Leer y orar: “Y caímos todos nosotros en tierra, y oí una voz que me decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” (Hch 26:14)
PRACTICÓ MUCHAS COSAS
CONTRA EL NOMBRE DE JESÚS
En Hch 26:9-11 Pablo admitió ante Agripa que practicó muchas cosas contra el nombre de Jesús: “Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret; lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto. Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extranjeras.”
El término griego traducido como “extranjeras” en el versículo 11 significa literalmente “de afuera”. Pablo no solo se oponía a Jesús, el Nazareno; también lo atacaba. En su ceguera, consideraba al Señor Jesús como un simple nazareno pobre. Atacó tanto el nombre de Jesús, el Nazareno, que encarceló a muchos santos. Ahora, delante de Agripa, confesó sus actos insensatos.
LA APARICIÓN DEL SEÑOR
Pablo continuó diciendo a Agripa que mientras iba camino a perseguir a los que invocaban el nombre del Señor Jesús, él mismo fue ganado por el Señor: “Ocupado en esto, iba yo a Damasco con poderes y en comisión de los principales sacerdotes, cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (vs. 12-15).
Ya hemos señalado que este “me” es corporativo, incluyendo a Jesús, el Señor, y a todos los creyentes. También vimos que Pablo espontáneamente llamó a Jesús Señor, aun sin conocerlo.
DESIGNADO MINISTRO Y TESTIGO
Cuando el Señor Jesús se apareció a Pablo, lo comisionó, designándolo como ministro y testigo. Al respecto, el Señor le dijo: “Pero levántate y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti” (v. 16 – RVR).
Aquí vemos que Dios designó a Pablo como ministro y también como testigo. Un ministro está orientado hacia el ministerio; un testigo está orientado hacia el testimonio. El ministerio se relaciona principalmente con la obra, con lo que el ministro hace. El testimonio se relaciona con la persona, con lo que el testigo es.
El Cristo ascendido quiere llevar a cabo Su ministerio celestial para propagarse, a fin de que el reino de Dios sea establecido para la edificación de las iglesias para Su expresión.
Debemos ser impresionados por el hecho de que, para llevar a cabo tal ministerio, el Cristo ascendido no quiere un grupo de predicadores entrenados por enseñanzas humanas para hacer una obra de predicación. Más bien, Él quiere usar un cuerpo de Sus testigos, que lleven un testimonio vivo del Cristo encarnado, crucificado, resucitado y ascendido.
De acuerdo con el libro de Hechos, Satanás podía instigar a los religiosos judíos y utilizar a los políticos gentiles para atar a los apóstoles y su ministerio evangélico, pero no podía atar a los testigos vivos de Cristo y su testimonio vivo. Cuanto más los religiosos judíos y los políticos gentiles ataban a los apóstoles y su ministerio evangélico, más fuertes y brillantes se hacían esos testigos de Cristo y más vivo su testimonio.
En Su aparición a Pablo en el camino a Damasco, el Señor le dijo claramente que lo designaba no solo como ministro, sino también como testigo. Vimos que, como testigo vivo de Cristo, Pablo había testificado acerca de Él en Jerusalén y lo haría en Roma (Hch 23:11).
En Hch 1:8 el Señor dijo a los discípulos: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Los testigos son los que llevan un testimonio vivo del Cristo resucitado y ascendido en vida. Son diferentes de los predicadores que simplemente predican doctrinas en letras.
Como está registrado en Hechos, el Cristo ascendido lleva a cabo Su ministerio en los cielos por medio de estos testigos en Su vida de resurrección y con el poder y autoridad de Su ascensión para expandirse, como desarrollo del reino de Dios, hasta lo último de la tierra. En todas las tribulaciones por las que Pablo pasó, él no solo enseñaba o ministraba; él continuamente daba testimonio.
Fue testigo ante los opositores judíos y el comandante romano. También fue testigo ante Félix, el gobernador de Judea, y Festo, quien sucedió a Félix en el gobierno. Ahora, en Hechos 26, vemos que nuevamente es un testigo vivo, esta vez ante Agripa. Sin embargo, no predicó a Agripa diciendo: “Rey Agripa, debe saber que soy un testigo de Cristo”. En cambio, le testificó que el Señor lo encontró y lo designó como ministro y testigo.
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