Una Necesidad en Nuestra Vida Cristiana
Me preocupo por aquellos que se perturban con nuestra énfasis en invocar el nombre del Señor. No es cierto decir que enfatizamos esto demasiado. En realidad, invocar al Señor es una necesidad en nuestra vida cristiana. Si tienes la práctica de invocar el nombre del Señor, estarás en la etapa inicial de la transferencia dispensacional. Te aseguro que cuanto más invoques el nombre del Señor Jesús, más serás apartado de las cosas viejas e introducido en las nuevas.
Algunos ya son cristianos desde hace mucho tiempo. Con el paso de los años, su vida cristiana se ha vuelto bastante vieja. Debido a esa vejez necesitan experimentar una transferencia de forma práctica. La mejor manera de hacerlo es invocar: “¡Oh Señor Jesús!”. Te animo a practicar esto. Si invocas el nombre del Señor día a día, podrás testificar muchas cosas sobre tu experiencia con el Señor.
Invocar el nombre del Señor es una gran ayuda para los esposos cristianos. Los casados siempre tienen dificultades para amar a sus esposas. Si un hermano casado invoca el nombre del Señor Jesús, experimentará un cambio auténtico en relación con su esposa y la amará de verdad.
De la misma manera, una hermana casada puede ser ayudada invocando el nombre del Señor para someterse a su esposo. Si ella no contacta al Señor invocándole, tal vez piense: “No es justo que tenga que someterme a mi esposo. ¿Por qué debería someterme a él? Dios no es justo al ordenar que él sea la cabeza y no yo”. Sin embargo, la palabra de Dios no puede ser cambiada. Ni esta hermana puede ignorar el requisito de que debe someterse a su esposo. Entonces, ¿cómo puede ser ayudada en esta cuestión? La mejor manera es invocar el nombre del Señor. Si lo invoca día a día, podrá someterse a su esposo.
Cuando invocamos el nombre del Señor experimentamos la verdadera transferencia. Somos llevados a otra esfera, introducidos en el reino de Dios, que en realidad es el mismo Cristo propagado. Si comprendemos esto, entenderemos por qué invocar el nombre del Señor es tan enfatizado en la Biblia.
Siempre que invocamos al Señor, Él tiene la oportunidad y la base para difundirse en nuestro interior. Esto no es mera doctrina; es muy práctico para nuestra experiencia cristiana. Hoy el Señor es el Espíritu todo-inclusivo. Como tal, Él es omnipresente, y ahora trabaja en nosotros y espera la oportunidad de difundirse en nosotros. Cuando invocamos Su nombre, le damos el camino para que crezca en nosotros.
Para Participar de las Riquezas del Señor
Un versículo importante relacionado con invocar al Señor es Romanos 10:12: “Porque no hay distinción entre judío y griego, ya que el mismo Señor es Señor de todos, rico para con todos los que lo invocan”. Durante años, solo conocía este versículo de Romanos 10: “Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo” (v. 13). Me habían dicho que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo, pero nunca había escuchado que el Señor es rico para con todos los que le invocan.
Él es rico no solo en la salvación inicial, sino en todos los aspectos divinos y espirituales. Si queremos participar de las riquezas del Señor, necesitamos invocarle. Día y noche debemos invocar Su nombre. Aunque invoquemos en silencio para no perturbar a los demás, aún podemos invocar suavemente: “¡Oh Señor Jesús!”.
Para Ser Llevados a Nuestro Espíritu
Una vez que invocamos el nombre del Señor, no podemos permanecer en los pensamientos y razonamientos naturales. Por experiencia sabemos que cuando le invocamos, somos introducidos en las profundidades de nuestro ser, es decir, en nuestro espíritu. No podemos invocar el nombre del Señor y al mismo tiempo permanecer en la mente. Los que argumentan sobre invocar podrían decir: “¿Es correcto invocar el nombre del Señor? ¿Es esta práctica bíblica? Si es bíblica, ¿por qué no fue enseñada por otros en los últimos diecinueve siglos?”.
Si esa persona invoca al Señor, será salva de los pensamientos y razonamientos naturales. Cuando nos negamos a invocar, permanecemos en la mente natural. Sin embargo, cuando le invocamos, somos introducidos en el espíritu. ¡Oh, cómo necesitamos invocar al Señor para disfrutarle!
Para Experimentar la Cercanía del Señor
Invocar al Señor es realidad, pues cuando le invocamos, le tocamos. En un versículo relacionado con invocar, Pablo dice: “La palabra está cerca de ti, en tu boca” (Ro 10:8). En un sentido muy práctico, la palabra aquí equivale al Señor. Así, decir que la palabra está cerca significa que el Señor está cerca. Siempre que invocamos Su nombre, experimentamos Su cercanía, Su presencia íntima.
¿Cómo sabemos que el Señor está cerca de nosotros? Lo sabemos invocándole. No se puede convencer a alguien de que el Señor está cerca de él discutiendo o debatiendo con él. Cuanto más discutimos, más lejos parece estar el Señor. Pero si, en lugar de discutir, invocamos Su nombre algunas veces, sentiremos que Él está cerca. Si continuamos invocándole, percibiremos que no solo está cerca, sino incluso dentro de nosotros.
Cuanto más le invocamos, más se convierte en nuestro disfrute. Invocándole, también se convierte en nuestra paz, descanso, consuelo y solución en todo tipo de situaciones. Esto no es mera doctrina ni enseñanza superficial; es una verdad para nuestra experiencia.
PERMANECER EN LA TRANSFERENCIA SIENDO FIELES A LA VISIÓN
Todos necesitamos aprender de Pablo a invocar el nombre del Señor Jesús para tener una transferencia completa. También necesitamos aprender de él a ser fieles a la visión. Como veremos, él pudo testificar: “No fui desobediente a la visión celestial” (26:19).
Vemos su fidelidad cuando no evitó el uso de la palabra gentiles en 22:21. Que todos aprendamos a ser fieles a la visión que hemos recibido respecto a la iglesia y a Cristo como el Espíritu que da vida. Necesitamos aprender de Pablo a presentar bien la verdad. Sin embargo, esto no significa que siempre podamos evitar oposición y ataque. No importa cómo presentemos la verdad, algunos aún se opondrán. Sin embargo, debemos ser fieles. Si en algún momento no somos fieles a la visión del Señor, entonces ya no estaremos en la transferencia de dispensación. La manera de mantenernos en esta transferencia es siendo fieles. Primero, hacemos la transferencia invocando el nombre del Señor. Luego, permanecemos en ella siendo fieles a la visión.
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