cristianos. Si fueran personas del mundo, probablemente hubieran vivido mucho más. El hecho de haber sido rápidamente removidos del mundo prueba que eran nuestros hermanos.
Los cristianos corintios no respetaban la reunión de la mesa del Señor. No respetaban el Cuerpo del Señor, y trataban la cena del Señor a la ligera. ¿Cuáles fueron los resultados de tales cosas? Pablo dice en 1 Corintios 11:29-30: "Pues el que come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe juicio para sí. Por eso hay entre vosotros muchos débiles y enfermos, y muchos duermen".
La mano disciplinadora de Dios hace que las personas se enfermen y se debiliten, y aun las hace morir. Dios las trató de esa manera porque ellas trataron el Cuerpo del Señor a la ligera. No vieron la muerte del Señor ni la obra de Cristo, y no vieron el Cuerpo de Cristo.
No vieron el respeto que debían tener hacia el Señor Jesús, y no vieron su lugar adecuado en el Cuerpo de Cristo. Eso resultó en debilidad, enfermedad y aun muerte. Después de haber pecado, Dios las disciplinó. El versículo 32 dice: "Pero al ser juzgados, somos disciplinados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo".
Hay un objetivo en la disciplina de Dios. Ella busca salvarnos de la condenación futura. Dios nos disciplina para que no caigamos en la condenación que el mundo recibirá. En otras palabras, la disciplina prueba que somos salvos. La disciplina preserva nuestra salvación.
La manera como Dios hace las cosas y nuestra manera son totalmente diferentes. Nosotros pensamos que si decimos a las personas que están salvas, se volverán ligeras y sin restricción. Dios no es así. Él proclama claramente, absolutamente y sin limitación a todos los que creen en Él que todo aquel que cree tiene vida eterna y no perecerá.
Sin embargo, Él tiene Su manera de guardarnos de pecar y de ser cristianos libertinos y flojos. Su disciplina es un sustituto de ser condenados. El hombre puede pensar que la condenación es el mejor método de guardarnos de pecar, pero Dios no utiliza la manera de la condenación. En lugar de eso, usa la manera de la disciplina.
Es muy evidente que Dios separa a los cristianos de las personas del mundo por medio de la disciplina. Las cuestiones de disciplina y salvación deben ser claramente diferenciadas. La disciplina se ejerce solamente para el presente y nada tiene que ver con nuestra salvación eterna.
Hay un buen ejemplo en 1 Corintios que muestra que la disciplina para un cristiano es prueba de que él es salvo. Aunque un cristiano haya cometido un pecado muy grave, aún es salvo. La Primera Epístola a los Corintios, capítulo cinco, habla acerca de un cristiano que cometió adulterio. Tal acto de adulterio con la madrastra no se encontraba ni siquiera entre los incrédulos.
Los que tienen claridad sobre la ley de Moisés dirían que esta persona ciertamente perecerá e irá al infierno. Pero sorprendentemente, 1 Corintios nos muestra claramente que aquí está alguien que cometió un pecado grave y despreciable; es un pecado que no cometen personas comunes.
Pablo dice que con el poder del Señor Jesús, entregó a tal persona a Satanás para la destrucción de la carne, para permitir que Satanás mostrara su poder sobre su cuerpo, pudiendo llevarlo a debilidad, enfermedad y aun muerte. El propósito de Pablo al hacer esto era que esa persona pudiera ser salva en el día del Señor. La disciplina es algo para esta vida. Absolutamente no está relacionada con la salvación en la eternidad.
Si dependiera de nosotros, diríamos: "Está acabado. Aunque esa persona haya sido salva, ciertamente perecerá nuevamente por haber cometido un pecado tan grosero". Sin embargo, Pablo dice que esa persona no perecerá aun cuando haya cometido tal pecado. Una persona salva puede, temporalmente, recibir disciplina, pero no puede ser castigada con la perdición eterna.
Esa es la enseñanza de Pablo. Un cristiano puede tener disciplina temporal en esta era, pero no puede perecer eternamente. Podemos necesitar disciplina, pero aún estaremos salvos en la eternidad. Pablo hizo muchas veces una distinción clara entre estas dos cosas en el Nuevo Testamento.
La destrucción mencionada aquí y el dormir mencionado anteriormente se refieren solamente al cuerpo; no se refieren al espíritu. Las cuestiones del espíritu y de la salvación eterna ya fueron decididas cuando creímos en el Señor. Algunas personas tienen dificultad con 1 Juan 5:16, donde dice que no debemos rogar por alguien que comete pecado de muerte.
Tales personas tienen dificultad porque no entienden la Palabra de Dios. Piensan que pecar para muerte como se menciona aquí significa perdición. En realidad, no existe tal cosa. La Primera Epístola de Juan 5:16 nos habla de algunas personas que pecaron a tal punto que Dios tendría que hacerlas morir y su carne tendría que ser quitada del mundo. La muerte mencionada en 1 Corintios 11, la destrucción en 1 Corintios 5, y las muertes de Ananías y Safira son todas muertes de la carne y nada tienen que ver con la muerte del espíritu.
La disciplina está totalmente relacionada con el cuerpo. Por lo tanto, en la Biblia, muchos lugares que parecen decir que los cristianos pueden perecer, en realidad, están hablando de disciplina.
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