Leer y orar: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: El vencedor no sufrirá daño de la segunda muerte." (Ap 2:11)
Hay muchos pasajes en la Biblia que mencionan el castigo de Dios para los cristianos derrotados, en el reino milenario. Examinaremos ahora esos pasajes y, posteriormente, llegaremos a una conclusión sobre ellos.
LA ENTRADA Y LA POSICIÓN EN EL REINO
Consideremos primeramente Mateo 18:1-3: "En aquel momento se acercaron a Jesús los discípulos, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, de ninguna manera entraréis en el reino de los cielos".
Aquí los discípulos hicieron una pregunta sobre el reino de los cielos, una pregunta acerca de la posición en el reino. No se trata de una pregunta que involucre salvación y perdición, sino que se refiere a ser grande o pequeño, superior o inferior, en el reino.
El Señor Jesús nos muestra que, a menos que nos convirtamos y nos hagamos como niños, no podremos entrar en el reino de los cielos. Luego, el versículo 4 dice: "Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos".
El versículo 3 nos da la condición para entrar en el reino, mientras que el versículo 4 nos da la manera de ser grande en el reino. El versículo 3 dice que debemos convertirnos y hacernos como niños antes de poder entrar en el reino, y el versículo 4 dice que si continuamos siendo niños y nos humillamos, seremos los mayores en el reino de los cielos.
Esto nos muestra que en el reino debemos continuar de la misma manera que comenzamos. La dirección que tomamos para entrar en el reino debe ser la misma para continuar en él. Para entrar en el reino de los cielos, tenemos que convertirnos y hacernos como niños; y para ser grandes en el reino de los cielos, tenemos que continuar siendo humildes como niños.
Aquí el Señor sigue resaltando la cuestión de ser como niños. En seguida, el Señor dice: "Y cualquiera que reciba a un niño como este en mi nombre, a mí me recibe" (v. 5). Quien reciba a alguien como este niño por causa del nombre de Cristo, es decir, alguien que se convierte y se hace como un niño y sigue siendo humilde como este niño, recibe a Cristo.
"Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una gran piedra de molino, y que fuese ahogado en lo profundo del mar" (v. 6).
Esta palabra indica que hacer tropezar a alguien es un problema mayor que sufrir y ser muerto. Supongamos que alguien lo matara y arrojara su cuerpo al mar. Usted ni siquiera sería enterrado adecuadamente, lo que sin duda sería una tragedia. Sin embargo, si usted hace tropezar a alguien, su destino será peor que ese.
El versículo 7 dice: "¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!".
LA GEHENNA DE FUEGO EN EL REINO
Los versículos 1 a 7 de Mateo 18 son palabras generales del Señor, y podemos mencionarlas de manera breve. Queremos dar mayor atención a las palabras que inician el versículo 8. Aquí el Señor Jesús extiende el asunto para dar énfasis en que no solo es malo hacer tropezar a otros, sino que incluso hacerse tropezar a sí mismo es un asunto serio y grave.
El versículo 8 dice: "Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti". ¿A quién se refiere el "ti" aquí? En los versículos 3 a 7, "vosotros" se refiere a los discípulos que hicieron la pregunta en el versículo 1. Después que el Señor Jesús les respondió, Él les dijo que fueran vigilantes y no fueran tropiezo para otros.
Las palabras del Señor en el versículo 8 están dirigidas a las mismas personas. Si su mano o su pie hace que usted tropiece, es mejor cortarlos y echarlos fuera. Claro que esto no debe tomarse literalmente. Si sus manos roban y sus pies andan por caminos indebidos, es decir, si existe pecado y lujuria en usted, debe tratar con ellos.
"Mejor te es entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos o dos pies, ser echado en el fuego eterno" (v. 8). El Señor nos muestra aquí que si los cristianos cometen pecados y los toleran, sufrirán: o serán echados en el fuego eterno con las dos manos y los dos pies, o entrarán en la vida con una mano o un pie.
Hay también quienes no controlarán sus concupiscencias y serán echados en el fuego eterno. El fuego es un fuego eterno, pero aquí no dice que permanecerán en el fuego eterno para siempre. Lo que el Señor Jesús no dijo es tan significativo como lo que Él dijo. Si una persona se ha hecho cristiana, pero sus manos o pies pecan todo el tiempo, sufrirá el castigo del fuego eterno en la época del reino de los cielos; no sufrirá ese castigo eternamente, sino solo en la era del reino.
¿Qué significa cortar una mano o un pie? Cuando un hombre corta su mano o pie, aún puede pecar. Si no tiene pie, puede andar en carro. Si una de sus manos es cortada, aún puede pecar con la otra mano. La intención del Señor no es que cortemos la mano o el pie, pues incluso si cortamos una mano, aún podemos no remover nuestra lujuria.
Por lo tanto, esta palabra no debe referirse al cuerpo exterior, sino a la concupiscencia interior. Lo que tenemos que arrancar es aquello que nos impulsa a pecar. Otra cosa que tenemos que percibir es que la persona de la que se habla aquí es un cristiano, pues solamente un cristiano ya tiene todo el cuerpo limpio y puede así entrar en la vida después de tratar con la lujuria en un solo miembro de su cuerpo.
Para los incrédulos no sería suficiente cortar una mano o un pie, porque aun si cortaran ambas manos y ambos pies, de todos modos irían al infierno. A fin de entrar en el reino de los cielos, es mejor que un cristiano tenga el cuerpo incompleto que ir al fuego eterno por causa de un tratamiento incompleto.
A continuación, el versículo 9 dice: "Si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado en la Gehenna de fuego". Esto nos muestra que si una persona salva no trata con su lujuria, no será capaz de entrar en la vida, sino que irá al fuego eterno. El fuego eterno aquí es la Gehenna de fuego. La Biblia nos muestra que un cristiano tiene la posibilidad de sufrir la Gehenna de fuego. Evidentemente, aunque pueda sufrir la Gehenna de fuego, no sufrirá para siempre, sino que sufrirá solamente durante la era del reino. Mateo 18 no es la única porción de las Escrituras que dice esto. En otras porciones de la Biblia también hay la misma enseñanza.
Por ejemplo, en el Sermón del Monte en Mateo 5-7 hay palabras claras del mismo tipo. Mateo 5:21-22 dice: "Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio; y cualquiera que diga a su hermano: Raca, será culpable ante el concilio; y cualquiera que diga: Necio, será expuesto al infierno de fuego".
Al inicio del capítulo cinco, leemos que el Señor Jesús vio a la multitud, sin embargo, Él no enseñó a la multitud. Por el contrario, enseñó a los discípulos (v. 1). El Sermón del Monte es para los discípulos. Por lo tanto, el que insulta a otro, en el versículo 22, es un hermano.
Él llama a otro hermano "Raca", que quiere decir "inútil" o tonto. Cuando llama a su hermano de esa manera, queda expuesto a la Gehenna de fuego. Esto no se refiere a una persona no salva, pues un no salvo irá al infierno incluso si no llama a nadie tonto.
Cada vez que la Biblia habla sobre obras, se refiere a alguien que pertenece a Dios. Si una persona no pertenece a Dios, no hay necesidad de mencionar tales cosas. Aquí, se trata de una persona salva, un hermano, pero por haber ofendido a su hermano está expuesto a la Gehenna de fuego.
El versículo 23 dice: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti". Muchas veces las personas guardan cosas contra nosotros a propósito, y no hay nada que podamos hacer sobre eso; pero si alguien se queja por causa de nuestro insulto, debemos ser cuidadosos al traer la ofrenda al altar.
Si piensas mal de un hermano y dices algo contra él, debes ir a él y tratar con esa cuestión. "Deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano; y entonces ven y presenta tu ofrenda" (v. 24). Lo importante es reconciliarse con tu hermano.
El versículo 25 dice: "Ponte de acuerdo pronto con tu adversario, entre tanto que estás con él en el camino". Tu hermano es quien se queja, y tú eres el acusado. Ahora él te está llevando al tribunal: "Para que no te entregue el adversario al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel" (v. 25). Tal hecho ocurrirá en el reino.
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