EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO
Capítulo 9
EL MINISTERIO MÁS EXCELENTE
DE CRISTO EN EL VERDADERO TABERNÁCULO
SEMANA 3 - JUEVES
Lectura Bíblica: Gn 14:18-20; He. 6:19-20; 7:11-17; 8:2; 10:12
Leer y orar: “Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; era sacerdote del Dios Altísimo” (Gn 14:18)
EL TESTAMENTO Y SU EJECUTOR
¡Tenemos un testamento maravilloso y un Ejecutor magnífico! El testamento es, en realidad, toda la Biblia: comenzó con Dios hablando, se convirtió en Su promesa, más tarde vino a ser Su alianza y ahora, puesto que todo ya se ha cumplido por medio de la muerte de Cristo, es un testamento o última voluntad, con todos los ítems de su contenido legados a nosotros como herencia.
Todo en ese testamento es nuestro. ¡Tenemos un Ejecutor maravilloso que asegura el cumplimiento del testamento! Él es Dios; sin embargo, se hizo hombre. Vivió en esta tierra y probó todos los sufrimientos de la vida humana.
Al final de Su experiencia como ser humano, murió en la cruz. Por ese medio resolvió el problema de nuestros pecados, derrotó a Satanás, puso fin a toda la vieja creación y dio solución a todos los problemas. Satisfizo a Dios y cumplió todas Sus exigencias.
Después de tres días sepultado, venció la muerte y entró en la vida de resurrección. En la resurrección elevó la humanidad y Él mismo llegó a ser el Espíritu vivificante. Este es el Espíritu compuesto, todo-inclusivo. Esta Persona maravillosa —Dios y hombre, muerto y resucitado, vivo para siempre, fuerte y capaz— ejecuta todo lo que se encuentra en ese testamento para nuestro beneficio y disfrute.
¡Qué privilegio disfrutamos al vivir en la etapa en que el testamento está en plena ejecución y al tener un Ejecutor plenamente capaz de llevar a cabo todas sus provisiones para nuestro disfrute!
EL MINISTERIO DE MELQUISEDEC
El libro de Hebreos nos dice que Cristo es Sumo Sacerdote, no según el orden de Aarón, sino según el orden de Melquisedec (7:11-17). Al final de Su vida en la tierra, Él actuó como Sumo Sacerdote, ofreciéndose a Sí mismo como sacrificio a Dios. Esta parte terrenal de Su sacerdocio —ofrecer el sacrificio para llevar a cabo la redención— fue tipificada por Aarón, el sumo sacerdote escogido por Dios de entre Su pueblo.
Ahora que esto ya fue realizado, Cristo en resurrección es el Sumo Sacerdote celestial, según el orden de Melquisedec. ¿Qué hace nuestro Melquisedec celestial? Ya no ofrece sacrificios, sino que sirve. Así como un ministro sirve, supliendo a aquellos a quienes sirve con lo que necesitan, así también este Ministro nos provee del suministro celestial, ministrándonos al propio Dios.
En el relato de Génesis 14:18-20, cuando Abraham regresó de la matanza de los reyes, Melquisedec, sacerdote del Altísimo, salió a su encuentro con pan y vino. Melquisedec no era un sumo sacerdote que presentaba ofrendas, sino que servía.
Abraham debía de estar exhausto después de guerrear contra los reyes. En su agotamiento sin duda necesitaba suministro. Cristo ahora hace, en los lugares celestiales, lo que Melquisedec hizo por Abraham. Él nos sirve suministro de vida conforme a nuestra necesidad. Ya no existe necesidad de sacrificios, pues Su única ofrenda satisfizo a Dios para siempre (He. 10:12).
El sacerdocio celestial de Cristo tiene como fin servirnos pan y vino. Cristo también es “ministro del santuario y del verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre” (He. 8:2). El verdadero tabernáculo es el Santo de los Santos celestial, adonde Él entró más allá del velo como nuestro Sumo Sacerdote (6:19-20).
Además de ser el Sumo Sacerdote que intercede por nosotros y el Mediador que ejecuta el nuevo testamento, ¡Él es Intercesor, Ejecutor y Ministro! ¡Tenemos este maravilloso Sumo Sacerdote!
EL TESTAMENTO COMO NUESTRA BASE
Todo este servicio está basado en el testamento. No es algo realizado sin base, sino que tiene un fundamento firme. Supongamos, a modo de ilustración, que exista un banco lleno de dinero. No tengo ningún dinero en el bolsillo, por lo tanto voy allí para retirar algo. Lamentablemente no tengo cuenta allí, o mi cuenta no tiene fondos. Mi solicitud de dinero no tiene base.
Supongamos ahora que alguien depositó diez millones de dólares en ese banco. Si voy al banco y presento un cheque firmado por él, tendré base para retirar dinero de su cuenta. Muchas veces nos acercamos a Dios cuando estamos necesitados y le suplicamos por Su misericordia. Derramamos lágrimas y oramos: “Padre, ¡cuánto necesito Tu misericordia! Ten misericordia de mí en esta triste condición mía. Te doy gracias porque Tú eres un Dios de misericordia”.
Suplicar de ese modo es como ir al banco y decirle al gerente: “¡Oh! tenga misericordia de mí. Necesito desesperadamente dinero. Tenga compasión de mí y deme algo de dinero para pagar mis cuentas”. ¿No sería una necedad usar este enfoque para conseguir dinero en el banco? No tenemos ninguna base si suplicamos de esa manera. ¿Cuál es la base sobre la cual presentamos nuestras peticiones a Dios? Es el testamento, aquel que Cristo promulgó y nos dejó como herencia. Sobre esta base Cristo ejerce Su sacerdocio celestial e intercede en los cielos.
Necesitamos que este Ejecutor interrumpa nuestras oraciones en forma de súplica y nos haga recordar: “¿Por qué oras de esta manera tan lamentable? ¡Acércate al trono con denuedo! ¡Ve al banco y reclama tu dinero! Aquí está el testamento. Yo soy el Ejecutor. Tú puedes ser joven e insensato, pero yo soy tu Abogado. ¿Quién se atrevería a engañarte? ¡Soy el Hijo de Dios, que murió en la cruz por ti y ahora vive resucitado!”.
¿Cómo enfrentas los problemas diarios que te asedian? Temo que las hermanas en particular derramen sus lágrimas y giman delante del Señor. Así se olvidan del testamento y del Ejecutor. La Biblia y Cristo están lejos. Solo sus lágrimas están cerca.
Yo tengo la misma inclinación. No derramo lágrimas, pero algunas veces no sé qué hacer cuando surge algún problema. Entonces recuerdo que necesito buscar al Señor. Y clamo: “¡Oh Señor Jesús! ¡Ten misericordia de mí!”. ¡Él es verdaderamente misericordioso! Mientras clamo a Él, Él me recuerda el testamento y Su posición como mi Ejecutor y Abogado.
¡Cuántas veces Él ya me lo ha recordado! Y así percibo una vez más que el Hijo del Dios viviente, el propio Cristo resucitado, está a mi lado, está de pie junto a mí, intercediendo por mí y ejecutando Su testamento a mi favor. Y soy fortalecido, dejo mi ansiedad y comienzo a alabarlo. Hermanas, ahorren sus lágrimas. En lugar de eso, alábenlo por ejecutar el testamento a su favor.
¡Cuán bendecidos somos por estar en la restauración del Señor! Lo que hemos oído es desconocido para los oídos de muchos que están fuera. Cuando estamos en la cristiandad, podemos oír acerca de las setenta semanas de Daniel, los diez cuernos y las cuatro bestias. Sin embargo, muy poco, si algo, nos ha llegado respecto al testamento como nuestro legado y al Cristo vivo como su Ejecutor. Vemos lo que otros no vieron. Ahora disfrutamos lo que muchos otros no tienen cómo disfrutar. No sabemos cuán bendecidos somos.
🌿 Disfrute más:
Himno: Experiencia de Cristo - “Como el Ministro de la Nueva Alianza”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario