ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Leer y orar: “Por encima del firmamento que estaba sobre sus cabezas, había algo semejante a un trono, como una piedra de zafiro; sobre esta especie de trono estaba sentada una figura semejante a un hombre.” (Ez 1:26)
En el mensaje anterior mostramos que en la vida cristiana y en la vida de la iglesia necesitamos un firmamento resplandeciente con un trono en él. Tener un firmamento resplandeciente significa que no tenemos nubes ni tinieblas entre nosotros y el Señor, y tener el trono significa que estamos bajo el gobierno de los cielos. Todos necesitamos tener una vida con un firmamento resplandeciente y el trono por encima de él. En este mensaje continuaremos considerando a Aquel que está sentado en el trono (Ez 1:26-27).
El versículo 26b dice: “había algo semejante a un trono; sobre esta especie de trono estaba una figura semejante a un hombre.” Aquí se nos dice que Aquel que está en el trono es semejante a un hombre. Esto es absolutamente diferente del concepto humano y también diferente del concepto religioso, incluido el concepto ampliamente difundido en el cristianismo de hoy. Principalmente, nuestro concepto es que Aquel que está en el trono es el Dios fuerte.
¿Alguna vez ha pensado que el Señor en el trono no es solo el Dios poderoso, sino que también es un hombre? ¡Oh, Aquel que está sentado en el trono es un hombre! Sin embargo, el versículo 28 habla de “la apariencia de la gloria del Señor.” Aquel que está en el trono se parece a un hombre; no obstante, con Él está la apariencia de la gloria del Señor.
Los cristianos perciben, obviamente, que el Señor Jesús era un hombre cuando estaba en la tierra. Ellos reconocen el hecho de que, desde el pesebre en Belén hasta el momento en que estaba en la cruz, en el Gólgota, Él era un hombre. Todos tenemos este concepto.
Sin embargo, muchos creyentes en Cristo no han considerado que el Señor que está en el trono, aún hoy, es un hombre. Él es un hombre allí. Como Aquel que está en el trono, el Señor todavía es un hombre. Aunque es el Dios omnipotente, en el trono Él se parece a un hombre. Por tanto, Mateo 19:28 nos dice que “en la restauración”, es decir, en la era del reino venidero, el Hijo del Hombre se sentará en el trono de Su gloria.
¡Cuán precioso es que Aquel que estaba sentado en el trono en Ezequiel 1:26 tenga la apariencia de un hombre! Ese versículo no habla del Dios omnipotente, sino de Aquel que es “semejante a un hombre.”
Hay al menos un doble significado en el hecho de que Aquel que está sentado en el trono aquí tenga la apariencia de un hombre. Primero, ciertamente hay una relación entre Ezequiel 1:26 y Génesis 1:26, que dice que Dios creó al hombre a Su imagen y conforme a Su semejanza.
Segundo, en la encarnación, el propio Dios se hizo hombre. Teniendo la naturaleza humana, Él vivió, murió, resucitó y ascendió como un hombre, y ahora, en el cielo, Él aún es el Hijo del Hombre (Jn 6:62; Hch 7:56).
En la Biblia hay un pensamiento misterioso acerca de la relación entre Dios y el hombre. El deseo de Dios es hacerse igual al hombre, a fin de que el hombre sea igual a Él. Esto significa que la intención de Dios es mezclarse con el hombre y, así, hacerse igual al hombre y que el hombre llegue a ser igual a Él.
El Señor Jesús es el Dios-hombre; Él es el Dios completo y el hombre perfecto. También podemos decir que Él es el Hombre-Dios. Aquel a quien adoramos hoy es el Hombre-Dios. Además, ser un hombre de Dios, como Moisés (Dt 33:1; Jos 14:6; Sal 90), es ser un hombre-Dios, un hombre que está mezclado con Dios. Es un deleite para Dios que todo Su pueblo escogido y redimido sea hombres-Dios.
LA INTENCIÓN DE DIOS DE TENER UN HOMBRE
La intención de Dios en la tierra es tener un hombre. Ese es Su deseo. Finalmente, Él mismo se hizo hombre, y hoy en el trono, Él todavía es un hombre. Las personas pueden querer ser como Dios, pero Dios quiere ser hombre.
La intención de Dios es trabajarse en nosotros, haciéndonos iguales a Él, y aún más, hacerse igual a nosotros. Así, la intención de Dios es tener un hombre y trabajarse a Sí mismo dentro del hombre. Necesitamos quedar profundamente impresionados con el hecho de que el Señor aún está en el trono como un hombre.
En el libro de Ezequiel, el término el hijo del hombre se usa más de noventa veces. Esto indica cuánto desea Dios tener un hombre. Si queremos vivir a Dios y expresar a Dios, necesitamos ser un hombre y tener la apariencia de un hombre. Ezequiel 1:5 dice que los cuatro seres vivientes tienen la apariencia de un hombre, y el versículo 26 dice que Aquel que está en el trono tiene la apariencia de un hombre.
El punto crucial aquí es que, debido a que el hombre fue creado a la imagen de Dios para expresar a Dios, solo el hombre es igual a Dios. La persona debe tener la apariencia de un hombre para vivir la imagen de Dios y, por tanto, expresar a Dios. Si queremos vivir y expresar a Dios, debemos ser un hombre y tener la apariencia de un hombre. Cualquier persona que no tenga la apariencia de un hombre no puede expresar a Dios.
Aquel que está en el trono y los cuatro seres vivientes, ambos tienen la apariencia de un hombre, lo cual indica que los cuatro seres vivientes en la tierra son la expresión de Aquel que está en el trono. El capítulo uno de Ezequiel es el capítulo más profundo de la Biblia. El pensamiento en ese capítulo es profundo.
Hemos visto que el trono está por encima de un cielo claro, por encima de una extensión espiritual y celestial, o firmamento. La gracia de Dios obra sobre un grupo de personas de tal manera que su condición ahora es la propia condición del cielo. En esta condición, indicada por un cielo cristalino, el trono de Dios está presente. El lugar del trono es el lugar donde el cielo y la tierra están conectados.
Debido a que con los seres vivientes en la tierra hay un trono por encima de un cielo claro, Dios no es solo el Dios del cielo, sino también el Dios de la tierra. A través de estos seres vivientes, que tienen el trono sobre sus cabezas, el cielo y la tierra están unidos.
En Ezequiel 1, Aquel que está en el trono es la unión de Dios y el hombre. Así, el lugar donde está el trono es el lugar donde el cielo y la tierra están unidos. Aquel que está en el trono es Dios, pero manifiesta la apariencia de un hombre.
Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, Él era Dios manifestado en la carne, pues Él era el Hombre-Dios y tenía la apariencia de un hombre. Interiormente, Él era Dios, pero Su apariencia en la tierra era la apariencia de un hombre. Ahora, como Aquel que está en el trono después de Su ascensión, Él todavía es el Hombre-Dios; Él es Dios, pero con la apariencia de un hombre.
En la vida de la iglesia hoy debe haber una condición en la cual Dios se manifieste en el hombre. Esto significa que en la iglesia debemos tener no solo un cielo claro con un trono y el Señor en el trono, sino también la expresión de Aquel hombre que está en el trono. Cuando esta sea la condición de la iglesia, habrá en la iglesia el gran misterio de la piedad: Dios manifestado en la carne (1 Ti 3:15-16).
Por un lado, hay un cielo claro, un trono y el Señor en el trono; por otro, la manifestación del Señor en la iglesia es en la apariencia de un hombre. En la vida de la iglesia debe haber la manifestación de Dios en la carne. Para que esta sea la situación, debe haber en la iglesia la unión gloriosa de Dios y del hombre.
Interiormente debemos tener a Dios, pero Dios es manifestado en la carne, manifestado en y por medio de una humanidad normal y adecuada. Todos en la vida de la iglesia, ya sean hermanos y hermanas, ancianos o jóvenes, deben comportarse de una manera normal y adecuada a sus respectivas edades. En lugar de pretensión, debe haber una genuinidad humana y divina. Esta es la condición de que Dios sea manifestado en la humanidad.
El plan eterno de Dios es conectar el cielo y la tierra y unir a Dios y al hombre. Dios en el cielo quiere ganar al hombre en la tierra para Su expresión, trabajándose a Sí mismo en el hombre. El deseo del corazón de Dios es alcanzar la meta de conectar el cielo y la tierra y unir a Dios y al hombre. Donde existe tal condición, allí está el trono.
Aquel que está sentado en el trono es Dios, pero Su manifestación tiene la apariencia de un hombre. El plan eterno de Dios es tener tal manifestación. En la iglesia hoy necesitamos estar en una condición donde Dios se manifieste en la apariencia de un hombre.
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