Leer y orar: "Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, hasta el día de hoy me he conducido delante de Dios con toda buena conciencia." (Hch 23:1)
SE DEFIENDE ANTE EL CONCILIO
Vimos que en 21:31-39 el comandante romano intervino para rescatar a Pablo de los judíos que intentaban matarlo. Entonces se le dio la oportunidad de defenderse ante los judíos alborotados (21:40-22:21). Los judíos lo escucharon hasta cierto punto, pero finalmente iniciaron otro tumulto. Luego fue atado por los romanos (22:22-29). Con sabiduría, usó su ciudadanía romana para librarse de la persecución (vs. 25-29). Entonces, el comandante romano le dio la oportunidad de defenderse ante el concilio (22:30 - 23:10).
Hechos 22:30 dice: “Al día siguiente, queriendo saber con certeza de qué lo acusaban los judíos, lo soltó, y ordenó que se reunieran los principales sacerdotes y todo el concilio; y, sacando a Pablo, lo presentó ante ellos”. Ahora consideremos la defensa de Pablo ante el concilio.
Se Condujo con Toda Buena Conciencia
Hechos 23:1 dice: “Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, hasta el día de hoy me he conducido delante de Dios con toda buena conciencia”. Después de la caída de Adán y su expulsión del jardín del Edén (Gn 3:23), Dios quería que el hombre, en Su dispensación, fuera responsable ante su propia conciencia. Pero el hombre falló en vivir y conducirse según la conciencia y cayó aún más en la maldad (Gn 6:5).
Después del juicio del diluvio, Dios ordenó al hombre estar bajo el gobierno humano (Gn 9:6). El hombre también falló en esto. Entonces, antes de cumplir Su promesa a Abraham respecto a la bendición de las naciones en Cristo (Gn 12:3; Gá 3:8), Dios puso al hombre a prueba bajo la ley (Ro 3:20; 5:20). El hombre falló totalmente en esa prueba.
Todos estos fracasos indican que el hombre cayó de Dios a la conciencia, de la conciencia al gobierno humano y del gobierno humano a la iniquidad. Así, el hombre cayó al máximo. Conducirse “delante de Dios con toda buena conciencia”, como lo hizo Pablo, fue un gran regreso de la caída del hombre hacia Dios. Pablo dijo esto para defenderse ante los que lo acusaban de ser alguien sin ley e incluso negligente. Nuevamente se refirió a su conciencia en 24:16. Esto mostró su alto estándar moral en contraste con la hipocresía de los religiosos judíos y la corrupción de los políticos romanos (gentiles).
En su defensa ante el concilio, en presencia de los representantes del gobierno romano, Pablo podía decir que no había nada malo en su conducta personal. Hizo todas las cosas de acuerdo con la conciencia, actuando con el más alto estándar moral.
La Valentía y Sabiduría de Pablo
En Hechos 23:2-3 leemos: “El sumo sacerdote Ananías ordenó entonces a los que estaban junto a él que le golpearan en la boca. Entonces Pablo le dijo: Dios te golpeará a ti, pared blanqueada. ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas golpear?” Aquí vemos la franqueza y valentía de Pablo al tratar con sus perseguidores. Los que estaban junto a él le dijeron: “¿Injurias al sumo sacerdote de Dios?” (v. 4). Él respondió: “No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un gobernante de tu pueblo” (v. 5).
Hechos 23:6 dice: “Entonces Pablo, sabiendo que una parte del concilio era de saduceos y otra de fariseos, exclamó: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga”. Los fariseos eran la secta religiosa más estricta de los judíos (26:5), formada aproximadamente en el año 200 a. C.
Se enorgullecían de su superior santidad de vida, devoción a Dios y conocimiento de las Escrituras. En realidad, se habían degradado en fingimiento e hipocresía (Mt 23:2-33). Los saduceos eran otra secta del judaísmo. No creían en la resurrección, en ángeles ni en espíritus. Mientras que los fariseos eran considerados ortodoxos, los saduceos eran los antiguos modernistas.
Cuando Pablo declaró ser fariseo y estar siendo juzgado acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos, “se produjo un gran conflicto entre fariseos y saduceos, y la multitud se dividió. Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas. Y hubo un gran clamor; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; y si un espíritu o un ángel le ha hablado, no resistamos a Dios” (vs. 7-9).
Pablo usó sabiamente esta situación en su beneficio, sabiendo que los fariseos estarían de su lado y entonces pelearían con los saduceos. Cuando vio que le convenía usar su estatus de ciudadano romano, Pablo lo hizo, y eso atemorizó a las autoridades romanas. Aquí declaró ser fariseo, sabiendo que eso causaría conflictos entre fariseos y saduceos. Una vez más ejerció sabiduría para evitar la persecución.
Como hemos visto, enfrentó a sus opositores de manera diferente a Cristo. Cuando Cristo fue juzgado por los hombres para realizar la redención, no abrió Su boca (Is 53:7; Mt 26:62-63; 27:12, 14). Pero Pablo, como apóstol fiel y valiente enviado por el Señor, ejerció sabiduría para salvar su vida de manos de sus perseguidores, a fin de cumplir con el curso de su ministerio. Para llevar a cabo este ministerio, se esforzó por vivir tanto como fuera posible.
En Hechos 23:10 leemos: “Y al intensificarse la disensión, temiendo el comandante que Pablo fuera despedazado por ellos, mandó a la tropa que descendiera y lo arrebatara de en medio de ellos y lo llevara a la fortaleza”. Esto fue la soberanía del Señor rescatando a Pablo de las manos de los judíos.
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