jueves, 25 de diciembre de 2025

El ministerio celestial de Cristo, semana 3, viernes, capítulo 9

EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO

Capítulo 9
EL MINISTERIO MÁS EXCELENTE
DE CRISTO EN EL VERDADERO TABERNÁCULO

SEMANA 3 - VIERNES
Lectura Bíblica: Gn 28:12; Jn 1:51; 14:27; Ro 8:26, 34; 2 Co 3:17; Fil 4:7; He 8:1, 2, 6; 9:11, 15

Leer y orar: “Y añadió: De cierto, de cierto os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y descender sobre el Hijo del Hombre.” (Jn 1:51)


EL MINISTRO QUE NOS SUPLE

Después de interceder y de ejecutar el testamento, este mismo Intercesor y Ejecutor es el Ministro, trayéndonos todo lo que necesitamos y sirviéndonos conforme a nuestras necesidades. Aquí en la tierra puedo estar enfrentando problema tras problema. Mi situación me deja preocupado y ansioso. No consigo ver ninguna salida. Ese puede ser el caso en la tierra. Sin embargo, ¡aleluya!, ¡una situación diferente prevalece en los cielos!

Allí el Sumo Sacerdote está intercediendo por mí. El Ejecutor está tomando las disposiciones del testamento. Además, el Ministro toma la paz que necesito y me la suministra. Esta paz me fue prometida en Juan 14:27: “La paz os dejo, Mi paz os doy”. También fue prometida en Filipenses 4:7: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús”.

Cuando surge un problema, sin embargo, me olvido de estas promesas que se han convertido en mi herencia y sólo me acuerdo de mis preocupaciones. Yo puedo olvidarme de todo lo que me fue legado; sin embargo, Él no se olvida. Y viene como el Espíritu vivificante que mora en mi espíritu.

Él viene como el Melquisedec celestial, esta vez no trayendo pan y vino, sino paz. Es Él quien viene a visitarme. Dentro de mí, sin ninguna razón aparente, de repente quedo lleno de paz. La preocupación desaparece. La ansiedad se va. ¿Cómo ocurrió este cambio? Experimenté el ministerio celestial de Cristo como el Sumo Sacerdote, el Ejecutor y el Ministro.

Con toda certeza tú también ya has experimentado algo semejante. En el pasado, sin embargo, no comprendías lo que era. Ahora la luz y el conocimiento han llegado a ti. Ninguna prueba debe dejarte derrotado. Tienes un Sumo Sacerdote que intercede por ti. Tienes a Aquel que ejecuta las provisiones de Su testamento a tu favor.

Tienes un Siervo que te suple con la cosa correcta en el momento correcto. En toda situación que surja, ese Ministro celestial actúa a tu favor. Después de muchas experiencias con Su cuidado, gradualmente te darás cuenta de que no hay razón para preocuparte. ¡Cristo está allí, ministrando en los cielos por ti!

Cristo es llamado Sumo Sacerdote, Ministro y Mediador de manera intercambiable en Hebreos (8:1, 2, 6; 9:11, 15). El Sumo Sacerdote es el Ministro, y el Ministro es el Mediador.

El término Ejecutor no se utiliza de manera explícita, pero está implícito en el capítulo nueve: “Por eso mismo, Él es el Mediador del nuevo pacto, para que, interviniendo la muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga la muerte del testador; pues un testamento sólo es válido en caso de muerte, ya que no tiene fuerza alguna mientras vive el testador” (9:15-17).

Cristo, en Su muerte, estableció el nuevo pacto y nos lo legó como el nuevo testamento. Después de la muerte, Él resucitó y se convirtió en Aquel que ejecuta el nuevo testamento. Los cuatro títulos —Sumo Sacerdote, Ministro, Mediador y Ejecutor— se refieren al Cristo resucitado.


EN LOS CIELOS Y EN NUESTRO INTERIOR

Este mismo Cristo es ahora el Señor en los cielos y al mismo tiempo el Espíritu en nosotros. “Ahora bien, el Señor es el Espíritu” (2 Co 3:17). Como Señor, Él está en los cielos. Como Espíritu, está en nosotros. Como Aquel que está en los cielos, Él ejerce Su soberanía, Su encabezamiento y Su sacerdocio.

Él ejerce Su soberanía para la expansión del evangelio, a fin de que los escogidos de Dios sean introducidos en Él. Ejerce Su encabezamiento para que todos Sus miembros crezcan y funcionen, para que Su Cuerpo sea edificado. Ejerce Su sacerdocio a fin de rescatarnos de todas nuestras complicadas confusiones por medio de la intercesión, de la ejecución de las provisiones del nuevo testamento y del servicio de aquello que necesitemos; y así nos mantiene firmes para evitar que caigamos. Todas estas son Sus actividades como Señor en los cielos.

Todo lo que Él desempeña como Señor, lo aplica a nosotros como el Espíritu. ¿Cómo podemos percibir todas Sus funciones celestiales? Todo lo que Él intercede, ejecuta o ministra es transmitido a nuestro espíritu. Como Señor en los cielos, Él es la electricidad en la central eléctrica. Como Espíritu en nuestro espíritu, Él es la electricidad del edificio en el que estamos ahora.

El Señor en los cielos y el Espíritu en nuestro espíritu son uno solo. Hay una transmisión continua entre los cielos y nuestro espíritu, de modo que todo lo que se manifiesta allá es aplicado inmediatamente aquí. Observa que este tránsito es entre los cielos y nuestro espíritu. Nuestra mente no cuenta. Es nuestra mente la que nos deja preocupados.

Cuando surge la transmisión celestial, esta maravillosa realidad fortalece nuestro espíritu, el cual entonces se levanta para exclamar: “¡Gloria a Dios!”. La transmisión llegó a nuestro espíritu, no a nuestra mente. El Espíritu en nuestro espíritu es el propio Señor en los cielos.

Romanos 8 confirma que Aquel que es el Espíritu es el mismo que es el Señor. El versículo 26 nos dice que “el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Luego el versículo 34 dice que Cristo Jesús “está a la diestra de Dios y también intercede por nosotros”.

¿Quién intercede por nosotros? ¡Es el Señor Espíritu! En los cielos es el Señor, y en nosotros es el Espíritu. Lo mismo es verdad con respecto a Melquisedec. Hay un solo Melquisedec. En los cielos Él es el Señor, y en nuestro espíritu Él es el Espíritu. Desde el punto de vista doctrinal, no tenemos una explicación satisfactoria para esta doble realidad; pero en nuestra experiencia, en cambio, tenemos de hecho la confirmación.

Tal vez regreses del trabajo agotado y te preguntes cómo estará la situación en casa. Inesperadamente, mientras te lo preguntas, tienes la sensación de ser suplido y fortalecido. ¿Cuál es la fuente de este suministro? Vino del propio Cristo, quien es tanto el Señor en los cielos como el Espíritu en nuestro interior. Él intercede por ti, cuida de ti y ejecuta el nuevo testamento a tu favor.

Basado en este testamento, Él toma el suministro de vida y te lo proporciona exactamente conforme a lo que más necesitas. Entonces lo experimentas como Señor, Espíritu, Sumo Sacerdote, Ejecutor y Ministro. Él es también el Mediador, quien transmite lo que necesitas del Padre, que es la fuente, a tu espíritu para suplirte y sostenerte.


EL SACERDOTE SUSTENTADOR

Con toda certeza todos hemos experimentado este ministerio celestial de Cristo. ¿Por qué nos hemos mantenido firmes sin caer todos estos años? Puedo testificar que fue esto lo que me preservó durante estos cincuenta y cinco años.

En Su ministerio terrenal, Él murió por mí en la cruz. Ahora Él me sirve en resurrección, y este es Su ministerio celestial. Su elemento principal es el sacerdocio hacia los miembros de Su Cuerpo. Por supuesto, Él ejerció Su soberanía para asegurarse de que yo fuera salvo y, por lo tanto, conducido a Dios.

También ejerció Su encabezamiento sobre mí para hacer que yo creciera y funcionara, y de este modo fuera edificado en el Cuerpo. Sin embargo, es Su sacerdocio lo que Él más ejerce para preservarme. ¡Aleluya por nuestro Sumo Sacerdote celestial! Fuimos sustentados, preservados y suplidos por Su intercesión, ejecución del testamento y ministración a nosotros conforme a nuestras necesidades.

Nada me faltó. Mi porción es un valioso suministro de vida. Nuestra preservación y nuestro sustento por medio de Él están totalmente garantizados por Su sacerdocio, el cual está basado en el testamento. El testamento está en nuestras manos, y el Sumo Sacerdote está tanto en los cielos como en nosotros.

En los cielos Él es el Señor; en nosotros Él es el Espíritu. El Señor Espíritu nos ministra el suministro de vida de manera continua. El suministro que recibimos es celestial, porque el cielo es su fuente. Nuestro Sumo Sacerdote nos ministra en el verdadero tabernáculo, el Lugar Santísimo celestial, que está unido a nuestro espíritu por Él como escalera celestial (Gn 28:12; Jn 1:51). Al ministrarnos el suministro celestial, Él nos hace un pueblo celestial. Somos un pueblo en la tierra que vive una vida celestial.


🌿 Disfrute más:

Himno: Alabanza al Señor – “Su Todo-Inclusividad”

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