Leer y orar: “Diles: Tan cierto como yo vivo, dice el Señor Dios, no tengo placer en la muerte del impío, sino en que el impío se convierta de su camino y viva. ¡Convertíos, convertíos de vuestros malos caminos! ¿Por qué habréis de morir, oh casa de Israel?” (Ez 33:11)
En el último mensaje consideramos el juicio de Dios sobre las siete naciones representativas alrededor de la nación de Israel: Amón, Moab, Edom, Filistea, Tiro, Sidón y Egipto.
Las fechas de las visiones de Ezequiel son significativas. Por ejemplo, la visión en el capítulo veintiséis acerca de Tiro fue en el año undécimo, y la visión en el capítulo veintinueve contra Egipto fue en el año décimo. Esto indica que el registro de Ezequiel no está de acuerdo con la cronología, sino según el significado.
Él escribió no según la secuencia histórica, sino según la secuencia del significado. Según el significado espiritual, Tiro viene antes que Egipto, aunque, de hecho, Ezequiel vio la visión concerniente a Egipto antes de la visión respecto a Tiro. El registro acerca de estas siete naciones no está organizado según los acontecimientos históricos, sino de acuerdo con el significado. Esta es una fuerte prueba de que estas siete naciones tienen un significado espiritual.
Las últimas tres naciones —Tiro, Sidón y Egipto— están relacionadas principalmente con las riquezas del mundo y los recursos naturales. Tiro representa las riquezas del mundo y la prosperidad, que dañan la vida de la iglesia. Podemos decir que amamos la iglesia, pero si seguimos las riquezas mundanas y la prosperidad, nos convertiremos en un daño para la vida de la iglesia.
Necesitamos clamar al Señor para que, en Su misericordia, ninguno de nosotros en las iglesias locales en la restauración del Señor se preocupe por las riquezas mundanas. En lugar de preocuparnos por las riquezas mundanas, debemos preferir ser pobres.
De la preocupación por las riquezas mundanas procede Sidón como espinas que pinchan y abrojos que causan dolor, como se indica en la parábola del Señor en Mateo 13:3-23. La iglesia es como un campo para producir algo (1 Co 3:9). Las espinas y los abrojos frustran el crecimiento de las plantas adecuadas en el campo.
En la vida de la iglesia, ninguno de nosotros debe preocuparse por las riquezas mundanas y la prosperidad. Si nos preocupamos por las riquezas, podremos perjudicar no solo nuestro propio crecimiento, sino también el crecimiento de los demás.
La última nación, Egipto, está íntimamente relacionada con Tiro y Sidón y representa el desarrollo de los recursos naturales para que otros confíen en ellos. Cuando el pueblo de Dios se vuelve pobre y carece de alimento, deposita su confianza en Egipto. Sin embargo, Dios dijo que Egipto era un bordón hecho de caña y no era lo suficientemente fuerte para confiar en él (Ez 29:6-7).
Si confías en Egipto, te lastimarás. Esto indica que los recursos naturales no son confiables. Incluso muchas personas del mundo se dan cuenta de esto. Si pones tu confianza en los recursos naturales o en las riquezas que provienen del desarrollo de los recursos naturales, serás un daño para la vida de la iglesia.
No debemos considerar esta comprensión del significado espiritual de las siete naciones como mero conocimiento. Más bien, necesitamos aplicar esta comprensión a nosotros en la vida de la iglesia.
En este mensaje llegamos a la tercera sección del libro de Ezequiel ─ la sección de la restauración (caps. 33─39). El juicio de Dios siempre tiene un propósito, y Dios nunca ejecuta Su juicio sin un propósito.
El propósito del juicio de Dios es introducir la restauración. Él no ejecuta juicio aparte de Su propósito de restaurar algo. Necesitamos recordar que el juicio de Dios está basado en Su justicia, Su santidad y Su gloria.
Dondequiera que la condición entre Su pueblo o el mundo no coincida con Su justicia, santidad y gloria, Dios ejecutará Su juicio con fines de restauración. Dios quiere restaurar a Su pueblo de acuerdo con Su justicia, santidad y gloria. Como veremos, así como el juicio de Dios es por fuego, la restauración de Dios es por la vida.
ESTABLECE AL ATALAYA
En Su restauración por la vida, lo primero que el Señor hace es establecer al atalaya. Ezequiel 33:7 dice: “A ti, pues, oh hijo de hombre, te he puesto por atalaya sobre la casa de Israel; tú, pues, oirás la palabra de mi boca y les darás aviso de mi parte”.
Un atalaya es aquel que ha sido comisionado por Dios para dar a Su pueblo una advertencia, para tocar la trompeta a fin de hacer que el pueblo de Dios se vuelva a Él y se arrepienta. El principio es el mismo en el Nuevo Testamento, donde Dios envió a Juan el Bautista como un gran atalaya.
Cuando Juan el Bautista vino, tocó la trompeta del arrepentimiento, clamando: “¡Arrepentíos!” (Mt 3:1-2). En principio, Ezequiel expresó lo mismo cuando exhortó al pueblo a convertirse de sus malos caminos. Dios no quería que murieran; Su deseo era que se volvieran y vivieran.
Con respecto a esto, Ezequiel 33:11 dice: “Diles: Tan cierto como yo vivo, dice el Señor Dios, no tengo placer en la muerte del impío, sino en que el impío se convierta de su camino y viva. ¡Convertíos, convertíos de vuestros malos caminos! ¿Por qué habréis de morir, oh casa de Israel?”
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