REUNIONES EN CASA
Y LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA
Leer y orar: "Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo." (Hch 2:38)
Los grandes oradores son útiles. Pedro era útil. Pedro habló a las grandes congregaciones y su hablar trajo a miles de personas. Sin embargo, eso fue solo un lado. Había otro lado. Se reunían en sus hogares, en sus casas, de casa en casa. No había tiempo para entrenar a los predicadores. No había tiempo para aprender la verdad.
Ellos habían oído solamente un mensaje y ese mensaje fue su Nuevo Testamento. En el día de Pentecostés su Nuevo Testamento fue muy corto, solo un mensaje dado por Pedro, conforme a Hechos 2. Pero todos oyeron, aprendieron y hablaron.
En el día en que Pedro dio el mensaje todos fueron bautizados. Creo que después, por la noche, regresaron a sus casas y comenzaron a reunirse, repitiendo lo que habían oído de Pedro. Creo que esto demuestra que todos pueden enseñar y que todos pueden predicar.
Si ustedes abren sus casas para las reuniones, sentirán que tendrán que tratar con algunas cosas allí. No obstante, si no abren sus casas, dejarán esas cosas allí, tal vez por tres años. Irán a las grandes reuniones sin conciencia alguna sobre esas cosas negras y oscuras.
Si abren sus casas, lo considerarán antes de perder la paciencia con su esposa. Pensarán que después de media hora todos los santos llegarán para reunirse. Esto es solo algo del lado negativo, pero del lado positivo, hay muchos beneficios, muchas bendiciones.
Cuando los santos entran en su casa todos entran con Dios; todos entran con Cristo; todos entran con mucha oración para bendecir su casa. Uno entrará y dirá: “Señor, bendice este hogar”. Otro dirá: “Bendice a esta familia. Señor, acuérdate de todos”.
El Señor responderá las oraciones, y habrá muchas bendiciones para ustedes. Puede ser que se sientan muy débiles, pero si abren sus casas, muchos sentirán que no son tan débiles. Tal vez ustedes sean pobres, pero los que vienen son ricos. La reunión en casa los rescatará, los fortalecerá y los enriquecerá.
EL CONCEPTO NATURAL
La manera de reunirse en el cristianismo es según el concepto natural. En la historia humana se puede ver este tipo de congregación. Aunque la palabra griega "eklesia" era una palabra para una congregación llamada fuera de una ciudad. Llamaban a todas las personas de la ciudad para juntarse con cierto propósito; así ocurría una congregación.
Así es la manera de reunirse del cristianismo de hoy; tener las grandes congregaciones es totalmente natural, mundano, conforme a la sociedad humana. Nunca se oyó de ningún tipo de movimiento o de ninguna clase de cultura que inventara esa forma de reunirse en cada casa.
Tal cosa está solamente en la Biblia. En el mismo inicio de la vida de la iglesia los santos se reunían de casa en casa. Esto es extraordinario. Esto no sigue la manera natural.
Nuestro problema actual es que nacimos naturales. Nacimos de la manera mundana. Antes de ser salvos, cuando nos invitaban a ir a la “iglesia”, preguntábamos quién sería el orador. Si nos decían que el Doctor Fulano de Tal hablaría, entonces íbamos. Esta es la manera natural.
Aún entre nosotros, si damos un anuncio de que habrá una reunión el próximo sábado, muchos de nosotros preguntarán quién será el orador. Puede ser que decidamos ir dependiendo de quién hablará. Esto está constituido en nuestra sangre.
Si somos serios con el Señor y queremos el verdadero aumento y edificación de la iglesia, debemos repudiar la manera del cristianismo. Tenemos que sacar esta sangre de nuestro ser.
Sin embargo, valoro las reuniones grandes, pero si tenemos solamente las reuniones grandes seremos como un avión 747 que tiene solo un ala. ¿Cómo podemos volar? Necesitamos de los dos lados.
Necesitamos de las reuniones grandes así como de las reuniones pequeñas. Si me preguntan: “¿Sin las reuniones grandes cómo vamos a aumentar?”. En los años sesenta, cuando vine a este país, el evangelista Dr. Billy Graham promovía reuniones de pequeños grupos.
Él sabía que muchos de los que fueron atraídos por el evangelio se dispersarían en las denominaciones y con el tiempo se enfriarían; entonces animó a las personas a formar pequeños grupos para tener estudios bíblicos y para orar juntos. Lo que él promovió era el mismo principio del tema del que estamos hablando.
Aunque miles de personas sean atraídas, sin los pequeños grupos, ¿cuántos de ellos permanecerán? No hay manera. Es justamente como sacar agua de un pozo profundo y derramarla en el suelo. Toda el agua sería absorbida por la tierra.
Tal vez obtengamos el aumento, pero sin las reuniones de los pequeños grupos no permanecerán en la iglesia para ser edificados. En Taiwán más de cien mil fueron bautizados a través de nuestra predicación, pero dudo que el veinte por ciento permanezca. Perdimos mucho por no haber reuniones en casas. Esto es absolutamente diferente de lo que se practicó en los primeros días de Pentecostés.
En Pentecostés, por medio de las reuniones grandes las personas fueron atraídas y de inmediato se establecieron las reuniones en casa. En aquellas reuniones en casa fueron retenidos, sostenidos, madurados y edificados juntos.
No debemos menospreciar las reuniones grandes, pero tenemos que emparejar las reuniones grandes con los pequeños grupos. Debemos dedicar el sesenta por ciento de nuestra atención a las reuniones pequeñas y solo el cuarenta por ciento a las reuniones mayores.
Pero estoy un poco preocupado de que muchos prestan el ochenta por ciento o más de su atención a las reuniones grandes. Muchos, según su concepto, dirían que prefieren ir a las reuniones grandes que a las reuniones en casa.
¡Necesitamos cambiar ese concepto! Necesitamos ambas. Sin un hermano que comprara y reuniera los materiales, seguramente no edificaríamos este lugar. Después de la acumulación de los materiales seguramente necesitábamos de otro hermano que transportara los materiales a los constructores.
En la construcción del lugar tuvimos una buena situación, pero actualmente en la edificación de la iglesia carecemos de ella. Digo esto especialmente para los líderes en las iglesias; lo que ustedes han hecho es mantener una situación de reuniones de la iglesia.
Si no tienen los pequeños grupos, ¿cómo podrán edificar? Es imposible. Sin embargo, recuerdo haberme reunido con las asambleas de los Hermanos Unidos por siete años y medio. Cada semana asistía a cinco reuniones. No había mucho contacto con los demás.
Pero, somos mejores que eso. Después de las reuniones tenemos mucho contacto unos con otros, pero no tenemos mucha edificación positiva porque nos faltan las reuniones en casa. Tenemos que ver la necesidad de las reuniones en casa. Sin ellas no puede haber edificación.
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