ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Mensaje 11
EL TRONO SOBRE EL FIRMAMENTO BRILLANTE
SEMANA 5 - DOMINGO
Lectura Bíblica: Éx 24:10; Nm 14:5; 16:1-4, 22; 20:2-6; Ez 1:26; Mt 20:25-27, 23:11; Ef 3:8
Leer y orar: “Y vieron al Dios de Israel, bajo cuyos pies había como un pavimento de piedra de zafiro, que se parecía al cielo en su claridad. Él no extendió su mano sobre los escogidos de los hijos de Israel; pero ellos vieron a Dios, y comieron, y bebieron.” (Éx 24:10,11 )
LA AUTORIDAD EN LA IGLESIA NO ES HUMANA NI NATURAL, SINO EL TRONO SOBRE EL FIRMAMENTO BRILLANTE
No debemos hablar acerca de la autoridad de una manera humana, natural. En la iglesia no hay autoridad humana. La autoridad en la iglesia es el trono sobre el firmamento brillante.
Suponga que los hermanos líderes o los más ancianos en una iglesia local no estén bajo un cielo claro; sin embargo, ejercen autoridad basándose en su posición. Ese tipo de ejercicio de autoridad no funciona porque no tiene peso ni gobierno; no hay trono en un cielo claro.
No obstante, suponga que los líderes y los ancianos estén continuamente bajo un cielo limpio, teniendo una conciencia pura y sin ofensa. Si esa es su situación, estarán bajo el trono celestial, y con ellos habrá algo de peso y de autoridad. Así, no habrá necesidad de reivindicar autoridad sobre los santos.
Reivindicar autoridad sobre los santos indica que la persona no tiene ninguna autoridad. Mientras estamos bajo un cielo claro con un trono por encima de él, no hay necesidad de afirmar que tenemos autoridad ─ la autoridad simplemente está allí. Jamás debemos intentar traer a otras personas bajo nuestra autoridad. Tal cosa es jerarquía; es algo organizacional. No debemos intentar gobernar sobre los santos. En cambio, debemos humillarnos y permanecer bajo el trono en el cielo claro.
Es vergonzoso que alguien reivindique ser autoridad en una iglesia local. ¡No existe tal cosa! En la iglesia no hay autoridad humana. El Señor Jesús dijo: “Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No será así entre vosotros; al contrario, el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro esclavo” (Mt 20:25-27).
En Mateo 23:11 Él dijo: “Pero el mayor de vosotros será vuestro servidor.” Esta es la manera de tener autoridad. La autoridad no es mía ni suya, ni de otros. La única autoridad es el trono sobre un firmamento brillante.
Puedo asegurarles que, si estamos bajo un cielo claro con el trono por encima de él, la autoridad genuina estará con nosotros. Ninguna oposición ni persecución podrá derrotarnos ni sacudirnos porque el cielo y el trono están con nosotros. Si el firmamento sobre nosotros está brillante y el trono está con nosotros, tendremos autoridad y peso.
El peso de una persona delante de Dios es igual al grado de sujeción de ella a la autoridad de Dios. Un determinado hermano puede ser muy bueno en su hablar y comportamiento, pero es ligero como una pluma, totalmente carente de peso espiritual. Esto indica que él no está sujeto al trono.
No obstante, la situación con otro hermano puede ser muy diferente. Cuando usted lo contacta, percibe que tiene peso y lo respeta. Ese hermano es importante porque ha aprendido a someterse a la autoridad de Dios. Cuanto más nos sometemos al trono, más peso tendremos.
Permítanme contarles sobre la experiencia de una misionera en China. Como alguien que predicaba fuertemente acerca de la regeneración, ella estaba bajo la autoridad de Dios y, así, era una persona con autoridad y peso en el Señor. Un día, un barco en el cual ella viajaba fue capturado por piratas, que lo mantuvieron bajo control durante varios días. Mientras buscaban en su habitación dinero y joyas, ella se sentó calmadamente, sin ningún miedo.
Ella dijo al líder de los piratas que hacía demasiado calor confinar a los pasajeros en sus habitaciones. También dijo que él debería ser responsable de la limpieza del barco. El líder de los piratas obedeció y dijo a sus hombres que limpiaran el barco. Un líder pirata feroz se rindió bajo la autoridad de esa misionera, porque ella misma estaba bajo el trono. Ella se sometía a la autoridad de Dios; por lo tanto, la autoridad de Dios estaba con ella.
Necesitamos percibir que la cantidad de peso que tenemos depende de nuestra sujeción al trono. Las palabras que salen de la boca de un hermano pueden tener peso y poder; sin embargo, las mismas palabras que salen de la boca de otro hermano pueden no tener el mismo efecto. La razón es que un hermano está bajo un firmamento brillante con el trono, y el otro está bajo un cielo oscuro, nublado, sin trono.
Es fácil aprender a repetir las palabras o las citas de otros. Pero, si las palabras que salen de nuestra boca tendrán peso o algún valor, dependerá de si estamos o no bajo un cielo claro con el trono. La vida cristiana adecuada y la vida de la iglesia adecuada es una vida bajo el trono que está por encima de un cielo claro. Me gustaría recordar a todos los amados que tienen responsabilidad en las iglesias locales que nunca ejerzan su autoridad. Necesitamos percibir que ninguno de nosotros tiene autoridad alguna. La autoridad es el trono.
Considere la situación con Moisés en el libro de Números. Cuando el pueblo de Israel se rebeló contra él, él no ejerció su autoridad. En cambio, Moisés y Aarón se arrodillaron e invocaron la autoridad máxima. Entonces, el Señor vino para vindicar (Nm 14:5; 16:1-4, 22; 20:2-6). Es un grave error ejercer autoridad sobre otros en la iglesia. Nada es más vergonzoso que eso.
Ejercer autoridad sobre los santos no es glorioso, es vergonzoso. Ninguno de nosotros es autoridad. La autoridad es el hombre en el trono. Debemos tener al hombre en el trono en nuestro firmamento brillante. En la vida de la iglesia, necesitamos un firmamento brillante con un trono celestial. El Señor necesita tal iglesia hoy. Él necesita un grupo de seres vivientes coordinados. Mientras ellos están parados o caminando sobre la tierra, los cielos están abiertos hacia la tierra. A través de ellos, el trono celestial es transmitido a la tierra. Esto es la vida de la iglesia.
No tome el camino natural, humano, de ejercer cualquier tipo de autoridad. Incluso si otros vienen a usted para intentar reconocerlo como una autoridad, usted debe rehusar. Usted necesita decir a estos amados que no es la autoridad. La autoridad no es eso. La autoridad adecuada es una cuestión de un trono sobre el firmamento brillante. Absolutamente no es una cuestión de organización y jerarquía humanas. Necesitamos tener un firmamento claro con un trono.
Es una vergüenza tener poder entre los santos, ser autoridad entre los santos o la intención de que los santos deban escucharnos. Siempre consideramos a Pablo un gran apóstol. Pero su nombre significa “pequeño”, y él se consideraba inferior al menor de los santos (Ef 3:8). Pablo podía decir: “Ustedes me dan un título tan grande; no soy digno de ello.”
EL FIRMAMENTO BRILLANTE Y EL TRONO VINDICARÁN
Si los hermanos y hermanas lo escucharán o no, depende de dónde usted está y de lo que usted es. ¿Está usted bajo tal firmamento brillante? Si usted está bajo tal firmamento, no habrá necesidad de discutir, y no habrá necesidad de reivindicar nada ni siquiera de decir algo. El firmamento claro y el trono sobre el firmamento vindicarán.
Todas las iglesias locales necesitan esta revelación del trono sobre el firmamento brillante. En la vida de la iglesia no tenemos ninguna organización ni ningún tipo de jerarquía. No tenemos una placa de misión, ni ningún otro organismo; no tenemos sede ni ninguna organización de ningún tipo. Tenemos solamente un firmamento brillante con un trono sobre el firmamento.
Puedo testificar que temo solamente una cosa: perder la presencia de mi Señor. Muchas veces, cuando estuve solo en mi propia habitación, declaré a todo el universo y a mí mismo que la única cosa que temo es perder la presencia del Señor. Mientras tenga la presencia del Señor, no temo nada. Me importa solamente Su presencia, y nada más. En otras palabras, me importa únicamente el firmamento brillante y el trono sobre él. Tengo plena certeza de que, mientras estoy hablando estas palabras, el trono está conmigo. ¡Alabado sea el Señor, pues eso es suficiente! Todos nosotros necesitamos aprender esto.
Somos tan pequeños, y somos indignos, pero el Señor nos visitó. Debo confesar que, en el pasado, a veces yo decía al Señor que no me gustaba hacer esta obra, y le preguntaba por qué Él se había hecho cargo de mí. En esas ocasiones, el Señor me daba una seria advertencia por hablar de esa manera. Entonces yo decía: “Señor, perdóname. Haz lo que quieras. Estoy dispuesto a perderlo todo, pero no quiero perder el firmamento brillante y el trono.” Bajo la cobertura del Señor, declaro que realmente quiero decir esto.
En su iglesia local usted no debe preocuparse por nada, excepto por un firmamento brillante con el trono sobre él. Mientras tenemos el firmamento brillante y el trono, oposiciones y críticas no significan nada. La única cosa que necesitamos considerar es el firmamento brillante y el trono sobre él.
EL TRONO ES SEMEJANTE A LA PIEDRA DE ZAFIRO
Ezequiel 1:26 habla de “algo semejante a un trono, con apariencia de piedra de zafiro”. Aquí vemos que el trono tiene apariencia de piedra de zafiro. Éxodo 24:10 es útil para comprender el significado de la piedra de zafiro en Ezequiel 1. Ese versículo dice: “Y vieron al Dios de Israel, bajo cuyos pies había como un pavimento de piedra de zafiro, que se parecía al cielo en su claridad.”
La piedra de zafiro tipifica un tipo de condición celestial que existe cuando Dios está presente en una situación particular. De acuerdo con Éxodo 24:10, cuando Moisés, Aarón y los principales hombres de Israel vieron a Dios, vieron debajo de Sus pies la apariencia de una piedra de zafiro. Esto dio al pueblo una visión acerca de la apariencia de la presencia del Señor.
La piedra de zafiro es de color azul, y el azul es un color celestial que indica la situación y condición de la presencia de Dios. Este versículo también dice que, en aquel tiempo, los cielos eran extremadamente claros. Dios estaba presente en ese tipo de situación y atmósfera. Por lo tanto, la piedra de zafiro tipifica la situación o el estado de los cielos con la presencia de Dios en ellos.
El trono siendo semejante a una piedra de zafiro muestra la presencia de Dios en una situación celestial. Siempre que tenemos el trono de Dios en un cielo claro, la situación será celestial. No habrá ninguna cosa terrenal ni ninguna cosa sombría e impura. En cambio, todo será celestial, claro, limpio y absolutamente transparente. Esto retrata el tipo de situación que debemos tener en la presencia de Dios. Siempre que tenemos un firmamento brillante con el trono de Dios en él, estamos en una situación celestial teniendo la apariencia de la piedra de zafiro.
Les pido que miren una vez más la imagen en Ezequiel 1. El Señor está en el trono sobre el firmamento en los cielos, y los seres vivientes están andando o parados en la tierra. A través de ellos, el Señor en los cielos se hace uno con la tierra, y de esta manera los cielos están ligados a la tierra.
Esto significa que los cielos fueron traídos a la tierra y que los cielos ahora están moviéndose en la tierra a través de, por, y con los seres vivientes. Esta debe ser la situación entre las iglesias locales hoy, la situación entre los vencedores, y la situación y condición de nuestra vida cristiana diaria.
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