lunes, 22 de septiembre de 2025

El Daño de la Segunda Muerte, semana 4, miércoles, capítulo 5

EL DAÑO DE LA SEGUNDA MUERTE -
Reflexiones sobre el milenio

Capítulo 5
LA GEHENNA DE FUEGO EN EL REINO

SEMANA 4 - MIÉRCOLES
Lectura Bíblica: Mt 8:12; 22:13; 25:30; Lc 13:28; Hb 10:26-29

Leer y orar: "Y cualquiera que dé a beber, aunque solo sea un vaso de agua fría, a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, de cierto os digo que no perderá su recompensa." (Mt 10:42)


"TEMER A AQUEL QUE TIENE
AUTORIDAD PARA ECHAR EN LA GEHENNA"

¿Cuántas cosas hay en nosotros que aún no han sido tratadas? ¿Cuántas cosas no han sido limpiadas por la sangre del Señor, y cuántas cosas aún no han sido confesadas, tratadas y resueltas con los hermanos y las hermanas? Estos son los cardos y espinas a los que el Señor se refiere.

Mateo 5 dice que nadie podrá salir de allí hasta que no pague el último centavo. Toda deuda tendrá que ser pagada. Cuando todo haya sido quemado, toda deuda habrá sido pagada. Un cristiano es semejante a un campo, y su comportamiento indebido es comparado a cardos y espinas.

Supongamos que poseo un terreno de cinco hectáreas. ¿Sería posible que, después de la quema, solo dos hectáreas quedaran intactas y tres hubieran sido quemadas? Eso es imposible. Lo que se quema son los cardos y espinas. El terreno en sí no puede ser quemado.

En otras palabras, solamente aquellas cosas que fueron maldecidas en Adán y que debieron ser quitadas, pero no lo fueron, serán quemadas. Ellas serán el material que será quemado en la Gehenna de fuego. La vida que Dios nos concedió no puede ser tocada por el fuego.

Por lo tanto, después de que los cardos y espinas sean quemados, el terreno aún permanecerá. Ninguna parte de él será quitada. No hay absolutamente ningún problema con nuestra salvación, sino con lo que llegue a crecer sobre ella, con lo que provenga de la carne.

Si tales cosas no son tratadas con la sangre de Jesús, deberemos sufrir algún tratamiento. Ahora veamos Hebreos 10:26-29: "Porque, si pecamos deliberadamente, después de haber recibido el pleno conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio y de fuego ardiente que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés muere sin misericordia por el testimonio de dos o tres testigos. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto?".

Estos versículos se refieren a alguien que rechazó a Cristo y volvió al judaísmo. Piensa que gastando algunos dólares puede comprar un toro o un macho cabrío como ofrenda por el pecado. Pero si alguien conoció a Cristo y volvió al judaísmo, pisoteó al Hijo de Dios y consideró Su sangre como algo común. Está tratando al Señor como un toro o un macho cabrío. Para él no existe diferencia entre el Señor y un toro o un macho cabrío.

El versículo concluye: "Y ultrajó al Espíritu de gracia". Mientras el Espíritu Santo le está dando gracia, él lo está insultando al volver al judaísmo. Estos versículos nos muestran el camino de un apóstata. Yo no diría que tal persona sea salva; solamente diría que puede ser que lo sea; tal vez ni siquiera lo sea.

El apóstol no nos dice si tal persona es salva o no. Dice solamente que, si una persona vino a Cristo y después volvió al judaísmo, sufrirá un castigo peor. Su fin es una expectación de juicio y de fuego ardiente. Aquí vemos una especie de fuego.

Junto con todos estos pasajes, tenemos también las mismas palabras del Señor en Juan 15. El versículo 2 dice: "Todo sarmiento en Mí que no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo limpia". Estos no son sarmientos que nada tienen que ver con Él; son sarmientos que están en Él. Lo que se muestra aquí puede no referirse al castigo temporal, sino a la disciplina en esta era.

Pero atiende al versículo 6: "Si alguno no permanece en Mí, es echado fuera como el sarmiento, y se seca; y los recogen, los echan en el fuego, y arden". Algunos sarmientos serán echados en el fuego y quemados. Algunos sarmientos crecieron y produjeron hojas verdes, pero no tienen fruto. Aunque tienen vida interiormente, no tienen fruto exteriormente.

El Señor Jesús dijo que serán echados fuera, se secarán y arderán en el fuego. Aquí vemos claramente que los cristianos pueden tener que pasar por el fuego. Habiendo leído todos estos pasajes, podemos concluir que si un cristiano no trata adecuadamente con sus pecados, habrá un castigo esperándole.

La Biblia nos muestra claramente qué tipo de castigo será. No será un castigo común, sino el castigo de la "Gehenna de fuego". Sin embargo, será el fuego en el reino, no el fuego en la eternidad. La cuestión ahora es esta: ¿Qué tipo de pecado llevará a esa condición?

Desde que una persona sea salva, es importante que trate con sus pecados. Ninguno de los pecados que haya confesado, de los que se haya arrepentido, tratado y recibido la remisión por la sangre del Señor Jesús, volverá a ella en el trono de juicio. Tales pecados habrán pasado. Aun el mayor de los pecados habrá pasado.

Pero existen muchos pecados que no serán omitidos; son los pecados que alguien contempla en su corazón. El Salmo 66:18 dice: "Si en mi corazón hubiera yo mirado la iniquidad, el Señor no me habría escuchado". ¿Cuáles son los pecados que el corazón contempla?

El corazón es el lugar donde residen nuestro amor y nuestros deseos. El corazón representa nuestra emoción. Representa al hombre psicológico. Si el corazón contempla la vanidad, el Señor no nos oirá. Muchas confesiones son hechas solo porque la persona sabe que pecó; no hay aversión por el pecado, ni condenación del pecado. A tal persona el Señor no la oirá.

Además, si tenemos con alguien un problema que no ha sido resuelto, o si hay cosas que necesitan ser perdonadas y no lo han sido, o si procedemos mal con las personas o con el Señor, tenemos que tratar estas cosas de modo específico.

Al mismo tiempo, tenemos que ponerlas bajo la sangre del Señor. Solo entonces tales cosas estarán tratadas, y estaremos libres del juicio venidero.

RESUMEN

Vamos ahora a resumir lo que hemos visto. El futuro de los cristianos es muy simple. Para una persona salva, el asunto del cielo nuevo y de la tierra nueva, incluyendo toda la eternidad, está resuelto. Sin embargo, la era del reino es dudosa.

Nadie se atreve a decir algo sobre lo que ocurrirá. Lo que tenemos que resolver hoy es el problema del reino. En el reino hay muchas posiciones de cristianos. Muchos reinarán con Cristo por haber trabajado fielmente y por haber sufrido persecución, vergüenza y sufrimiento.

Algunos pueden no haber sufrido persecución, vergüenza y sufrimiento; sin embargo, tampoco tienen pecados. Han vivido una vida limpia. A pesar de no haber hecho nada que merezca un mérito especial, al menos dieron un vaso de agua a un pequeñito por causa del nombre del Señor (Mt 10:42). Ellos también recibirán una recompensa; sin embargo, su recompensa será muy pequeña.

En la era del reino, algunos cristianos recibirán recompensa en el reino. Algunos recibirán una gran recompensa; otros recibirán una recompensa pequeña.

Los que no recibirán recompensa también están divididos en algunas categorías. Un grupo no entrará en el reino de ninguna manera. La Biblia no nos dice adónde irán; dice solamente que serán mantenidos fuera del reino, en las tinieblas de afuera (Mt 8:12; 22:13; 25:30; Lc 13:28). Serán dejados fuera de la gloria de Dios.

Habrá también muchos que, además de no haber trabajado bien, tienen pecados específicos que aún no han sido tratados. Son salvos, pero al morir aún tienen pecados con los cuales no trataron y de los cuales no se arrepintieron; aún tienen el problema del pecado.

Estos tales serán temporalmente sometidos al fuego, y saldrán solamente después de haber pagado toda su deuda. No sé, en verdad, cuánto tiempo durará ese período, pero durará como máximo hasta el final del reino.

Aún hay muchas cosas sobre las cuales no estamos esclarecidos acerca del futuro, pero la Biblia nos ha mostrado lo suficiente. Aunque haya detalles que aún no hemos visto, de hecho sabemos lo que los hijos de Dios enfrentarán.

Algunos recibirán una recompensa; algunos experimentarán corrupción. Algunos serán aprisionados, y otros serán echados en el fuego y quemados. La cuestión de nuestra salvación está muy clara.

Cuando un hombre cree en el Señor Jesús, tanto la salvación como la vida eterna están determinadas para él. Pero, desde la salvación hasta su muerte, las obras de una persona, es decir, sus fracasos o sus victorias, determinarán su destino en el reino.

Nuestro Dios es un Dios justo. Por un lado, nuestra salvación es gratuita, y los que creen tendrán vida eterna. Nadie puede contradecir ese hecho. Por otro lado, no podemos pecar a voluntad, simplemente porque recibimos la vida eterna. Si producimos cardos y espinas, seremos quemados.

Si el Señor Jesús no puede desligarnos de nuestros pecados y si no resolvemos todas las cosas en nuestra vida, Dios no tendrá otra opción que castigarnos en el futuro; no tendrá otra opción que purificarnos con castigos específicos, de manera que podamos estar juntos con Él en el cielo nuevo y la tierra nueva.

Dios es un Dios justo. Lo que Él preparó también es justo. Desde que hayamos visto estas cosas, debemos aprender la lección y acatar las advertencias de Dios.


🌿 Disfrute más:

Himno - Alabanza al Señor - "Su Belleza"

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