ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Leer y orar: “antes, alguien, en cierto lugar, dio pleno testimonio, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él? ¿O el hijo del hombre, para que lo visites? Lo hiciste, por un poco, menor que los ángeles, de gloria y de honra lo coronaste [y lo pusiste sobre las obras de tus manos]” (He 2:6,7)
LLEVAR AL HOMBRE AL TRONO
La intención de Dios es obrar en el hombre, a fin de que el hombre pueda estar en el trono. ¿Ha percibido usted que esta es Su intención? Podemos estar satisfechos con ir al cielo. Eso puede satisfacernos, pero nunca satisfará a Dios. Dios no estará satisfecho hasta que estemos en el trono.
En Apocalipsis 3:21 el Señor Jesús dice: “Al vencedor, le daré sentarse Conmigo en Mi trono, así como Yo también vencí y me senté con Mi Padre en Su trono.” El Señor Jesús parecía estar diciendo que Él se hizo hombre, y como hombre fue al trono.
La intención de Dios es llevarnos al trono. Su deseo es hacernos personas del trono. El reino de Dios no puede venir en plenitud hasta que estemos en el trono. Además, el enemigo de Dios no será subyugado hasta que estemos en el trono. El objetivo de Dios, por lo tanto, no es solo librarnos del infierno, sino llevarnos al trono.
Necesitamos considerar nuestra condición actual a la luz de la intención de Dios. En muchas cosas somos descuidados y livianos. El Señor nos llevará al trono; sin embargo, si todavía somos descuidados y livianos, no estaremos listos para estar en el trono. Nadie puede sentarse en el trono de manera indigna o inadecuada.
No estoy de acuerdo con las prácticas del cristianismo formal, pero tampoco estoy de acuerdo con la laxitud que es tan difundida hoy. Si usted se preocupa por el Señor como cristiano y como discípulo del Señor Jesús, no puede ser liviano, descuidado e indisciplinado.
Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, Él no era descuidado de ninguna manera. Muchos creyentes hoy, por el contrario, no parecen tener el concepto y el sentimiento adecuados acerca de cómo ser un ser humano apropiado. Tal persona no puede estar en el trono.
Dios nos escogió. Él nos llamó al trono. Una fuerte prueba de que Dios nos llamó es invocar el nombre del Señor. El llamamiento de Dios es para llevarnos al trono.
LA REBELIÓN DE SATANÁS CONTRA EL TRONO
¿Por qué Dios quiere llevarnos al trono? Dios desea llevarnos al trono a causa de la rebelión de Satanás contra el trono de Dios (Is 14). Si leemos la Biblia cuidadosamente, veremos que la mayor dificultad que Dios enfrenta en el universo es que Su trono ha sufrido oposición y ha sido atacado por fuerzas rebeldes.
El trono de Dios es absoluto, pero una de Sus criaturas se rebeló y busca exaltar su trono para ser igual al de Dios. En su rebelión contra el trono de Dios, Satanás pretende exaltar su trono a los cielos y, así, invadir la autoridad de Dios.
Isaías 14:12-14 dice: “¡Cómo caíste del cielo, oh lucero de la mañana...! Tú decías en tu corazón: Subiré al cielo; por encima de las estrellas de Dios exaltaré mi trono... Subiré por encima de las más altas nubes y seré semejante al Altísimo.”
Desde el momento de la rebelión de Satanás hasta ahora, ha habido una disputa en el universo acerca del poder. Mucho de lo que está sucediendo en la tierra es una expresión de la resistencia de Satanás al trono de Dios. La cuestión crucial es esta: ¿Quién realmente está reinando sobre la tierra: Dios o Satanás?
Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, Él era absolutamente sumiso a la autoridad de Dios. Obedecer al Señor es ser una persona bajo el trono. Debido a que el Señor Jesús obedeció a Dios el Padre y se sometió a la autoridad de Dios de manera absoluta, después de haber resucitado de los muertos, Dios le dio toda la autoridad en el cielo y en la tierra (Mt 28:18) y lo exaltó al trono.
Ahora, Aquel que está sentado en el trono no es solo Dios, sino también hombre, pues este es el mezclar de Dios y del hombre. Por lo tanto, después de la ascensión del Señor Jesús, hay un hombre en el trono.
La mente de Dios está en el hombre (He 2:6), y Él quiere que el hombre Lo exprese y ejerza Su autoridad. El hombre tiene la imagen de Dios y el dominio de Dios con Su autoridad. Dios desea manifestarse a través del hombre y desea reinar y administrar a través del hombre.
La intención de Dios es derribar a Satanás y rescatar a muchos de los cautivos llevados por Satanás y llevarlos a Su trono. Dios no puede recibir la gloria plena hasta que seamos llevados al trono. Un día, seremos llevados al trono, y entonces Dios será capaz de gloriarse sobre Satanás.
Él declarará triunfalmente que Sus escogidos, que habían sido llevados cautivos por Satanás, fueron llevados al trono. Sin embargo, necesitamos darnos cuenta de que, en nuestra condición actual, no estamos calificados para estar en el trono.
¿Se parece usted a un rey? Si usted fuera pesado en la balanza celestial para determinar su peso espiritual, ¿cuánto pesaría? Me preocupa el hecho de que muchos de nosotros difícilmente tendríamos algún peso. Este es un asunto muy serio. Hemos sido llamados a ser hijos de Dios y estamos destinados a ser reyes, pero necesitamos que Dios obre en nosotros y sobre nosotros para calificarnos para la realeza.
EL SEÑOR JESÚS ES UN HOMBRE EN EL TRONO
Por medio de Su crucifixión, resurrección y ascensión, el Señor Jesús fue llevado al trono. Un verdadero hombre cuyo nombre es Jesús está en el trono. Por eso declaramos: “Jesús es el Señor”, y por eso invocamos: “Oh Señor Jesús.”
Dios siempre ha sido el Señor, pero ahora un hombre está en el trono como Señor. Por medio de Su resurrección y en Su ascensión, “Dios le hizo Señor y Cristo, a este Jesús” (Hch 2:36). Dios hizo de Jesús, un nazareno, Señor, y hoy, el Señor del cielo y de la tierra, es un hombre. ¿Realmente percibe que el Señor del universo, hoy, es un hombre? ¡Aleluya por este hombre!
No nos parece extraño decir que Jehová Elohim es el Señor del universo. Sin embargo, no es fácil darnos cuenta de que un hombre que fue crucificado y sepultado podría ser el Señor del universo. Cuando Judas y la multitud vinieron a prenderle, Él no huyó. Voluntariamente se hizo débil y permitió ser prendido y crucificado.
En palabras de 2 Corintios 13:4, “Él fue crucificado en debilidad.” Pero después de que fue crucificado y sepultado, Dios lo resucitó y lo colocó a Su diestra, haciéndolo Señor de todo el universo. Hoy, el Señor del universo es un hombre.
EL SEÑOR JESÚS ES EL PIONERO HACIA EL TRONO
También necesitamos ver que el Señor Jesús abrió el camino al trono. Él fue el pionero, el Precursor (He 6:20), abriendo el camino al trono (2:10). Esto indica que Él no es el único hombre destinado al trono. Él abrió el camino y tomó la delantera para que podamos seguir. Él fue el primero al trono, y nosotros iremos detrás de Él. Ahora estamos marchando hacia el trono, pues Dios tiene la intención de llevarnos a la gloria y establecernos en el trono.
LA APARIENCIA DEL HOMBRE EN EL TRONO
Ezequiel 1:27 dice: “La vi como metal resplandeciente, como fuego alrededor de ella; desde sus lomos hacia arriba, y desde sus lomos hacia abajo, la vi como fuego y un resplandor alrededor de ella.” Aquí vemos que la apariencia del hombre en el trono tiene dos aspectos: de Sus lomos hacia arriba, Él parece electro, y de Sus lomos hacia abajo, Él parece fuego. ¿Por qué Su parte superior se parece al electro, y Su parte inferior al fuego?
La parte superior de un hombre, desde sus lomos hasta la cabeza, es la parte del sentimiento, de la sensación. Esa parte representa Su naturaleza y disposición. De acuerdo con Su naturaleza y disposición, el Señor Jesús en el trono se parece al electro.
La parte inferior del cuerpo de un hombre es para moverse. La apariencia de fuego desde los lomos hacia abajo tipifica la apariencia del Señor en Su mover.
Cuando el Señor viene a nosotros, Él primero viene como fuego. Cuando permanece con nosotros, se convierte en electro. Además, siempre que el Señor se mueve a través de nosotros, se mueve como el fuego para quemar, iluminar y escudriñar. Después de ese quemar, algo permanecerá, y ese algo es el electro — una mezcla de oro y plata que tipifica al Dios-Cordero, el Dios-Redentor.
Dios quiere que le ganemos como el electro. Para que esta sea nuestra experiencia, Él debe venir primero a nosotros como fuego para iluminar, escudriñar y quemar. Entonces, por medio del fuego, Él se convierte en el electro para nosotros. Así, si queremos ganarle como el electro, necesitamos experimentarle como el fuego.
Por último, debemos darnos cuenta de que nada bueno habita en nosotros. Como Pablo, debemos ser capaces de decir: “Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no habita el bien” (Ro 7:18a).
Lo que sigue es una lista parcial de las cosas negativas que tenemos dentro de nosotros: división, contienda, odio, envidia, ira, amor propio, objetivos personales, ambición, egoísmo, ego, y muchas otras cosas malas y horrendas. Estamos llenos de estas cosas; sin embargo, podemos tener muy poco del Señor. Por eso, necesitamos que el Señor venga a nosotros y queme todas estas cosas negativas. Después de que estas cosas sean quemadas, el electro, el Dios redentor, permanecerá en nosotros.
No importa cuán claro esté nuestro cielo ni cuánto podamos tener el trono en nuestro cielo, todavía necesitamos la presencia del Señor como el fuego que ilumina, escudriña y quema, para que podamos tenerle permaneciendo en nosotros como el electro. Esta es la visitación del Señor con nosotros, y este es el mover del Señor con nosotros y en nosotros. Es una gran bendición estar bajo la visitación del Señor. El Señor viene a nosotros como un fuego consumidor, y le ganamos como el electro.
Muchas veces no hay necesidad de declarar que tenemos un Dios. Cuando los demás están con nosotros, podrán sentir que tenemos el electro, el Dios redentor, permaneciendo con nosotros. También pueden tener la impresión de que no somos livianos, sino personas de peso. Somos pesados con el electro, pesados con el Dios-Cordero.
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