ESTUDIO DIARIO DE HECHOS
MENSAJE CUARENTA Y DOS
LA EXPANSIÓN EN ASIA MENOR Y EUROPA
A TRAVÉS DEL MINISTERIO DE PABLO Y SUS COMPAÑEROS (8)
SEMANA 20 – LUNES
Lectura Bíblica: Lc 4:25-27; Hch 1:8; 15:1-35; Rm 3:24
Leer y orar: "Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía, enseñando y predicando, con muchos otros, la palabra del Señor." (Hch 15:35)
Hechos 15:1-34 registra el problema causado por aquellos que insistían en que alguien no puede ser salvo sin ser circuncidado según el rito de Moisés (v. 1). Respecto a esto, se realizó una conferencia de los apóstoles y ancianos en Jerusalén (vs. 1-21). En este mensaje, consideraremos lo que sucedió en esa conferencia y cuál fue la solución al problema (vs. 22-33).
"Habiendo gran debate, Pedro tomó la palabra y les dijo: Hermanos, sabéis que, desde hace mucho, Dios me escogió entre vosotros para que, por mi medio, los gentiles oyeran la palabra del evangelio y creyeran. Ahora bien, Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, concediéndoles el Espíritu Santo a ellos, como también a nosotros nos lo concedió. Y no hizo distinción alguna entre nosotros y ellos, purificándoles el corazón por la fe" (vs. 7-9). La palabra de Pedro sobre la purificación de nuestro corazón por la fe indica que Dios no se preocupa por ordenanzas legalistas exteriores, que no pueden purificar el ser interior del hombre; sino que se preocupa por la purificación del corazón humano. Esto corresponde a la énfasis del Señor en Marcos 7:1-23. La purificación del corazón del hombre solo puede ocurrir por el Espíritu Santo con la vida divina, y no por medio de ordenanzas exteriores de letras muertas.
Tentar a Dios
En Hechos 15:10 Pedro continúa: “Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres pudieron llevar, ni nosotros?”. Este es el yugo de la ley, que era un yugo de esclavitud (Gál 5:1). El yugo de esclavitud en Gálatas 5:1 es la esclavitud de la ley, que convierte a los que guardan la ley en esclavos bajo un yugo que los sujeta. Exigir que las personas guarden la ley de esclavitud no solo las esclaviza, sino que también tienta a Dios. Ni siquiera Dios podía, y tampoco quería, hacer que el hombre cumpliera la ley de letras.
Salvos por la Gracia
En Hechos 15:11 Pedro prosigue: “Pero creemos que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, así como también ellos lo fueron”. Esta gracia comprende la Persona del Señor y Su obra redentora (Rm 3:24). Pedro y los creyentes judíos fueron salvos por esta gracia, y no guardando la ley de Moisés. En lo que respecta a la salvación de Dios, guardar la ley no significa nada, ni para los judíos ni para los gentiles.
Las Deficiencias del Testimonio de Pedro
Según 15:7, Pedro solo habló después de que hubo mucha discusión. En realidad, Pedro no debería haber permitido toda esa discusión. Debería haber dicho de inmediato: “Hermanos, quiero recordarles lo que el Señor Jesús nos dijo. Él dijo que seríamos Sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria e incluso hasta los confines de la tierra. ¿Creen que el Señor quería decir que debemos circuncidar a todos los gentiles? Ciertamente no”. Si Pedro hubiera hablado así, los presentes en la conferencia lo habrían escuchado.
Lo que Pedro dijo en 15:7-11 fue bueno, pero no fue lo suficientemente fuerte. ¿Por qué no se refirió a la palabra del Señor en Hch 1:8? ¿Por qué simplemente les recordó que Dios lo había elegido para que, por medio de él, los gentiles oyeran la palabra del evangelio y creyeran? Pedro debería haber dicho: “Saben que desde los primeros días el Señor Jesús nos dijo que seríamos Sus testigos hasta los confines de la tierra”. En Hechos 15, Pedro tal vez aún estaba algo temeroso. No fue audaz y no ejerció la autoridad que le fue otorgada por la Cabeza. Si la hubiera ejercido, habría resuelto el problema y cortado el flujo del “veneno” de la herejía. Habría eliminado la misma fuente del flujo. Sin embargo, falló en cumplir esta tarea adecuadamente.
En 15:8 Pedro se refiere a Dios como Aquel que conoce los corazones. Esta es una expresión muy débil. Debería haber dicho que Dios es Aquel que planeó Su economía, que formó Su economía, Su dispensación. Pablo, que era más audaz que Pedro, habló de Dios de esta manera en sus Epístolas. ¿Será que Dios dio el Espíritu Santo a los gentiles solo porque conocía sus corazones? ¿Fue esa la única razón por la que les purificó el corazón por la fe? ¿Será que le dio a Pedro las llaves simplemente para que pudiera entrar y purificar el corazón de los gentiles? Sin duda, Pedro planteó bien algunos puntos aquí, pero su presentación es demasiado débil. Esta debilidad nos lleva a preguntarnos si realmente conocía adecuadamente la economía de Dios.
En 15:10 Pedro preguntó: “Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios?”. En realidad, no solo estaban tentando a Dios; estaban anulando la economía divina. Una vez más, lo que Pedro dijo en el versículo 10 fue bueno, pero aún fue débil. Pedro era el apóstol líder y Dios le había dado cierta autoridad. Sin embargo, en Hechos 15 no la ejerció. Sin embargo, alabamos al Señor por el testimonio y la comunión de Pedro.
Ya hemos mostrado que Pedro debería haber recordado a los presentes en esa conferencia la palabra del Señor en 1:8. También debería haberles testificado sobre la visión que tuvo en Jope (10:9-16) y haber dicho: “Permítanme contarles lo que me sucedió en Jope. Mientras oraba, tuve una visión de un recipiente, como un gran lienzo, que contenía toda clase de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo. Entonces el Señor me dijo que matara y comiera. Cuando me negué a hacerlo, Él me dijo lo mismo una segunda y tercera vez. Me dijo que lo que Dios había purificado no debía considerarlo común. Después de esta visión, fui a Cesarea. Mientras hablaba, el Espíritu Santo descendió sobre los que estaban en la casa”. Pedro debería haber testificado sobre la palabra del Señor en 1:8, la visión que tuvo y lo que sucedió en la casa de Cornelio. Pedro debería haber tomado estas cosas como base para decirles a los presentes en esa conferencia que olvidaran la ley, la circuncisión y los reglamentos de la dieta levítica. Pero le faltó valentía para hacerlo.
Cuando el Señor Jesús se refirió al caso de la viuda de Sarepta de Sidón y de Naamán, el sirio, (Lc 4:25-27), implicando que Su evangelio se dirigiría a los gentiles, los que estaban en la sinagoga se llenaron de furia y querían matarlo. En contraste con el Señor en Lucas 4, Pedro fue muy cauteloso, sin atreverse a mencionar la visión que había tenido. El hecho de que no mencionara la visión dada por el Señor, tal vez indica, no solo que le faltaba valentía, sino también que el ambiente en Jerusalén era muy denso.
En realidad, cuando esta herejía sobre la circuncisión apareció en Jerusalén, desde el principio, Pedro debería haber ejercido el don que el Señor le dio, es decir, aclarar la situación nebulosa de Jerusalén respecto a la economía del Nuevo Testamento de Dios, según la revelación que el Señor le dio a él y a los otros apóstoles en Hechos 1:8 y la visión que tuvo en Jope, en Hechos 10, respecto a los gentiles. Si hubiera hecho esto, la herejía judaica habría sido cortada en su mismo inicio en Jerusalén y no se habría extendido a las iglesias del mundo gentil. Pero falló en esto, así que Pablo tuvo que subir a Jerusalén para hacer la “cirugía”, extirpando así el cáncer racial que podría haber destruido la economía del Nuevo Testamento de Dios y matado al Cuerpo de Cristo.
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