LA PROPAGACIÓN EN ASIA MENOR Y EUROPA
A TRAVÉS DEL MINISTERIO DE PABLO Y SUS COMPAÑEROS (28)
Leer y orar: "A la noche siguiente, el Señor, poniéndose a su lado, le dijo: ¡Ánimo! Porque así como has testificado solemnemente acerca de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma” (Hch 23:11).
ALENTADO POR EL SEÑOR
Hechos 23:11 dice: “A la noche siguiente, el Señor, poniéndose a su lado, le dijo: ¡Ánimo! Porque así como has testificado solemnemente acerca de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma”. El Señor vivía todo el tiempo en Pablo esencialmente (Gá 2:20). Ahora, para fortalecerlo y alentarlo, se puso a su lado económicamente. Esto muestra la fidelidad y el buen cuidado del Señor hacia Su siervo.
La palabra del Señor en 23:11, acerca de que Pablo testificó solemnemente acerca de Él en Jerusalén, indica que el Señor admitió que el apóstol había dado testimonio solemne acerca de Él en Jerusalén. El testimonio difiere de la mera enseñanza.
Dar testimonio exige experiencias de ver, participar y disfrutar. El Cristo ascendido no quería usar un grupo de predicadores entrenados mediante la enseñanza humana, realizando una obra de predicación para llevar a cabo Su ministerio celestial con vistas a Su propagación, a fin de que el reino de Dios fuera establecido para la edificación de las iglesias, para Su plenitud. Él quería usar un Cuerpo de testigos Suyos, mártires, que llevaran un testimonio vivo del Cristo encarnado, crucificado, resucitado y ascendido.
Los testigos llevan un testimonio vivo del Cristo resucitado y ascendido en vida. Difieren de los predicadores que predican meras doctrinas en letras. En Su encarnación, Cristo llevó a cabo Su ministerio en la tierra, como registran los Evangelios. Lo hizo sembrándose como semilla del reino de Dios, únicamente en la tierra judía.
En ascensión, Él lleva a cabo Su ministerio en los cielos, como registra Hechos, por medio de testigos en Su vida de resurrección y con el poder y autoridad de Su ascensión para esparcirse como el desarrollo del reino de Dios, desde Jerusalén hasta los confines de la tierra, como la consumación de Su ministerio en el Nuevo Testamento. Todos los apóstoles y discípulos en Hechos eran tales testigos de Cristo.
Como veremos, en 26:16 Pablo testificó que el Señor lo constituyó ministro y testigo. Un ministro se enfoca en el ministerio; un testigo se enfoca en el testimonio. El ministerio se relaciona principalmente con la obra, con lo que el ministro hace; el testimonio se relaciona con la persona, con lo que el testigo es.
Satanás podía incitar a los religiosos judíos y utilizar a los políticos gentiles para atar a los apóstoles y sus ministerios evangélicos, pero no podía atar a los testigos vivos de Cristo y sus testimonios vivos. Cuanto más los religiosos judíos y políticos gentiles ataban a los apóstoles y su ministerio evangélico, más fuertes y más brillantes se volvían esos mártires, esos testigos de Cristo y sus testimonios vivos.
El Señor en 23:11, al aparecer al apóstol, indicó que entonces no lo rescataría de las cadenas, sino que lo dejaría en cadenas y lo llevaría a Roma, para que testificara acerca de Él tal como lo había hecho en Jerusalén. El Señor lo alentó a hacer esto.
En 23:11 el Señor dijo a Pablo que él testificaría acerca de Él en Roma. Esto cumpliría el deseo de Pablo, expresado en 19:21, de ver Roma. Más tarde, tanto la promesa del Señor como el deseo de Pablo se cumplieron. Pablo fue fortalecido y alentado por la palabra del Señor en el versículo 11. Esa palabra le garantizó que el Señor lo llevaría en seguridad de Jerusalén a Roma. Asegurado por esa palabra clara de la boca del Señor, él sabía que iría a Roma y allí daría testimonio del Señor Jesús.
LA CONSPIRACIÓN DE LOS JUDÍOS
Hechos 23:12-15 describe la conspiración de los judíos contra Pablo. En los versículos 12 y 13 leemos: “Cuando amaneció, los judíos se reunieron y, bajo anatema, juraron que no comerían ni beberían hasta que mataran a Pablo. Eran más de cuarenta los que participaron en esta conspiración”. La conspiración en los versículos 12 a 15 manifestó la falsedad y el odio satánico (Jn 8:44; Mt 23:34) existentes en los religiosos hipócritas del judaísmo.
En estos versículos vemos cuán furiosos estaban los judíos contra Pablo y el odio que le tenían. Los cuarenta judíos que participaron en la conspiración quizás fueran jóvenes; ellos fueron a los principales sacerdotes y ancianos y dijeron: “Hemos jurado, bajo pena de anatema, no comer nada hasta que matemos a Pablo. Ahora, pues, notificad al comandante, junto con el Sanedrín, que os lo presente como si estuvierais para investigar más cuidadosamente su causa; y nosotros, antes de que llegue, estaremos listos para asesinarlo” (vs. 14-15).
Literalmente los términos griegos traducidos “hemos jurado, bajo pena de anatema” significan “nos hemos maldecido con maldición”. Es una expresión muy enfática. Parece que los cuarenta conspiradores querían decir que si no lograban matar a Pablo, entonces ellos mismos no vivirían más. Es probable que tuvieran la intención de matarlo en veinticuatro horas. El plan de ellos era tenderle una emboscada cuando él fuera llevado a los principales sacerdotes y ancianos para una investigación más detallada.
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