sábado, 22 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 1, capítulo 2, sábado

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 1 - SÁBADO

Lectura Bíblica: 1 S 2:12-17; Mt 25:14-30

Leer y orar: "Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor." (Mt 25:22-23)


Estar desesperados por la situación de las personas
a fin de predicar la palabra eficazmente

En cada una de las cincuenta y dos semanas del año hay reunión de predicación de mensaje el domingo en la iglesia en Taipéi. ¿Acaso los que ministran la palabra ayunan y oran antes de predicarla? Es obvio que no existe reglamento que exija que hagan esto, pues sería inútil.

Los hermanos necesitan comprender que conducir la palabra de Dios equivale a conducir el alma de los hombres. Los santos vienen a las reuniones semana tras semana a fin de escucharnos, por lo tanto eso debe pesar sobre nosotros. Si pasados tres meses no hay cambio en su vida, no debemos estar tranquilos.

Puede compararse esta situación con la de un comerciante que no puede dormir tranquilamente cuando pasa dos semanas sin hacer negocios y no puede comer cuando no tiene ganancia por tres meses seguidos. Estará tremendamente afligido y preocupado.

Muchos que tienen negocios vienen hasta mí. Aunque solo se sientan sin decir nada, puedo sentir el peso dentro de ellos y percibir que tienen dificultades en los negocios. ¿Acaso los que transmiten la palabra están afligidos por las almas que no han cambiado después de tres meses? El propietario de una tienda que no tiene clientes no podría seguir trabajando como si todo estuviera bien. Él analizaría la situación y encontraría una forma de cambiarla. ¿Cómo pueden los que ministran la palabra continuar como siempre cuando no obtienen ningún beneficio? No podemos pensar que simplemente hablar desde el púlpito semana tras semana es suficiente.

Cuando el hermano Nee inició su obra en Foochow [capital de la provincia de Fujian, en el sureste de China], él ayunaba y oraba todos los sábados por la reunión de predicación del evangelio el domingo. Él meditaba delante del Señor qué hablar y cómo hablar. Él consideraba qué palabra necesitaban escuchar los pecadores. Como ayunaba y oraba con pesado encargo, sus palabras eran siempre muy eficaces y más tarde fueron publicadas en forma de mensajes.

Muchos que son usados por el Señor tienen encargo en su ministerio de la palabra. Cuando Peace Wang era joven, tuvo una obra de avivamiento exitosa. Ella siempre se arrodillaba en la presencia del Señor y pasaba largo tiempo llorando y afligiéndose por los pecadores. Así, cuando se levantaba para hablar, sus palabras eran siempre vivas y eficaces.

Servir con encargo

Tenemos nuestro servicio bien organizado, sin embargo nos falta encargo. Tener encargo significa tener una meta que alcanzar. Si aún no alcanzamos la meta o somos incapaces de producir los resultados esperados, debemos preocuparnos. Si somos capaces de servir aun sin alcanzar ningún resultado, es porque no tenemos encargo. Mantener esta actitud indica falta de encargo. Nuestro ministerio de la palabra nunca debe llegar a este punto. Por consiguiente, los que ministran la palabra necesitan tener serio encargo delante del Señor, no teniendo sosiego para descansar o comer, y hasta inquietando a los demás para que tampoco tengan paz.

Puede compararse esto a la ciudad de Jerusalén que no tuvo paz cuando el Señor Jesús nació (Mt 2:1-18). Los que hablan por el Señor necesitan estar sensibles para inquietar a los santos hasta el punto de que no tengan paz interior. Cuando no tengan paz, nosotros podremos tener paz. Los santos no pueden amar al mundo en paz. Los santos no pueden amar al mundo y amar al Señor. No pueden ser tibios. Los que sirven al Señor necesitan tener este tipo de encargo.

Muchos son empleados de grandes empresas. Trabajan un número cierto de horas todos los días y simplemente hacen las tareas que les fueron asignadas. No cometen grandes errores y no les importa si la empresa tiene ganancia o no. Son empleados sin encargo; sirven sin encargo. Si no ganamos nada en el primer día de nuestro negocio propio, debemos preocuparnos por nuestro sustento. Si los que sirven, sea en el servicio de niños o de jóvenes, tienen esta conciencia, serán exitosos.

Reclamar que fracasamos por ser débiles demuestra falta de encargo. Todos los que sirven deben tener encargo hasta el punto de sentirse responsables si la obra no es exitosa. Debe ser como un empresario que piensa en su negocio incluso mientras duerme.

Disfrute más: Himno 398

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