Leer y orar: "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a los demás, ha cumplido la ley." (Ro 13:8)
RECIBIR LA AYUDA DE DIOS Y NO DEL HOMBRE
No debemos quedar en deuda con los demás. Debemos recibir nuestra ayuda de Dios y no del hombre. Los últimos cien años de obra cristiana aquí no trajeron edificación para la iglesia; más bien, trajeron daño y causaron demolición en la iglesia. Los misioneros de occidente necesitan aprender la lección de ayudar a las personas delante del Señor sin convertirlas en sus beneficiarios. Las personas deben sentir que recibieron la ayuda de Dios y no del hombre.
No es edificante para los hermanos occidentales producir en las personas el sentimiento de ser beneficiarios. Al hacerlo, se hacen superiores a los demás. Esto jamás traerá edificación para la iglesia. La iglesia fue corrompida. Cuando ayudamos en secreto, nuestra ayuda de hecho beneficia a los demás.
Los hermanos de occidente tenían buenas intenciones, pero necesitaban considerar sus actitudes. Eran impropias porque no eran constructivas. Muchos entre los hermanos se asociaron con ellos por largo tiempo, porque consideraban que todo lo que venía de occidente era bueno y útil.
Nunca pensamos que debíamos haberlos ayudado en ese aspecto, porque nos considerábamos inferiores. No debemos tener alta consideración por nosotros mismos ni debemos considerarnos inferiores. Sí necesitamos el suministro de occidente en muchas áreas, pero eso no significa que todo lo que viene de allí está correcto. Eso depende de nuestra habilidad de discernir las cosas.
Recibimos ayuda de los hermanos occidentales, pero ellos también necesitan recibir nuestra ayuda. Debemos ser humildes y recibir la ayuda de ellos, sin embargo eso no quiere decir que todo lo que poseen nos es conveniente. Los criticamos porque tenemos la esperanza de que todos aprendamos la lección.
Cuando los ancianos deciden estudiar cierto libro de la Biblia, no insistirían en otro libro si fueran experimentados en cuestiones espirituales y en el comportamiento. Esos hermanos tenían competencia en su área médica, pero en la administración de la iglesia y en cuanto a cuestiones espirituales, eran como niños aprendiendo a hablar.
Suministrar las necesidades de la iglesia no depende de cuál libro de la Biblia estudiamos. Podemos suplir las necesidades espirituales de los santos mediante cualquier libro de la Biblia. Esos hermanos no eran los responsables en la iglesia, pero dieron a los santos una impresión negativa. Antes de proporcionar suministro, corrigieron a otros; antes de exhibir sus capacidades, criticaron a otros. Eso indica falta de aprendizaje en cuestiones espirituales y falta de habilidad en tratar con los demás. Esa falta perjudica la obra de edificación de la iglesia. Por eso necesitamos aprender a conocer a las personas y a discernir las cuestiones que se presentan delante de nosotros.
Cuando aprendemos a servir al Señor, necesitamos ser capaces de discernir las situaciones. No debemos pensar que todo lo que viene de occidente es bueno. Ya hemos invitado hermanos de occidente albergando gran expectativa, sin embargo el resultado de la visita nos dejó aprehensivos. De su lado, su conducta fue inconveniente; del nuestro, no sabíamos cómo expresarnos. Tuvimos muchas "comidas occidentales", pero los hermanos de occidente se rehusaron a tener "comidas chinas". Eso es orgullo.
Es necesario discernir las situaciones para obtener la edificación de la iglesia. Si siempre apreciamos las cosas de occidente y mostramos desprecio por las de oriente, la iglesia jamás será edificada. El Señor no es solamente Señor de los judíos; también es Señor de los gentiles. De igual modo, el Señor es de los occidentales y también de los chinos.
Él no da luz y entendimiento solamente para occidente. Por esa razón, aunque no debemos ser orgullosos, tampoco debemos sentirnos inferiores. Debemos estudiar si una situación es correcta o equivocada, si es o no útil. No debemos pensar que todo lo que procede de occidente es bueno y, por lo tanto, debe ser recibido. Antes, debemos aprender a conocer a las personas y a discernir las cuestiones.
A medida que edificamos la iglesia del Señor, necesitamos aprender a discernir las cuestiones. No debemos tratar nada de forma ligera. Debemos considerar y evaluar cuidadosamente las cuestiones que involucran a nosotros y a los santos. Necesitamos considerar la fuente de cada tema y sus consecuencias antes de tomar cualquier decisión.
Necesitamos aprender esa lección. Todo médico tiene que considerar con todo cuidado la medicación que deberá recetarse a un paciente. No podemos ser precipitados y negligentes o inmaduros e imprudentes; más bien, tenemos que ser siempre cuidadosos y precavidos.
Necesitamos pasar tiempo en la presencia del Señor a fin de ponderar con todo cuidado cómo tratar con los demás. Una vez que estamos edificando la iglesia, necesitamos aprender a discernir los hechos. Eso se aplica a la administración de la iglesia, al ministerio de la palabra y a los contactos con los demás.
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