ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Leer y orar: “Toda criatura viviente que vive en enjambres vivirá por dondequiera que pase este río, y habrá muchísimo pez; y adonde lleguen estas aguas, las sanarán, y todo vivirá por dondequiera que pase este río.” (Ez 47:9)
Nuestra intención en estos mensajes es ver las visiones en el libro de Ezequiel. Nuestro objetivo no es investigar este libro ni exponerlo, sino ver las visiones de la vida gloriosa de Dios contenidas en él. Por lo tanto, en vez de considerar Ezequiel versículo por versículo o incluso capítulo por capítulo, nos esforzaremos por liberar los puntos cruciales concernientes a la vida en este libro.
El libro de Ezequiel es idéntico al libro de Apocalipsis
La Biblia revela que una misteriosa historia se desarrolla en el universo —la historia que involucra a Dios y al hombre. En esta historia, Dios entra en el hombre para ser su vida, haciendo que el hombre tenga Su naturaleza y Su imagen gloriosa.
Por fin, la naturaleza divina y el hombre serán edificados juntos para ser el lugar de reposo de Dios. Como resultado de esta edificación, Dios y el hombre tendrán una unión completa. Esta es la misteriosa historia de vida entre Dios y el hombre.
Aunque toda la Biblia cuenta esta misteriosa historia de Dios y el hombre, dos libros están relacionados con esta historia de una manera particular. Estos libros son Ezequiel y Apocalipsis.
Ambos libros hablan de Dios ser vida para el hombre, del Espíritu de vida, del fluir del agua de vida y del pueblo de Dios, que tiene Su gloriosa semejanza, llegando a ser Su morada. Ambos libros terminan con una visión de Jerusalén, y los dos libros nos muestran que el pueblo de Dios es edificado juntamente para llegar a ser no sólo la morada de Dios para Su reposo, sino también Su complemento corporativo para Su satisfacción.
Los libros de Ezequiel y Apocalipsis van juntos paralelamente. Si queremos comprender Ezequiel, necesitamos Apocalipsis, y si queremos ver algo en el libro de Apocalipsis, necesitamos entender las revelaciones en Ezequiel. Por lo tanto, sería útil tomar estos libros conjuntamente. Si leemos Ezequiel y Apocalipsis juntos, veremos que, en muchos aspectos, son bastante semejantes. Los puntos principales en estos dos libros son casi los mismos.
Las visiones relacionadas con la vida
La primera semejanza es que ambos libros comienzan con visiones. Tanto Ezequiel como Juan vieron visiones, y las visiones vistas por ellos están relacionadas principalmente con la vida. La Biblia nos habla acerca de la vida.
En los libros de Ezequiel y Apocalipsis, no sólo tenemos el término vida, sino también visiones que retratan lo que es la vida y cómo la vida opera dentro de nosotros y entre nosotros. En ambos libros, no sólo tenemos una descripción de la vida, sino también visiones que nos muestran la cuestión de la vida.
El fluir del agua viva
En toda la Biblia, los libros que hablan más claramente acerca de Dios fluyendo como vida son Ezequiel y Apocalipsis. Ezequiel y Apocalipsis, ambos nos muestran el fluir del agua viva. Ezequiel 47:1 habla del río que fluye de la casa de Dios.
El versículo 9 dice: “Toda criatura viviente que vive en enjambres vivirá por dondequiera que pase este río”, y el versículo 12 dice: “Y junto al río, a la ribera, de uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales para comer; su hoja no se marchitará ni su fruto faltará; a su tiempo darán fruto nuevo, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina”.
En Apocalipsis 22:1 y 2, vemos el río del agua de la vida que procede del trono de Dios y del Cordero. “Y me mostró un río de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, en medio de su calle. Y a uno y otro lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando su fruto cada mes; y las hojas del árbol son para la sanidad de las naciones”. En ambos, Ezequiel y Apocalipsis, por lo tanto, tenemos un río que fluye de Dios con el suministro de vida.
Las visiones de Jerusalén
La cosa principal que Ezequiel y Apocalipsis tienen en común es que ambos libros nos dan una visión de Jerusalén. Ezequiel termina con la visión de Jerusalén, así como Apocalipsis.
Estos dos libros, que terminan con una visión de Jerusalén, nos dicen que la intención de Dios es entrar en nosotros como vida para que tengamos Su naturaleza y Su imagen, de modo que, en Su naturaleza con Su imagen, nosotros, que lo tenemos como nuestra vida, podamos ser edificados juntos, como la ciudad santa, para ser la morada de Dios por toda la eternidad.
Este es el mensaje central tanto en Ezequiel como en Apocalipsis. Por lo tanto, el mensaje del libro de Ezequiel es el mismo que el del libro de Apocalipsis.
No sólo los libros de Ezequiel y Apocalipsis son semejantes en contenido, sino que los autores de estos libros son semejantes en algunos aspectos. La semejanza más importante es que el profeta Ezequiel y el apóstol Juan eran ambos sacerdotes delante de Dios.
Aunque Ezequiel era un profeta, cuando vio las visiones registradas en su libro, él estaba en la posición de sacerdote, teniendo el estatus de sacerdote (Ez 1:3) y también el vivir de sacerdote.
Cuando estaba junto al río Quebar, con certeza él estaba llevando a cabo su sacerdocio en el espíritu, sirviendo a Dios y teniendo comunión con Dios, de modo que los cielos se abrieron y él vio la gloriosa visión de Dios ser vida al hombre para que Él y el hombre pudieran ser edificados juntos.
En Apocalipsis 5:10, el apóstol Juan habla del pueblo redimido de Dios siendo sacerdotes para Dios. Esto indica que el propio Juan debía estar sirviendo como sacerdote. Cuando Juan escribió el libro de Apocalipsis, su corazón, posición, condición y situación eran de sacerdote.
UNA MINIATURA DE TODA LA BIBLIA
El libro de Ezequiel ocupa una posición muy importante entre los libros de la Biblia. Si sabemos lo que la Biblia revela, podemos ver que Ezequiel es una miniatura de toda la Biblia. Lo que se revela en Ezequiel es una forma condensada de toda la revelación en la Biblia. En este sentido, Ezequiel es una miniatura de las Escrituras como un todo.
El propósito eterno de Dios
La Biblia nos muestra claramente que el propósito eterno de Dios es dispensarse en un grupo de seres humanos. Su intención es dispensarse a nosotros para que podamos tenerlo como nuestra vida, para que podamos tener Su naturaleza y para que podamos expresar Su imagen gloriosa.
Esto significa que el propósito de Dios, Su intención, es que nosotros y Él tengamos la misma vida, naturaleza e imagen y que, por fin, nosotros y Él, Él y nosotros, seamos mezclados juntos como una entidad con dos naturalezas, la naturaleza divina y la naturaleza humana, a fin de ser edificados juntos como la morada eterna de Dios.
Este es el propósito eterno de Dios, que es claramente revelado en las Escrituras. El libro de Ezequiel nos muestra la misma imagen de una forma condensada, revelando que la intención de Dios es trabajarse en nosotros como nuestra vida y mezclarse con nosotros para que podamos ser edificados juntos en Él como vida para ser Su morada eterna. Esto es lo que la Biblia revela, y es esto lo que, en miniatura, Ezequiel también revela.
Vida, naturaleza, imagen y edificación
En los primeros tres capítulos de Génesis, vemos que Dios creó al hombre y lo colocó delante del árbol de la vida. El árbol de la vida tipifica al propio Dios como vida para nosotros en forma de alimento.
Debido a la caída del hombre, el árbol de la vida fue rodeado y escondido por querubines, y “el resplandor de una espada que se revolvía” guardaba “el camino del árbol de la vida” (Gn 3:24). Desde Génesis 3 en adelante vemos tanto el juicio, el cuidado, la misericordia y la salvación de Dios.
Por un lado, la espada flameante de Dios ejecuta Su juicio, quemando todo lo que es contrario a Él mismo. Por otro, por medio de Su gracia, Dios redimió un pueblo para Sí. A través de la redención de Cristo, el camino del árbol de la vida fue abierto nuevamente para el hombre.
Ahora el hombre, bajo y por medio de la redención de Cristo, tiene libre acceso al árbol de la vida y puede tomar el árbol de la vida como su alimento. Es por esto que en Juan 6, el Señor Jesús nos dijo que Él vino como el pan de vida y que debemos tomarlo como nuestro alimento.
Él dijo: “El que me come, él también vivirá por mí” (v. 57b). Si lo tomamos como nuestro alimento, tendremos Su vida y naturaleza, y, por fin, tendremos Su imagen. Por tener Su vida, naturaleza e imagen, seremos edificados juntos. Él oró por esta edificación en Juan 17:21, cuando oró: “Para que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí, y yo en Ti, que también ellos estén en nosotros”. Ser uno de esta manera significa que necesitamos ser edificados juntos.
Si vamos del Evangelio de Juan hasta el Apocalipsis de Juan, podemos ver que en Apocalipsis 21 y 22, todos los redimidos fueron edificados juntos en una ciudad. En esta ciudad todos somos uno, y no sólo uno de manera doctrinal, ni siquiera sólo uno en visión, sino uno en edificación.
De esto vemos que necesitamos ser edificados unos con otros en vida. Entonces, Dios tendrá una ciudad, la Nueva Jerusalén. Esta es la imagen retratada en las Escrituras.
Cuando llegamos al libro de Ezequiel, vemos la misma imagen. En el primer capítulo están los querubines de fuego flameante con Dios en medio de ellos. Otros capítulos nos muestran cómo Dios viene para ser nuestra vida (caps. 11, 33, 34, 36, 37, 47).
Finalmente, el capítulo cuarenta y ocho revela que nosotros, que tenemos la vida de Dios, seremos edificados juntos en la ciudad santa, Jerusalén. Una vez más, vemos que el libro de Ezequiel es una miniatura de la Biblia.
Necesitamos ser profundamente impresionados con el hecho de que la Biblia como un todo, y el libro de Ezequiel como una miniatura de la Biblia, revelan que la intención de Dios es dispensarse a nosotros como nuestra vida a fin de que podamos tener Su naturaleza divina y expresemos Su imagen gloriosa.
Luego, por la naturaleza divina con la imagen divina, seremos edificados juntos como una morada eterna —la Nueva Jerusalén. Este es el punto central de la revelación de la Biblia y también del libro de Ezequiel.
LAS CUATRO SECCIONES DE EZEQUIEL
Ezequiel es un libro de visiones. La primera sección de este libro (cap. 1) presenta una visión de la apariencia de la gloria del Señor, revelando cómo Dios se manifiesta, cómo Dios se mueve y cómo Dios administra Su gobierno por medio de los cuatro seres vivientes. A través de la coordinación de los seres vivientes, Dios es capaz de moverse y administrar.
En la segunda sección (caps. 2-32) Dios viene como el fuego consumidor para juzgar a Su pueblo y a las naciones gentiles. Después del juicio, Dios viene para restaurar a Su pueblo por la vida. La tercera sección (caps. 33-39) es la sección de la restauración. La cuarta sección (caps. 40-48) se refiere a la edificación santa de Dios, procedente de la restauración por la vida, y consuma el libro. Por lo tanto, Ezequiel comienza con la apariencia de la gloria del Señor y termina con la edificación santa de Dios. Esto indica que el objetivo de Dios es el edificio.
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