lunes, 20 de enero de 2025

Estudio de Hechos, capítulo 26, mensaje 67, semana 31, martes

ESTUDIO DIARIO DE HECHOS
MENSAJE SESENTA Y OCHO

LA PROPAGACIÓN EN ASIA MENOR Y EUROPA
POR MEDIO DEL MINISTERIO DE PABLO Y SUS COMPAÑEROS (34)

SEMANA 31 – MARTES
Lectura Bíblica: Hch 26:1-32

Leer y orar: “¿Por qué se juzga increíble entre vosotros que Dios resucite a los muertos?" (Hch 26:8)


En este mensaje comenzaremos a considerar la defensa de Pablo ante Agripa y el juicio pronunciado por Agripa (26:1-32).


LA PETICIÓN DE PABLO A AGRIPA Y SU VIDA COMO FARISEO

Después de que Agripa le dijo a Pablo que tenía permitido hablar en su defensa, Pablo extendió la mano y comenzó a defenderse diciendo: “Me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que hoy haya de defenderme ante ti de todas las acusaciones hechas contra mí por los judíos; mayormente porque eres experto en todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos; por lo cual te ruego que me oigas con paciencia” (vs. 2-3).

Como hemos dicho varias veces, al enfrentarse a los opositores, era necesario que Pablo se defendiera para salvar su propia vida de las manos de los perseguidores. De este modo, podría cumplir con el curso de su ministerio. Pablo apeló a Agripa como alguien entendido en todas las costumbres y cuestiones de los judíos. Los términos griegos traducidos como “mayormente porque eres experto” también pueden traducirse como “porque eres especialmente entendido”.

En los versículos 4 y 5, Pablo continuó: “Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, viví como fariseo, conforme a la secta más rigurosa de nuestra religión”.

Aquí Pablo se justificó diciendo que, incluso antes de convertirse, era alguien adecuado y había tenido una vida rigurosa como fariseo. Naturalmente, ante los ojos de Dios, no era adecuado. Sin embargo, humanamente hablando, tuvo una vida adecuada, y no había motivo para condenarlo.

LA IMPORTANCIA DE LA RESURRECCIÓN

En los versículos 6 al 8, Pablo habló sobre la resurrección: “Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres, soy acusado por los judíos; la cual esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos. ¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros cosa increíble que Dios resucite a los muertos?”. En el versículo 6, el término griego traducido como “por la esperanza” literalmente significa “sobre” o “basado en”.

En estos versículos, Pablo indica que, en contraste con los saduceos, siempre creyó en la resurrección. La resurrección se enseña en el Antiguo Testamento, especialmente en Daniel 12. Es algo que requiere nuestra cuidadosa consideración.

En la Biblia, la resurrección implica el juicio venidero, y el juicio implica escatología. La resurrección, por lo tanto, está relacionada con nuestro futuro eterno: si seremos felices en la eternidad o sufriremos la perdición. El futuro eterno de una persona depende del juicio, y el juicio requiere la resurrección. De ahí que veamos que la resurrección es importante en las Escrituras, pues tiene que ver con nuestro destino eterno.

Incluso antes de convertirse, Pablo, como fariseo, creía en la resurrección. El Señor Jesús habló claramente sobre la resurrección en Juan 5:28-29: “No os maravilléis de esto; porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán Su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”. Hemos visto que la resurrección de vida es la resurrección de los creyentes salvos, que ocurrirá antes del milenio (Ap 20:4, 6; 1 Co 15:23, 52; 1 Ts 4:16).

Los creyentes muertos resucitarán para disfrutar la vida eterna en el regreso del Señor Jesús. La resurrección de condenación, que ocurrirá después del milenio, es la resurrección de los incrédulos (Ap 20:5, 12). Todos los incrédulos muertos resucitarán después de los mil años para ser juzgados ante el gran trono blanco (Ap 20:11-15). Incluso antes de ser salvo, Pablo creía en la resurrección de vida y en la de condenación, como enseña Daniel 12:2.

Disfruta más: Himno 188

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