Leer y orar: "Pablo, no temas! Es necesario que comparescas ante César, y he aquí que Dios, por su gracia, te ha dado a todos los que navegan contigo" (Hch 27:24)
En los capítulos veintisiete y veintiocho de Hechos, Lucas nos da una larga narración del viaje de Pablo de Cesarea a Roma. Podemos preguntarnos por qué incluye tal registro largo y detallado. En ciertas cosas es muy sucinto, pero el relato de este viaje es bien detallado y vívido. Después de considerar esto, creo que la razón de este registro detallado es que quiere presentar un cuadro que transmita algunos temas importantes.
EL ATAQUE DE SATANÁS
El primero de los puntos transmitidos en la larga narrativa que Lucas hizo del viaje de Pablo es el ataque de Satanás al apóstol. Satanás lo atacaba constantemente desde las sombras. Esa es la razón por la que el viaje fue difícil, con muchos sufrimientos, y demoró tanto. El tiempo, especialmente, estaba muy malo.
Hechos 27:4 dice: "Partiendo de allí, navegamos bajo la protección de Chipre, porque los vientos eran contrarios". Más tarde, embarcados en un barco de Alejandría, navegaron lentamente muchos días y llegaron con dificultad frente a Cnido (v. 7). Luego, con dificultad, llegaron a un lugar llamado Puertos Buenos. Finalmente, después de hacerse al mar nuevamente, "se desató, del lado de la isla, un tifón de viento, llamado Euroaquilón" (v. 14). Satanás estaba detrás de estas dificultades, atacando al apóstol.
EL CUIDADO SOBERANO DEL SEÑOR
En el cuadro retratado en Hechos 27-28 también vemos el cuidado soberano del Señor. Él está por encima de todas las cosas, incluso del viento y las tormentas. Él era soberano sobre el centurión llamado Julio, que llevó a Pablo a Roma, y sobre todos los soldados que estaban con él. En su soberanía, el Señor hizo que este centurión tratara a Pablo con humanidad.
Respecto a esto, en 27:3 leemos: "Al día siguiente, llegamos a Sidón, y Julio, tratándo a Pablo con humanidad, le permitió ir a ver a los amigos y obtener asistencia". Probablemente algunos soldados lo acompañaron y es probable que aún estuviera encadenado. Sin embargo, el Señor soberanamente cuidó de él.
En su soberanía, el Señor también envió un ángel a Pablo en medio de la violenta tormenta, cuando los que estaban en el barco ya habían perdido toda esperanza de salvarse (vs. 20, 23). Pablo testificó que un ángel le había dicho: "Pablo, no temas! Es necesario que comparescas ante César, y he aquí que Dios, por su gracia, te ha dado a todos los que navegan contigo" (v. 24). Como veremos, estas palabras indican que él tenía un pequeño reino en el barco, compuesto por doscientos setenta y seis ciudadanos.
Lucas y Aristarco, un macedonio de Tesalónica, estaban con Pablo en el barco. Lucas desempeñaba la función de médico, cuidando su salud y de relator, registrando los detalles del viaje. Agradecemos al Señor por este registro. Cuanto más lo leemos, más nos damos cuenta de cuán significativo es. En el relato detallado de este viaje vemos que el Señor controlaba los ataques de Satanás. Todo sucedió en el momento justo, para que la vida de Pablo fuera preservada.
LA VIDA DE PABLO
El cuadro en estos capítulos de Hechos también nos muestra la vida, el comportamiento y el carácter de Pablo. Vemos la ascendencia que tenía en esta situación. También vemos la sabiduría y dignidad de su vida humana. Sin duda, su vida era vivir Cristo y engrandecerlo.
Si leemos este pasaje cuidadosamente, veremos que Pablo vivía de la manera en que aspiraba vivir en Filipenses 3, donde dice que buscaba a Cristo para ser hallado en Él (vs. 9, 12). Cuando leo Hechos 27-28, lo encuentro en Cristo. En un viaje duro y difícil, vivió con ascendencia y dignidad, lleno de sabiduría. Aunque era prisionero, se comportaba como un rey. Además, tenía percepción y sabiduría para tratar con los asuntos.
Sin duda, el Señor estaba con él. Por un lado, era prisionero, uno entre doscientos setenta y seis pasajeros. Por otro lado, era el centro de la situación, ya sea en el barco, ya sea en la isla donde pasaron el invierno después de que el barco fuera destruido. En todas las circunstancias vivía con ascendencia.
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