martes, 11 de marzo de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 3, capítulo 6, martes

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO SEIS

SEMANA 3 - MARTES

Lectura Bíblica: Rm 12

Leer y orar: "Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así también nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros," (Rm 12:4-5)


SERVIR AL SEÑOR AL MISMO TIEMPO QUE
CONFIAMOS EN LA FUENTE INTERIOR DE VIDA (2)

En los primeros días, casi cada vez que me levantaba para hablar en nombre del Señor, tenía problemas de estómago y el dolor era indescriptible. Todo lo que podía hacer era orar y consagrarme, y luego, la próxima vez que hablaba, tenía que orar y consagrarme nuevamente. Era porque estaba desesperado que, en la mano del Señor, podía avanzar. Ahí es donde está nuestra utilidad. La utilidad no es algo que tengamos naturalmente ni que nazca con nosotros. Por el contrario, solo cuando Cristo encuentre una forma, una oportunidad y un medio de manifestarse a través de nosotros, seremos útiles.

Una hermana anciana me dice con frecuencia: "Hermano Lee, parece que nunca dejarás de hablar. Después de hablar, tienes más para hablar". En realidad, el hecho de que pueda estar aquí se debe totalmente a la misericordia y gracia de Dios. Tengo tantas cosas que decir porque dentro de mí hay una fuente: la fuente inagotable de la vida eterna. La única duda es si lo limitaremos o no. Si lo limitamos, estaremos acabados y no tendremos nada. Lo que aprendemos en la mente es muy limitado, pero la fuente de vida que existe en nosotros es ilimitada.

Puedo testificar que muchas veces lo que hablé en el púlpito fue algo en lo que ni siquiera había pensado media hora antes de la reunión. Descubrí un secreto: cada vez que voy a hablar, necesito consagrarme mucho. Mi oración es: "Señor, aquí está una persona que tal vez haya sido un poco descuidada otras veces, pero que esta vez quiere ponerse completamente en Tus manos, dejarse completamente de lado y olvidarse absolutamente de sí misma. Señor, que Tú te manifiestes. Que obres y te des a conocer a través de esta persona".

A veces hacía esto media hora antes de la reunión, pero en otras ocasiones, justo después del primer himno, alguien se acercaba a mí y decía: "Hermano Lee, por favor, hable". En esos momentos, ¿qué podía decir? Tenía que ceñirme, no con el cinturón exterior, sino con el cinturón interior, en ese mismo instante y decirle al Señor: "Señor, estoy en Tus manos. Por favor, manifiéstate". Era así como las palabras comenzaban a fluir y el mensaje era liberado.

Por lo tanto, servimos al Señor no cuando confiamos en nosotros mismos, sino cuando dependemos de Aquel que está en nosotros. Nuestros bienes y recursos no son las cosas naturales que poseemos; más bien, son la vida que está en nosotros, que es el Cristo vivo, el Cristo inconmensurable.

El problema es que, aunque tenemos a este Cristo, no le damos espacio. Tenemos esta vida, pero no le damos la oportunidad de crecer. No nos hemos consagrado totalmente al Señor y no hemos sido disciplinados ni quebrantados profundamente. Como no le permitimos tener espacio ni la oportunidad de crecer, Él no puede revelarse y, en consecuencia, no podemos ministrar a las personas.

Todo nuestro servicio depende de Su vida. Lo que ministramos es Su vida, y la fuerza para ministrar también es Su vida. Una vez que Él gane lugar en nosotros, pasaremos a ser útiles y podremos ministrar, servir. ¡Qué maravilloso es esto!

LA VIDA MANIFIESTA DIFERENTES FUNCIONES
PARA DIFERENTES SERVICIOS

La vida y las células sanguíneas que fluyen hacia los oídos y nos permiten oír también fluyen hacia los ojos para permitirnos ver, hacia la boca para permitirnos hablar y hacia las piernas para permitirnos caminar.

La vida es la misma y las células sanguíneas también, pero manifiestan diferentes funciones en diferentes miembros. Todos tenemos exactamente la misma vida en nosotros: la vida de Cristo. Cuando gana lugar en ti, puede manifestar la función de maestro. Cuando gana lugar en otra persona, puede manifestar la función de anciano. Cuando gana lugar en mí, puede manifestar la función de diácono. Aunque las funciones manifestadas sean diferentes, la vida sigue siendo una sola, y Cristo sigue siendo uno solo.

La diferencia no está en la naturaleza, sino en la función, y las diferentes funciones son para diferentes servicios. El servicio es fruto de esto y está basado en esto. Cuando la vida de Cristo gane lugar en nosotros, manifestará una función. Esto es ministerio y servicio.

Disfrute más: Himno 425

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