lunes, 21 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 8, lunes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO OCHO:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
CONOCIMIENTO DE DIFERENTES CUESTIONES

SEMANA 6 - LUNES
Lectura bíblica: Mt 6:2-4; Lc 21:3; 2 Co 9:7

Leer y orar: “Mas tú, cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mt 6:3)


LA IMPORTANCIA DE CONOCER DIFERENTES CUESTIONES

En este capítulo consideraremos las diversas cuestiones que necesitamos conocer. Para la edificación de la iglesia, necesitamos conocer a las personas y muchas cuestiones. Si solo queremos ser personas celosas que predican el evangelio para salvar a los pecadores y hablan la verdad para perfeccionar a los santos, no hay necesidad de adquirir conocimiento respecto a muchas cuestiones.

Sin embargo, si queremos edificar la iglesia, necesitamos conocer a las personas y muchas cuestiones. Debemos conocer a aquellos con quienes tenemos contacto y a los que desean servir al Señor. Debemos conocer sus motivaciones, saber si su carne ya ha sido crucificada, y también conocer su espíritu. Además, debemos conocer la naturaleza, el resultado, la relación y el impacto que causan estas cuestiones.

Hay muchos aspectos de las cosas que necesitamos conocer. Por ejemplo, un hermano que ama al Señor puede decir que Él lo movió a ofrendar veinte mil dólares a la iglesia. Por un lado, debemos dar gracias al Señor y regocijarnos porque ese hermano está dispuesto a ser usado por el Señor de esta manera. Por otro lado, necesitamos tener conciencia de que esta cuestión no es simple.

Necesitamos tener entendimiento respecto a la cuestión de ofrendar, es decir, debemos comprender la motivación, naturaleza, método y propósito de la ofrenda de ese hermano. También debemos conocer los posibles resultados e influencias de su ofrenda. Si solo damos gracias al Señor y la aceptamos, nuestra obra no será para edificación de la iglesia, sino para su demolición.

Debemos buscar ser iluminados por el Señor mediante la oración y la consideración para examinar la historia y los antecedentes de la persona que hace la ofrenda. Debemos tomar en cuenta su reputación y posición en la sociedad, además del origen del dinero que ofrenda. También debemos considerar sus intenciones delante del Señor y el espíritu de su ofrenda.

Cuando los ancianos reciben una gran suma de dinero como ofrenda para la iglesia, deben dedicar tiempo a comprender cómo se obtuvo esa cantidad. Además, deben considerar seriamente los posibles efectos, directos o indirectos, de aceptarla. En otras palabras, los ancianos necesitan tener conocimiento básico acerca de esta cuestión específica.

Supongamos que otro hermano dice que desea ofrendar cincuenta mil dólares para ayudar a los hermanos necesitados. Aunque eso es algo bueno, no es tan simple. No debemos simplemente dar gracias al Señor por ese hermano, pensando que esa es una ofrenda oportuna para ayudar a los santos necesitados. No debemos pensar que, solo por distribuir cincuenta mil dólares entre los pobres de la iglesia, la iglesia será edificada. Por el contrario, debemos considerar si esa ofrenda no podría llevar a la iglesia a desmoronarse.

Esto puede compararse con una cirugía que lleva a la persona a perder la vida en lugar de curarla, o con un alimento que lleva a la persona a enfermarse en lugar de nutrirla. Para edificar la iglesia, no podemos ser simplistas hasta ese punto. Necesitamos aprender a tener una comprensión total de la situación que estamos enfrentando. Solo así podremos determinar lo que debemos hacer y cómo hacerlo.

Discernir las cuestiones se relaciona no solo con la administración de la iglesia, sino incluso con el ministerio de la palabra. Podemos predicar mensajes que desanimen en lugar de animar si nos falta conocimiento sobre determinado asunto. Por eso, si queremos aprender a edificar la iglesia, necesitamos aprender a discernir las situaciones.

Debemos aprender a conocer todas las cuestiones directa o indirectamente relacionadas con la iglesia, siempre que sean algo que podamos investigar y contactar. Nuestra capacidad para administrar la iglesia depende de nuestra habilidad para conocer a las personas y las cuestiones. Nuestra habilidad para predicar la palabra y trabajar para el Señor depende de si conocemos o no a las personas y las cuestiones.

Incluso nuestra capacidad de visitar y ayudar a las personas depende de dicho conocimiento. Algunos hermanos responsables actúan de manera impropia en la administración de la iglesia porque les falta conocimiento respecto a las diversas cuestiones.

Algunos mensajes pueden instruir a los santos, pero resultar en demolición y no en edificación de la iglesia. Esto es resultado de un conocimiento inadecuado en cuanto a las cuestiones. La falta de conocimiento también puede llevarnos a demoler la iglesia mientras tratamos de edificarla.


CUIDAR A LOS SANTOS NECESITADOS

Dos hermanos del occidente, uno de los cuales era médico, estuvieron con nosotros por un tiempo, pero su obra no nos trajo muchos beneficios. Tenían el deseo de servir con los santos, pero sentimos que no obtuvieron mucho provecho ni trajeron mucho provecho a los hermanos.

La falta de fruto no se relacionaba con la enseñanza, sino con la edificación de la iglesia. En cuanto a la edificación de la iglesia, sentimos que recibirlos en el servicio resultaría en una gran pérdida. Como siervos del Señor, no debemos chismear ni ser descuidados en nuestras conversaciones sobre este asunto. Sin embargo, el hecho es que el contacto con esos dos hermanos dio origen a muchos problemas en lugar de edificar la iglesia.

Según nuestro discernimiento, los problemas podrían surgir porque no conocíamos completamente qué tipo de personas eran. Tampoco estábamos seguros de lo que serían capaces de hacer o cuál sería el resultado de su obra. Las personas que entraron en contacto con ellos estaban confundidas e inseguras.

Ayudaron a muchos santos con sus conocimientos médicos, sin cobrar nada, e incluso pagaron gastos hospitalarios para algunos. Sin embargo, toda la obra que realizaron resultó en demolición de la iglesia, no en edificación.

Un día, mi esposa y yo fuimos a visitar al hermano que era médico. En el camino vimos a una hermana cuya hija había contraído tuberculosis y ya había sido operada por él dos veces. Ella sentía que fue por la misericordia de Dios que el hermano solo le cobrara la mitad en la primera cirugía y realizara la segunda sin cobrar nada.

Por un lado, él era amable y cuidaba de los pobres. Por otro lado, aquellos a quienes él ayudaba se sentían agradecidos con él, pero no obtenían más de Cristo. Por tanto, no era para la edificación de la iglesia. Además, aquellos a quienes él ayudaba no se sentían dignos; al contrario, se sentían inferiores a él y a los hermanos responsables.

Por esa razón, lo que este hermano hacía por amor en realidad traía demolición a la iglesia y no edificación. Si tuviera la carga de ayudar materialmente a los santos, podría aceptar los honorarios médicos y ser guiado por el Señor a colocar una cantidad en la caja de ofrendas. De ese modo, los hermanos recibirían la ayuda directamente de la mano de Dios; no se sentirían rebajados ante los hombres ni pensarían que la ayuda provenía de los hombres o de la iglesia. Solo sentirían que Dios los había visitado. Eso los edificaría con un carácter noble.

Si nuestra ayuda lleva a los hermanos a sentirse inferiores o en deuda con nosotros, demolimos la iglesia en lugar de edificarla. Nuestra ayuda no debe hacer que otros se sientan agradecidos con nosotros. En otras palabras, no deben sentirse inferiores a nosotros. No deben sentirse como nuestros beneficiarios.

Si causamos estos sentimientos en las personas, somos una institución de caridad y no la iglesia. Los santos no deben simplemente sentirse agradecidos con nosotros, con la iglesia o con los ancianos. Debemos guiarlos a Cristo. Solo este resultado produce la edificación de la iglesia.

Si mantenemos la actitud de dar limosnas, mostrar caridad o prestar asistencia a los santos necesitados, corromperemos la iglesia del Señor. Aunque la hermana cuyo hijo contrajo tuberculosis estaba muy agradecida al Señor y lo alababa por eso, todo su ser estaba corrompido. En su humillación, se volvió dependiente de los demás e incluso sumisa a ellos. Aquellos que reciben ayuda continua de otros no pueden ser edificados en el carácter y, por tanto, la iglesia tampoco puede ser edificada.

En este aspecto, los dos hermanos occidentales necesitaban realmente nuestra comunión. Sin embargo, no fuimos capaces de ayudarlos. Eso prueba que no tuvimos discernimiento respecto a estas cuestiones. Además, debido a esa falta, nuestra obra aquí no pudo edificar la iglesia. Cuando cuidamos a los hermanos necesitados, debemos considerar si nuestro cuidado es para su edificación o para su demolición. Esto depende de nuestra habilidad para discernir las cuestiones.

Disfrute más: Himno 152

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