CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR
SEMANA 1 - MIÉRCOLES
Lectura Bíblica: Gn 8:1-5; 22:1-2; Éx 19:20; 1 R 18:42; Is 6:8; Mt 5:1; 8:19-29; 16:24-97; Lc 9:59-62; Ro 9:15-18; Ef 2:4-5, 8; Flp 3:7-8; 2 Ti 4:6-8; Ap 1:9-10; 21:10
Leer y orar: “Entonces, acercándose a Él un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Pero Jesús le respondió: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza." (Mt 8:19-20)
PAGAR UN PRECIO
La visitación del Señor marca el inicio del uso del hombre por Dios. Sin la visitación del Señor, no tenemos cómo ser llamados. De este modo, es responsabilidad del Señor visitarnos. No obstante, la Biblia nos revela que, aunque el Señor tiene la responsabilidad de visitarnos, también tenemos una responsabilidad: pagar un precio (Mt 8:19-29; 16:24-97; Lc 9:59-62).
Moisés y David, en el Antiguo Testamento, y Pablo y Pedro, en el Nuevo Testamento, pagaron un precio mediante la visitación del Señor. Cuando el Señor se encontró con Pablo en el camino a Damasco, no le concedió poder, revelación ni dones de inmediato. Por el contrario, el Señor le dijo que entrara en la ciudad y dejara que un pequeño discípulo llamado Ananías le dijera, en pocas palabras, lo que tenía que hacer (Hch 9:5b-6, 10-17).
Como estaba dispuesto a pagar el precio, Pablo fue grandemente usado por el Señor (Flp 3:7-8). Por un lado, el Señor siempre visita al hombre, pero, por otro lado, el hombre debe siempre pagar un precio. Por lo tanto, nuestra utilidad para el Señor comienza con Su visitación, pero también depende de nuestra disposición a pagar un precio.
El precio que se debe pagar después de responder al llamado del Señor no tiene límites. Nadie puede decir que ha pagado todo el precio y que no hay nada más que pagar. Ni siquiera el apóstol Pablo pudo decirlo. Por el contrario, siempre se olvidaba de lo que quedaba atrás y avanzaba hacia lo que tenía por delante, prosiguiendo hacia la meta, hasta que, un día, incluso renunció a su propia vida (vs. 12-14; 2 Ti 4:6-8).
Cuando escribió el capítulo cuatro de 2 Timoteo, Pablo ya había pagado casi todo el precio que podía; sin embargo, continuó avanzando. Todos hemos sido visitados por el Señor, y las visitaciones que hemos recibido han sido las mismas. No obstante, debido a las diferencias en el precio que cada uno de nosotros ha pagado, nuestra utilidad en las manos del Señor puede ser diferente de la de los demás. Como Pablo pagó un precio mayor que los demás, su utilidad también fue mayor que la de los demás.
Algunos pueden decir que el Señor tiene misericordia de quien Él quiere (Ro 9:18). Sin embargo, esta palabra fue dicha acerca de los gentiles, como Faraón, que aún no habían sido visitados por Dios (vs. 15-17). Nosotros, que hemos sido salvados por la gracia, ya hemos recibido la visitación del Señor (Ef 2:4-5, 8).
Por lo tanto, ahora la pregunta no es si hemos recibido la visitación del Señor, sino si estamos dispuestos a pagar un precio. Nuestra utilidad en las manos del Señor depende totalmente del precio que paguemos. Si pagamos un precio alto, nuestra utilidad será grande; si pagamos un precio bajo, nuestra utilidad será limitada.
A lo largo de los años, la visitación del Señor no ha sido rara, sin embargo, Él siempre gime porque el precio que estamos dispuestos a pagar es muy bajo. Esta es la razón por la que la obra del Señor, hoy, solo puede avanzar lentamente y el Señor aún no puede volver. La Biblia nos revela claramente que el Señor espera que el hombre pague un precio y sea usado por Él respondiendo a Su llamado.
En Isaías 6:8, el Señor dijo: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”. Tal vez no tengamos una comprensión suficientemente profunda de esta palabra. Esta palabra implica que, en el universo, el Señor tiene un gran deseo en Su corazón y espera que el hombre responda a Su llamado. Él pretende obrar en cualquier época, sin embargo, faltan personas dispuestas a pagar el precio y responder a Su llamado.
Cada vez que haya alguien en la tierra dispuesto a pagar el precio y responder al llamado del Señor, el Señor ciertamente lo usará. La amplitud de la respuesta humana determina la amplitud del uso que el Señor hará del hombre.
EL SIGNIFICADO BÍBLICO DE
“SUBIR A LA MONTAÑA”
La primera persona en la Biblia que “subió a la montaña” fue Noé. Él llegó al monte Ararat mientras estaba en el arca, pasando por el diluvio (Gn 8:1-5). El énfasis del juicio mediante el diluvio no estaba en juzgar el pecado, sino el mundo que ofendía a Dios. El hecho de que Noé subiera a la montaña simboliza que estaba siendo liberado del juicio y escapando de todas las situaciones de rebelión contra Dios.
Cuando llegó al monte, todas las situaciones de rebelión contra Dios cesaron. Por lo tanto, subir a la montaña en la Biblia para estar en la presencia de Dios indica, primero, estar libre de la rebelión. Aunque todo el mundo haya caído en un estado de rebelión contra Dios, los que fueron a la montaña con Noé escaparon de la rebelión.
Segundo, indica ascensión a los cielos mediante la muerte y resurrección. Una vez que quedó libre de la rebelión y pasó por el diluvio, un tipo de experiencia de muerte y resurrección, Noé entró en una nueva era para representar la autoridad de Dios en la tierra. El significado de que Noé subiera a la montaña es el mismo que el de todos los que subieron a la montaña después de él.
Cada vez que Dios lleva a una persona a subir una montaña, Su intención es que sea liberada de la rebelión y pase por la muerte y resurrección, a fin de llegar a una condición de representar la autoridad de Dios en la tierra. En esto se resume el significado de la experiencia del hombre de subir a la montaña.
Obtener Revelación
En la Biblia, hay otro aspecto del significado de subir a la montaña: obtener revelación. En muchos ejemplos, desde la subida de Abraham al monte Moriah (Gn 22:1-2) hasta la permanencia de Juan en la isla de Patmos (Ap 1:9; 21:10), la énfasis dada a estas experiencias en las Escrituras es el recibir la revelación.
El hecho de que sea necesario subir a la montaña para recibir revelación indica que, para recibirla, es preciso pagar un precio. En otras palabras, subir a la montaña es pagar un precio.
Si queremos recibir revelación, necesitamos sinceramente tomar la decisión de pagar un precio y acercarnos al Señor. Todos debemos aprender esta lección.
Disfrute más: Himno 65
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