Leer y orar: "Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan." (Mt 11:12)
RECOMPENSA Y DON
Ahora veremos la tercera diferencia: la diferencia entre recompensa y don; en otras palabras, la diferencia entre el reino y la vida eterna. Hoy, existen muchos cristianos en la iglesia que no logran distinguir entre el reino de los cielos y la vida eterna. Ellos piensan que el reino de los cielos es la vida eterna y que la vida eterna es simplemente el reino de los cielos. Confunden la Palabra de Dios, pensando que la condición para recibir el reino es la condición para la conservación de la vida eterna.
Ellos creen que perder el reino es perder la vida eterna. Sin embargo, la distinción entre ambos es muy clara en la Biblia. Una persona puede perder el reino de los cielos, pero no perderá la vida eterna. Puede perder la recompensa, pero no perderá el don. Entonces, ¿qué es la recompensa y qué es el don? Fuimos salvos a causa del don. Dios nos dio el don gratuitamente por Su gracia; por lo tanto, fuimos salvos.
La recompensa tiene que ver con la relación entre nosotros y el Espíritu Santo después de ser salvos. Cuando fuimos salvos comenzamos a relacionarnos con Cristo. Esta relación nos permite obtener el regalo que somos totalmente indignos de recibir. De la misma manera, después de haber sido salvos, tenemos una relación con el Espíritu Santo. Esta relación nos permite obtener la recompensa que de otra forma jamás obtendríamos por nosotros mismos.
Si alguien cree en el Señor Jesús como Salvador, aceptándolo como vida, es salvo delante de Dios. Después de ser salvo, Dios inmediatamente pone a esa persona en un camino de manera que corra la carrera y obtenga la recompensa que está delante de ella. Un cristiano es salvo por causa del Señor Jesús. Después de ser salvo, debe manifestar la victoria de Cristo por el Espíritu Santo día a día. Si hace esto, entonces, al final de la carrera, obtendrá la gloria celestial y la recompensa celestial de Dios.
Por lo tanto, la salvación es el primer paso de este camino, y la recompensa es el último paso. Solo los salvos están calificados para obtener la recompensa. Los no salvos están descalificados para ello. Dios nos dio dos cosas en lugar de una.
Dios pone el regalo delante de las personas del mundo y pone la recompensa delante de los cristianos. Cuando alguien cree en Cristo, recibe el regalo. Cuando alguien sigue a Cristo, recibe la recompensa. El regalo se obtiene por medio de la fe, y es para las personas del mundo. La recompensa se obtiene por medio de la fidelidad y de las buenas obras, y es para los cristianos.
Hay un gran engaño en las iglesias hoy. El hombre piensa que la salvación es lo único y que no hay nada más allá de ser salvo. Considera el reino de los cielos y la vida eterna como si fueran lo mismo. Cree que una vez que alguien es salvo al creer, no tiene que preocuparse por las obras.
La Biblia distingue entre la parte de Dios y la parte del hombre. Una parte es la salvación dada por Dios, y la otra parte es la gloria del reino milenial. Ser salvo no tiene absolutamente nada que ver con las obras de la persona. Tan pronto como alguien cree en el Señor Jesús, es salvo. Pero, después de su salvación, Dios inmediatamente pone la segunda cosa delante de él, diciéndole que además de la salvación existe para él una recompensa, una gloria venidera, una corona y un trono.
Dios pone Su trono, corona, gloria y recompensa delante de los cristianos. Si una persona es fiel, los obtendrá; si es infiel, los perderá. Por lo tanto, no decimos que las buenas obras sean inútiles. Sin embargo, sí decimos que las buenas obras son inútiles en lo que se refiere a la salvación. El hombre no puede ser salvo por sus buenas obras, tampoco puede ser impedido de recibir la salvación por sus malas obras.
Las buenas obras son útiles en cuanto a las cuestiones de la recompensa, de la corona, de la gloria y del trono. Las buenas obras son inútiles en cuanto a la cuestión de la salvación. Dios no puede permitir que el hombre sea salvo por sus obras; tampoco permitirá que el hombre sea recompensado por su fe. Dios no puede permitir que el hombre perezca debido a sus malas obras. Dios solo puede decidir sobre la salvación o perdición del hombre por medio de que crea, o no, en Su Hijo.
De la misma manera, Dios no puede decidir que el hombre reciba Su gloria por medio de que crea o no en Su Hijo. Si tienes o no tienes Su Hijo en ti, determina la cuestión de la vida eterna o perdición. Si tienes o no tienes buenas obras delante de Dios, determina la cuestión de recibir la recompensa y la gloria. En otras palabras, Dios nunca salvará a una persona por tener méritos, y nunca recompensará a alguien que no tenga mérito. Si alguien tiene méritos, Dios no lo salvará por esa razón. Por otro lado, Dios nunca recompensará a alguien que no tenga mérito.
El hombre debe venir delante de Dios totalmente necesitado y sin méritos, para que Él lo salve. Sin embargo, después de la salvación, debemos ser fieles, y debemos esforzarnos por producir buenas obras por medio de Su Hijo Jesucristo, a fin de obtener la recompensa. Por favor, no pienses que las buenas obras son inútiles. Estamos diciendo que las buenas obras son inútiles en lo que concierne a la salvación. Ellas nada tienen que ver con la salvación, de ninguna manera.
La salvación depende de si te arrepientes o no de tu posición anterior. Depende de si lamentas tu pasado, para creer en Su obra en la cruz y en Su resurrección como prueba de tu justificación. Este es el punto crucial de todos los problemas.
La cuestión de las obras está relacionada con la recompensa. Las obras son útiles, pero solo en lo que concierne a la recompensa. El problema de hoy es que las personas no distinguen entre la salvación y el reino.
En la Biblia, hay una distinción clara entre la salvación y el reino, y entre el don y la recompensa. Debido a que las personas no diferencian estos asuntos, la cuestión de la salvación es mal entendida, y la cuestión de la recompensa también es mal entendida. Dios jamás puso la cuestión de la recompensa delante de los no salvos. Dios solo quiere que los no salvos obtengan la salvación.
Sin embargo, después de la salvación, Dios pone la recompensa delante de los salvos, para que se esfuercen, persigan y corran tras la recompensa. La salvación no es el último paso de la experiencia cristiana. Al contrario, la salvación es el primer paso. Después de haber sido salvos, debemos correr y perseguir la recompensa delante de nosotros.
El problema es que pensamos que nuestra salvación es nuestra recompensa. Los pecadores piensan que ser salvos es obtener la recompensa, y así confían en sus obras. Los cristianos piensan que la gloria es simplemente la gracia, y así se vuelven necios en su vivir. Por favor, apliquen las obras solamente a la recompensa, y la gracia a la salvación.
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