ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Leer y orar: “Profeticé como él me había ordenado, y el espíritu entró en ellos, y vivieron y se pusieron en pie, un ejército en gran manera numeroso” (Ez 37:10)
LA MANERA DE LA VIDA
Los cristianos hoy hablan mucho acerca del Cuerpo, la iglesia y la casa de Dios, pero la mayoría no ve la manera práctica de tener el Cuerpo, la iglesia y la casa de Dios. Ezequiel 37 revela claramente que el único camino, la única manera, es el camino de la vida.
Los dos pedazos de madera secos pueden crecer juntos, no por los dones o las enseñanzas, sino por la vida. El Señor no le dijo a Ezequiel que ejercitara ciertos dones o que enseñara. El Señor encargó a Ezequiel que profetizara, que pronunciara o expresara algunas palabras por Dios.
Cuando Ezequiel profetizó algo para los muertos por Dios, Él sopló sobre ellos y ellos recibieron el aliento. Cuando el aliento entró en ellos, este se convirtió en vida para ellos. Luego, por la manera de la vida, los dos pedazos de madera secos pudieron crecer juntos.
Podemos llegar a ser uno no por medio de los dones o enseñanzas, sino por la vida. ¡Oh, todos necesitamos el soplo del viento! Por lo tanto, necesitamos recibir el aliento, y el aliento se convertirá en nosotros en el Espíritu que da vida. Así, podremos crecer en vida.
La vida es maravillosa. Ella resuelve muchos problemas. Nuestro cuerpo físico puede superar muchos problemas simplemente por estar vivo. Esto es una ilustración de que lo que necesitamos en la vida de la iglesia es la vida, no dones o enseñanzas.
Por la vida, las ramas muertas pueden ser reavivadas y crecer unas en otras. Entonces, estas ramas tendrán la unidad que resulta del crecimiento en vida. Si prestamos atención a los dones o a las enseñanzas, estaremos divididos.
Todos necesitamos algo mejor, algo más elevado, y ese algo mejor y más elevado es la vida. Primero viene el soplo del viento, seguido por el aliento y por el Espíritu que da vida. Esto hace que los huesos secos sean reavivados y se vuelvan uno. Por último, los huesos se convierten en un ejército que combate por el Señor. De la misma manera, las ramas secas son reavivadas y crecen juntas. Por el crecimiento en vida, ellas son una y ya no tienen divisiones.
A lo largo de los años, aquí en la iglesia en Los Ángeles, hemos prestado atención no a los dones o enseñanzas, sino a la vida. Si hubiéramos prestado atención a los dones y enseñanzas, nos habríamos dividido repetidamente. Pero porque nos preocupamos por la manera de la vida del Señor, somos uno.
UNIDAD POR LA VIDA
Alabamos al Señor por la unidad en Su restauración. Aunque venimos de muchos orígenes diferentes, somos uno. No somos uno por medio de los dones o enseñanzas, sino por la vida.
Entre nosotros hay muchos exministros, pastores, misioneros y maestros de la Biblia, pero todos estos ahora son uno en vida. Porque tenemos vida, y estamos en la vida, somos uno. Ahora somos un ejército que combate y somos una habitación para el Señor.
Cuando los santos migran para la propagación de la vida de la iglesia, ellos son un ejército que lucha la batalla. No podremos tener migraciones apropiadas si no tenemos unidad. Es muy bueno que, en las migraciones, los santos vengan de diferentes partes del país para ser uno en una determinada ciudad. Ellos se reúnen para ser uno no en enseñanzas o dones, sino en la vida. Porque somos uno en vida, somos tanto el ejército como la habitación del Señor.
El ejército está formado con huesos secos que fueron reavivados, y la habitación con ramas secas que fueron vivificadas y unidas. Ahora, nadie está seco. Cada parte del ejército y de la habitación está llena de vida y está viviendo en unidad. Esto es la restauración del Señor.
JUICIO ADICIONAL
Siguiendo el capítulo treinta y siete, hay dos capítulos más que hablan del juicio adicional. Estos capítulos indican que, si continuamos con el Señor en unidad como un ejército y como una habitación para el Señor en la tierra, Él se encargará de todos nuestros enemigos.
No debemos pensar que, una vez que somos un ejército, no tendremos enemigos. Tampoco debemos pensar que, una vez que somos uno como la habitación del Señor, no tendremos batallas. Aún hay un enemigo, pero el Señor tratará con él.
En el capítulo treinta y cinco existe Edom, el enemigo interior, y en los capítulos treinta y ocho y treinta y nueve, existe el enemigo exterior. Tenemos que juzgar a Edom, el viejo hombre, el enemigo dentro de nosotros; sin embargo, el Señor se encargará de los enemigos que están afuera.
Podemos estar seguros de que, mientras somos uno, el Señor luchará la batalla por nosotros. Él tratará con nuestro enemigo, que también es Su enemigo. Alabamos al Señor, pues podemos estar en la vida de la iglesia en paz y seguridad.
A medida que tratemos con el enemigo interior, el Señor tratará con el enemigo exterior, y una vida de iglesia fuerte será edificada para ser “un ejército en gran manera numeroso” y el santuario del Señor en la tierra.
Solo cuando Dios juzgue a todos los enemigos, Su pueblo podrá habitar pacíficamente sin temor. Cuando el pueblo esté en tal condición pacífica, la edificación de la habitación del Señor será completada, y el Señor tendrá un lugar de descanso entre Su pueblo.
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Himno: Plenitud del Espíritu - "Como el Soplo"
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