Leer y orar: "El chismoso revela el secreto; por tanto, no te mezcles con el que habla demasiado." (Pr 20:19)
SER CAUTELOSOS CON LAS PALABRAS PARAEVITAR DISENSIÓN Y DEMOLICIÓN
Algunos no son cautelosos con las palabras y de forma inconsciente traen disensión y demolición aunque no tengan mala intención. Por ejemplo, un asunto que fue compartido en la reunión de los ancianos en la tarde, puede esparcirse por toda la iglesia en la noche, mezclándose rumores con hechos. Esto demuestra que algunos hablan demasiado y no han aprendido la lección en el servicio de la iglesia. No tenemos ningún secreto, sin embargo, los que ya han sido transformados no hablan de manera frívola y ligera.
Por ejemplo, recientemente envié cartas invitando a algunos hermanos a una reunión, pero no se lo conté a mi esposa. Al final, ella recibió la noticia por otra hermana. Si un hermano recibe una carta, simplemente debe venir en el día señalado. No hay necesidad de contarle a otros al respecto. Este tipo de conversación casual no tiene sentido y da espacio a Satanás.
No hay nada reservado acerca de enviar cartas sobre una reunión. No divulgar la noticia de que fuiste invitado a una reunión es rechazar la carne. Tenía una seria carga de convocar una reunión, pero no se lo conté a mi esposa. Si no pude hablar ni con mi esposa sobre mi carga, ¿por qué los hermanos necesitarían preguntarle a ella sobre este asunto? Algo tan pequeño como esto puede traer disensión y demolición.
Quien ha aprendido la lección no hablará de manera descuidada en su servicio y coordinación. Aunque hablemos de varios asuntos con las personas, necesitamos conocer nuestro lugar al hablar de temas relacionados con el servicio.
Con el objetivo de ser más hospitalario con el hermano T. Austin-Sparks, busqué a alguien que supiera preparar comida occidental. Encontramos un cocinero y le pagamos, pero huyó con el dinero. Al día siguiente, un hermano escribió una carta ofreciéndose a prestar su cocinero. Me sorprendió lo rápido que se esparcieron las noticias.
Quien ha aprendido la lección del servicio jamás hablaría de tal asunto. Aunque mil cocineros huyeran, ¿por qué hablar de eso cuando el tema no tiene nada que ver con nosotros? Esto no significa que se deba mantener en secreto el comportamiento del cocinero por miedo a lo que otros puedan pensar. La Biblia registra que uno de los colaboradores de Pablo, Demas, amó este siglo (2 Ti 4:10) y Pablo exhortó a los hermanos en Éfeso diciendo que el que robaba no robara más (Ef 4:28).
Por esta razón, que un cocinero huya con el dinero no es algo tan extraño. Pero ¿por qué noticias como esta habrían de esparcirse en menos de dos días? Esto indica que necesitamos aprender la lección de no divulgar información. Esparcir información destruye.
Un hermano mencionó una vez que otros le preguntaron si él iría a servir en Taichung, a pesar de que él mismo desconocía esa información. Esta divulgación de información ocurrió entre los que sirven. No importa si ese hermano iría o no a servir en Taichung, no era necesario esparcir la información. Si ese hermano necesita tener comunión sobre su servicio en Taichung, él vendrá a tener comunión. No necesitamos hacer tantas preguntas.
Si queremos edificar la iglesia, necesitamos dejar que el Señor trate con nosotros en estos asuntos. De lo contrario, cuanto más trabajemos, más demoliremos y más disensión se producirá. Muchas palabras innecesarias pueden esparcirse por medio de los que sirven. Necesitamos pedir al Señor por Su misericordia. Los que sirven no deben hablar de manera ligera. Necesitamos aprender esta lección.
Podemos hablar con los hermanos sobre muchas cosas, pero en el servicio que prestamos no debemos ser negligentes al hablar de lo que el Señor no nos ha comisionado. En cuestiones que atañen a nuestro servicio, no debemos hablar de manera fútil. Algunos de los que sirven esparcieron una vez la siguiente información: "Los ancianos no pueden tomar ninguna decisión sobre nada. Cambian de opinión a cada momento y no nos informan sobre esos cambios". Esto demuestra que aún no han aprendido a restringirse ni a ser dirigidos por el Señor.
Aunque estén consagrados al Señor en su servicio, unas pocas frases pueden demoler la obra de todo un año. Trabajan con una mano y demuelen con la otra. Esto no es edificar. Necesitamos estar alerta para darnos cuenta de que la obra en Taipéi actualmente se encuentra en medio de la discordia y ha caído en la estrategia de Satanás. Satanás esparce la disensión por medio de nuestro servicio.
Si no resolvemos estos problemas, no tendremos edificación. Los problemas en la administración de la iglesia y en el ministerio de la palabra son el resultado del problema existente en nuestro ser. Por favor, permítanme decir una palabra fuerte: el espíritu de insubordinación opera entre nosotros. La insubordinación significa demolición y no edificación. Ser insubordinado es no edificar, no ser edificado y demoler.
CONCLUSIÓN
Para que nuestra obra edifique, muchos factores negativos en nosotros deben ser eliminados. Hay ciertas cosas que no debemos decir, ciertas actitudes que no debemos expresar y ciertas acciones que no debemos realizar. Para ser sumisos, necesitamos restringirnos en estos aspectos.
Dado que los que no se restringen no tienen conciencia de los muchos factores de disensión que operan en su interior, hay un elemento de disensión en sus palabras. No debemos exponer al Señor a la vergüenza ni fallar en nuestra consagración. Nuestra obra debe edificar, y no demoler; debe hacerse en unanimidad, y no en discordia.
Es difícil estimar cuánto quebrantamiento y restricción necesitamos para que nuestra obra sea en unanimidad y edifique a otros. Aunque esta sea una palabra fuerte, por favor, recíbanla con un corazón humilde y con mansedumbre. Tenemos una gran responsabilidad delante del Señor. Cada uno de nosotros dará cuenta a Él delante de Su tribunal. Si nuestra obra se arruina, esto impedirá que muchos reciban gracia y sean instruidos. Este es un asunto muy serio.
Necesitamos aprender no solo a trabajar, sino también a realizar una obra que edifique. Jamás debemos permitir que nuestras palabras, actitudes, acciones y forma de expresarnos produzcan alguna disensión o resulten en demolición en la iglesia.
No estamos aquí para edificar la autoridad humana; más bien, estamos aquí para edificar la iglesia de Dios, de modo que Su autoridad se manifieste en ella. Por lo tanto, hay cosas que no debemos decir, acciones que no debemos tomar y actitudes que no debemos expresar. Esto requiere que aprendamos en la presencia del Señor.
Disfruta más: Himno S-96
No hay comentarios.:
Publicar un comentario