ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Mensagem 18
LOS HUESOS SECOS, LOS DOS PEDAZOS DE MADERA Y EL EJÉRCITO
SEMANA 8 - MIÉRCOLES
Lectura bíblica: Ez 36:35, 37:1, 5-17, 21-28
Leer y orar: “Les levantaré plantación memorable, y nunca más serán consumidos por el hambre en la tierra, ni llevarán más sobre sí el oprobio de los gentiles.” (Ez 34:29)
El libro de Ezequiel tiene cuatro secciones principales, cada una conteniendo un punto crucial. La primera sección, que consiste en el capítulo 1, habla de la visión gloriosa de Dios y revela al Dios santo en Su gloria.
La segunda sección, compuesta por los capítulos dos hasta el treinta y dos, habla del juicio de Dios para tratar con todas las cosas y asuntos que no son compatibles con Su justicia, santidad y gloria. Dios juzga todo entre Israel y entre los gentiles que es incompatible con Su naturaleza.
La tercera sección, que incluye los capítulos treinta y tres hasta el treinta y nueve, se refiere a la restauración de Dios de un remanente de Su pueblo. Cuando Dios viene para juzgar, Él se acuerda de Su pacto de gracia y, así, preserva un grupo de Sus elegidos y los lleva de regreso a su propia tierra. Esto indica que la idea principal en la tercera parte de Ezequiel es la restauración del Señor.
La cuarta sección, que consiste en los capítulos cuarenta hasta el cuarenta y ocho, habla de Dios viniendo para edificar a Su pueblo amado y restaurado en Su morada. Esto significa que la última sección está dedicada a la cuestión del edificio de Dios.
En el libro de Ezequiel, hay tres capítulos que pueden ser considerados grandes capítulos en la Biblia: el capítulo uno, el capítulo treinta y siete y el capítulo cuarenta y siete. Estos capítulos ocupan una posición especial, no solo en Ezequiel, sino en la Biblia en su totalidad.
Cada uno de estos capítulos puede ser representado por una sola palabra: el capítulo uno ─ fuego; el capítulo treinta y siete ─ soplo; y el capítulo cuarenta y siete ─ agua. Ningún capítulo habla de Dios como fuego de la manera en que lo hace Ezequiel 1. Juan 4 y 7 y Apocalipsis 22 hablan acerca del agua, pero no de la manera en que lo hace Ezequiel 47.
De la misma manera, Ezequiel 37 es único en su forma de hablar del soplo de Dios. Este capítulo revela cómo el Espíritu de Dios entra en nosotros a fin de vivificarnos para que podamos llegar a ser una persona colectiva, formados en un ejército, y también edificados como la morada de Dios. Solo en este capítulo vemos el resultado de ser vivificados por el soplo de vida. A partir de esto, vemos que Ezequiel 37 ocupa una posición particular en la Biblia.
Los capítulos treinta y tres a treinta y siete de Ezequiel describen la restauración de Dios de Su pueblo desde diferentes aspectos. El capítulo treinta y cuatro enfatiza la venida del Señor como un pastor que busca a la oveja perdida y la lleva de regreso a su propia tierra.
En el capítulo treinta y seis, vemos que el Señor restaura a Su pueblo por la vida, no solamente externamente, sino también interiormente, dándoles un corazón nuevo y un espíritu nuevo y poniendo Su Espíritu dentro de ellos.
El capítulo treinta y siete revela que el Señor viene para reavivar a Sus muertos y dispersos y hacerlos uno. A partir de esto, vemos que el pueblo cautivo de Dios necesitaba ser restaurado en diferentes aspectos. Por haber sido expulsados y dispersados como ovejas, necesitaban al Señor para buscarlos como su Pastor.
Puesto que su condición interior era impura y vieja, necesitaban un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Por haberse convertido en huesos muertos y secos, necesitaban ser reavivados y unidos.
LA PLANTACIÓN MEMORABLE
Y EL JARDÍN DEL EDÉN
Y EL JARDÍN DEL EDÉN
Antes de comenzar a considerar el capítulo treinta y siete, quisiera decir una palabra acerca de dos asuntos: la plantación memorable (34:29) y el jardín del Edén (36:35). La plantación memorable, una planta famosa, es Cristo. Cristo no es solamente la buena tierra, que contiene muchos árboles cuyos frutos son buenos para comer; Cristo es también una plantación memorable.
En lo que se refiere a la expresión como el jardín del Edén, necesitamos ver que, finalmente, la restauración del Señor llegará al punto en que será como el jardín del Edén. Entonces, dondequiera que estemos en la restauración del Señor, estaremos en el jardín del Edén.
Frecuentemente, en las reuniones de las iglesias locales, tenemos la sensación de estar en el jardín del Edén. En el jardín del Edén tenemos a Cristo como una planta famosa, la plantación memorable. Esto significa que, en la vida de la iglesia, podemos disfrutar las riquezas de Cristo de manera especial diariamente.
UN CAPÍTULO QUE MUESTRA
CÓMO DIOS NOS RENUEVA Y NOS REGENERA
Ezequiel 34 abarca, principalmente, los aspectos exteriores de la restauración del Señor. En este capítulo, Dios viene como el Pastor que busca y encuentra a Su pueblo y los lleva de regreso a su buena tierra.
Ezequiel 36 abarca el aspecto interior de la restauración del Señor. En Su restauración, el Señor no solo nos lleva de regreso exteriormente, sino que también interiormente nos da un corazón nuevo y un espíritu nuevo y pone Su Espíritu en nuestro espíritu.
Si vemos esto, nos daremos cuenta de que la restauración del Señor no es meramente una cuestión de posición exterior y circunstancias exteriores, sino también una cuestión de naturaleza y disposición interior.
En la restauración del Señor, la cual es algo tanto exterior como interior, no solo nuestra posición, circunstancias y ambientes han cambiado, sino que también tenemos la renovación interior de nuestro corazón y nuestro espíritu, y recibimos el Espíritu de Dios.
Exteriormente hay un cambio, e interiormente hay una conversión. Sin embargo, Ezequiel 36 no nos dice de manera clara y completa cómo podemos tener una conversión, cómo podemos tener un corazón nuevo y un espíritu nuevo, y cómo podemos obtener el Espíritu de Dios.
Simplemente se nos dice de manera general que el Señor nos dará un corazón nuevo y un espíritu nuevo y pondrá Su propio Espíritu dentro de nosotros. Así, necesitamos Ezequiel 37 para mostrarnos cómo Dios nos renueva y nos regenera.
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