Leer y orar: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho por medio del cuerpo, sea bueno o sea malo." (2 Co 5:10)
HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE (2)
El Señor Jesús dijo que no debían llamarlo Señor solo con la boca. Si lo llamaban Señor, debían hacer la voluntad del Padre. Aunque tuvieran las obras exteriores de profetizar, expulsar demonios y hacer milagros, esas obras no debían sustituir la voluntad del Padre.
Hacer la voluntad del Padre es una cosa, mientras que profetizar, expulsar demonios y hacer milagros son cosas totalmente diferentes. Algunas veces se puede profetizar, expulsar demonios y hacer milagros sin hacer la voluntad del Padre. Debemos recordar no solamente llamarlo Señor con nuestra boca, sino también hacer la voluntad del Padre en nuestro andar.
Si el Señor estuviera hablando de personas no salvas, esta palabra perdería totalmente su significado, pues si esas personas no fueran salvas, no importaría mucho a los discípulos escuchar o no Su palabra. Los discípulos podrían decir que Su palabra era para no salvos, pero ellos eran salvos; por lo tanto, si hacían o no la voluntad del Padre, el Señor no podría negar que los conocía.
Si este fuera el caso, entonces todos los no salvos serían los que no hacen la voluntad de Dios, y todos los salvos serían los que hacen la voluntad de Dios. Esto anularía el significado mayor de estas palabras. El Señor Jesús, aquí, debe estar advirtiendo a los salvos, hablando acerca de los salvos. Él no puede estar advirtiendo a los salvos hablando de los no salvos.
Supongamos que una persona tenga una empleada y dos hijas, y diga a la hija más joven: "¿Ves a esa empleada? Ella no nació de mí, y la estoy castigando. Tú debes ser obediente, de lo contrario, te castigaré así como lo estoy haciendo con ella".
¿Son coherentes estas palabras? La criada no nació en la familia y, si es desobediente, puede recibir castigo. Pero la hija de la familia no es una empleada. No se puede aplicar a una hija la manera de tratar a una empleada. La madre debería decir: "Anoche castigué a tu hermana porque fue desobediente. Ahora cuídate, porque si no eres obediente, te castigaré de la misma manera". La madre debe tomar a la hermana como ejemplo.
Una empleada no puede usarse como comparación. No existe motivo para que el Señor use a los no salvos como ejemplo para mostrar a los discípulos que ellos necesitan hacer la voluntad de Dios. Si Él hiciera eso, los discípulos podrían levantarse y decir: "Ellos no son salvos, pero nosotros somos salvos". Si dijeran esto, nadie podría replicar nada.
Lo que el Señor Jesús está diciendo es esto: "Muchas personas son hijos de Dios. Ellos son salvos y son como ustedes. Ellos me llaman 'Señor' y han realizado muchas obras. Pero, a pesar de eso, serán excluidos del reino. Por esa razón ustedes deben ser cuidadosos y hacer la voluntad de Dios".
Solamente de esta manera los discípulos sabrían que, aunque realizaran muchas obras, si no hicieran la voluntad de Dios, recibirían el mismo castigo. Si Él estuviera hablando a no salvos, ya no habría el elemento penetrante de Su palabra. El Señor los estaba advirtiendo que solamente los que hacen la voluntad de Dios pueden entrar en el reino. Si alguien confía en su propia obra para acercarse a Dios, el Señor Jesús le dirá: "No te conozco".
Permítanme darles otro ejemplo. Supongan que el hijo de un juez conduzca imprudentemente y choque con otro coche. Es llevado por la policía al tribunal para una audiencia. El juez pregunta: "Joven, ¿cuál es tu nombre? ¿Cuántos años tienes? ¿Dónde vives?" Abatido, en el tribunal, el hijo puede pensar: "Tú deberías saber todas estas cosas mejor que yo". Puede responder a las primeras preguntas. Pero después de algún tiempo puede gritar al padre: "Padre, ¿no me conoces?" Entonces, ¿qué debería hacer el juez? Podría golpear su mazo y decir: "No te conozco. En mi casa, te conozco. Pero, en el tribunal, nunca te conocí".
Si alguien ve la cuestión del reino, percibirá que en el reino la cuestión no es si una persona es salva o no, ni si es un hijo de Dios o no; lo que realmente cuenta es su obra después de volverse cristiano.
Supongamos que, después de ser salvo, seas muy celoso. Aunque no hayas hecho la voluntad de Dios, profetizaste, expulsaste demonios y realizaste milagros en nombre del Señor. Si vienes delante del Señor pidiendo ser admitido en el reino por causa de esas obras inescrupulosas, el Señor dirá que nunca te conoció.
¿Por qué el Señor dijo: "Nunca os conocí"? La siguiente frase explica: "Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad". Por favor, recuerden que el Señor no les dijo que se apartaran de la vida eterna. En el original griego, el significado de "los que practicáis la iniquidad" es de personas que no siguen reglas, no guardan la ley o no aceptan reglamentos.
A los ojos de Dios, hacer el mal no significa solo hacer cosas malas. No importa cuánto haya hecho una persona; una vez que no haya atendido a la exigencia de Dios, a Su juicio y a Su disposición soberana, eso es maligno a los ojos de Dios. Si esta palabra "iniquidad" se tradujera como "mal", como hacen algunas versiones, muchos tendrían base para argumentar.
El problema aquí no es hacer el mal, sino no tener principios. ¿Qué son los principios? Los principios son la palabra de Dios. Pero, ¿qué es la palabra de Dios? La palabra de Dios es la voluntad de Dios. Si no estás haciendo la voluntad de Dios, no importa lo que hagas, el Señor Jesús dirá que eres inicuo.
Los que hacen las cosas según su propio ego no tendrán parte en el reino de los cielos. Mi propósito al decir estas cosas es mostrarles la importancia de las obras de un cristiano. La Biblia nos muestra claramente que una persona, después de creer en el Señor, aunque nunca pierda la vida eterna, puede perder su lugar y gloria en el reino.
Si no hacemos la voluntad de Dios, sino que hacemos obras de acuerdo con nuestra propia voluntad, seremos excluidos del reino. Podemos pensar que profetizar, expulsar demonios y realizar milagros es lo más importante, pues creemos que, si podemos hacer estas cosas, seremos una persona maravillosa. Sin embargo, estas cosas nunca pueden sustituir la voluntad de Dios.
Los que nunca aprendieron a no trabajar para Dios, no son dignos de trabajar para Él. Aquellos que no saben cómo detener su propia obra, ciertamente nada saben acerca de la voluntad de Dios. Solamente los que conocen la voluntad de Dios consiguen dejar de trabajar. Dios quiere que primero obedezcamos Su voluntad y, después, trabajemos. Dios no nos quiere como voluntarios para trabajar por Él.
Cuanto más alguien conoce la voluntad del Señor, más aprenderá a no trabajar negligentemente. Por lo tanto, existe una gran diferencia entre trabajar y hacer la voluntad de Dios. Hoy podemos apreciar las obras y estar interesados en profetizar, expulsar demonios y realizar obras de poder. Pero un día, muchos serán despertados.
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