CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR
CAPÍTULO SEIS
SEMANA 3 - LUNES
Lectura bíblica: Jr 18:1-6; 2 Co 3:18
El día en que fuimos salvos, la vida de Cristo entró en nosotros. Si amáramos al Señor cada vez más, si nos consagráramos a Él, si abandonáramos nuestro futuro, si dejáramos que nuestra vida natural fuera quebrantada y nuestra disposición transformada, si siguiéramos la luz espiritual y viviéramos en Cristo, la vida que está en nosotros tendría la oportunidad de crecer.
Este crecimiento de la vida es nuestra función, nuestro servicio. Finalmente, la función de profeta se manifiesta en un hermano, mientras que la función de maestro se manifiesta en otro. En un tercer hermano brota la función de presbítero, la función de diácono brota de otro y la función de aquel que demuestra misericordia, en otro. Todos los tipos de funciones cristianas nacen de la vida interior.
Las funciones para el servicio al Señor no se aprenden en seminarios. Son, antes, fruto del crecimiento de la vida interior. Una persona que sirve al Señor no necesariamente tiene un diploma, pero ciertamente es miembro del Cuerpo. La función de todo miembro depende del crecimiento y la fuerza de la vida que hay en él. ¿Cómo crece un niño hasta ser adulto? Su crecimiento no requiere enseñanza. Solo requiere provisión para alimentarse adecuadamente y cumplir con los requisitos del crecimiento en la vida. Entonces, un día, naturalmente crecerá y llegará a ser adulto.
Muchos piensan que solo los que son muy sabios pueden ser usados por el Señor y, dado que ellos mismos son insensatos, jamás podrían ser usados por el Señor. Esto no es verdad. No digas: “No tengo elocuencia, no sé hablar y no puedo predicar la palabra, entonces ¿en qué soy bueno? Solo los que tienen un alto grado de elocuencia, que pueden hablar con fluidez y sin parar, son realmente buenos en algo. Solo ellos pueden ser realmente usados por el Señor”. Esto no es verdad.
Si somos o no útiles para el Señor depende exclusivamente de si la vida del Señor ha tenido o no la oportunidad de crecer en nosotros. Debemos preguntarnos a nosotros mismos: “¿Amo al Señor? ¿Me consagré a Él? ¿Le doy al Señor la oportunidad de crecer? ¿Permito que la vida del Señor tenga lugar en mí? ¿He dejado a un lado mi futuro? ¿Estoy dispuesto a dejar que la vida natural y la carne sean quebrantadas y eliminadas, permitiéndome ser puesto a un lado?”
Ser usados en la mano del Señor no tiene que ver con habilidad y capacidad de ser útiles, sino con el crecimiento de la vida en nosotros.
Esto es una verdad: el grado en que una persona da lugar a la vida del Señor es la extensión de su utilidad en la mano del Señor. Compartamos un pequeño testimonio.
Lo que soy ahora es completamente diferente de lo que era cuando era niño. En mi infancia, era tímido y aislado. No me gustaba estar con los demás, prefería quedarme sentado solo, siempre evitando a los otros. En la escuela, hablaba muy poco. No me gustaba participar en actividades y casi no tenía contacto con las personas. En casa, cuando llegaban visitas, encontraba una oportunidad para escapar porque, cada vez que veía personas, me ruborizaba y mis labios temblaban cuando hablaba. Así era yo naturalmente.
Sin embargo, un día, el Señor me llamó para que me levantara y hablara en Su nombre, y, a partir de ese día, comencé a consagrarme diariamente, el Señor trataba conmigo todos los días y yo aprendía a vivir en el Señor cada día. En 1947, en Shanghái, conocí a un hermano que me dijo: “Hermano Lee, cuando joven, debiste haber sido un estudiante muy popular y un hábil orador”. Respondí: “Hermano, te equivocaste. Si le preguntaras eso a mis compañeros de clase, descubrirías que soy totalmente diferente de lo que era cuando joven. Es como si fueran dos personas diferentes”.
Independientemente de lo que seas en tu hombre natural, cuando estás dispuesto a dar lugar a la vida de Cristo, Él vivirá en tu lugar. Él transformará tu ser y hará de ti una persona diferente, completamente diferente de lo que eras antes. Antes no te gustaban las actividades, pero ahora Él quiere que seas activo. Tal vez no te gustaba la tranquilidad, pero ahora Él quiere que seas tranquilo. Tal vez no te gustaba hablar, pero ahora Él quiere que hables. Tal vez no te gustaba hacer contacto con las personas, pero ahora Él quiere que las contactes, Él te transformará completamente.
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