CAPÍTULO TRES - NO HACER UNA OBRA DE
DEMOLICIÓN EN EL SERVICIO DE LA IGLESIA
SEMANA 3 - LUNES
Leer y orar: "para que no haya división en el cuerpo; por el contrario, cooperen los miembros, con igual cuidado, en favor unos de otros." (1 Co 12:25)
LA EDIFICACIÓN SE DESTINA AL APOYO MUTUOY A SUPLIR UNOS A OTROS
Nuestro problema es que nos consideramos muy listos y capaces, al punto de no necesitar unos de otros; sin embargo, siempre estamos pisando a los demás. Esto es indicación de discordia con un elemento de demolición. Esto no es edificación.
Los que de hecho edifican la iglesia perciben que no pueden actuar de forma independiente ni vivir aparte de los demás. Sienten que necesitan unos de otros. Cuando ministra la palabra, este hermano sabe que necesita que los demás oren por él a fin de proporcionarle apoyo en su espíritu. Este espíritu parece haber desaparecido de nuestro medio.
Los que ministran la palabra no parecen necesitar las oraciones de los demás y los que los escuchan no poseen tal espíritu de apoyo; solo oyen a quienes les hablan y hacen comparaciones. Tal espíritu es intolerable.
Cuando la semilla de la discordia en nuestro medio produce frutos, entonces la iglesia, nuestro servicio y la obra entrarán en colapso y se desmoronarán, aunque seamos muy espirituales. Nuestros esfuerzos no han llevado a las personas a estar en unanimidad con la iglesia. En vez de eso, parece que solo hemos causado disensión.
Cuanto más ayudamos a las personas, más parecen estar en desacuerdo con la iglesia y dispersas. Hay demolición, y no edificación. En particular, los hermanos que trabajan con los jóvenes no tienen un sentimiento de dependencia unos de otros.
Debemos todos tener una sola alma a fin de orar, suplir y apoyar a quien libera el mensaje. Si los que sirven al Señor están siempre en discordia en vez de estar en unanimidad, el enemigo, los santos e incluso los niños lo percibirán.
LA EDIFICACIÓN ES LA SUMISIÓN
La verdadera edificación depende de la sumisión. Someterse es estar sujeto a los demás. Cuando estamos dispuestos a someternos, tenemos edificación. La sumisión está fuera de cuestión si solo una persona hace la obra. Sin embargo, si trabajamos juntos, no debemos preocuparnos solo por nuestra obra.
Por ejemplo, la sumisión no es un tema antes del matrimonio entre un hermano y una hermana, pero después de casarse necesitan aprender a someterse. Solo cuando hay sumisión puede haber edificación. Cuando se casan, el propósito de la pareja es constituir una familia. La fundación de esta construcción depende de la sumisión.
La énfasis de la edificación no está en la obediencia, sino en la sumisión. Si la mujer no se somete al marido y el marido no se somete a la mujer, faltará edificación en la familia. Necesitamos creer que los presbíteros en una iglesia local no son descuidados en sus decisiones ni autoritarios en su actitud.
Aunque puedan sentirse débiles e insuficientes, cargan una gran responsabilidad y cuidan la iglesia con temor y temblor. Si todos los presbíteros tienen esta actitud y espíritu, sus decisiones serán merecedoras de nuestra sumisión.
APRENDER LA LECCIÓN DE LA EDIFICACIÓNE INTRODUCIR A OTROS EN EL EDIFICIO
Quien discute sobre qué libro debe estudiar la iglesia y pone en duda la decisión de los presbíteros al respecto no tiene espíritu ni actitud de sumisión. Sin sumisión, no existe edificación.
La edificación de la iglesia mediante nuestra administración y ministerio de la palabra depende de nuestra persona. Si aprendemos la lección, seremos quebrantados y conoceremos la edificación de Dios, y los que conducimos serán piedras vivas edificadas como casa espiritual.
Si nosotros mismos no somos edificados, no tendremos cómo edificar a los demás. La obra de nuestras manos no resultará en edificación. Cuantas más personas salvemos por la predicación del evangelio y enseñemos, más opiniones serán introducidas en la iglesia. A pesar de aumentar la cantidad de piedras, no habrá edificación.
La obra de Satanás es de demolición. Él ha hecho esto por dos mil años. La mayor parte de la obra de evangelización en el cristianismo atrae a las personas a creer mediante ganancias materiales. Esto es pobre y superficial, y demuestra que se ha perdido el poder del evangelio.
Cuando una iglesia está llena de disensión, su condición será de debilitamiento. Desde que vinimos a Taiwán en 1949, la iglesia en Taipéi se ha mantenido llena de frescura, sin ningún factor causante de disensión. Satanás ahora intenta realizar una obra de demolición. Cuando estamos en unanimidad, tenemos la autoridad del Espíritu Santo.
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