miércoles, 23 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 8, miércoles.

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO OCHO:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
CONOCIMIENTO DE DIFERENTES ASUNTOS

SEMANA 6 - MIÉRCOLES
Lectura bíblica: 1 Cr 29:9; Pr 3:9; Mr 12:43-44; 2 Co 9:7

Leer y orar: “Habla a los hijos de Israel, que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda.” (Éxodo 25:2)


CÓMO CONOCER LOS ASUNTOS

En nuestros contactos con las personas necesitamos discernir los asuntos. Aunque no debemos entrometernos en lo que no nos concierne, tampoco debemos descuidar los asuntos que nos implican. Por lo tanto, necesitamos aprender a discernir los hechos. Sin embargo, nuestro aprendizaje debe ser gradual, no apresurado. Al aprender a conocer las situaciones, varios puntos requieren nuestra atención.

Primero, detrás de cada situación hay una persona. Cuando la persona está bien, casi siempre la situación también lo está. Por esta razón, siempre debemos saber quién está en el origen de cada situación. Necesitamos conocer al causante, al patrocinador, de la situación. Si hay un problema en el origen, habrá problemas, aunque la situación parezca correcta. Necesitamos llegar al fondo de cada asunto.

Segundo, necesitamos conocer la motivación que hay detrás del asunto. Alguien puede donar diez mil dólares solo para recibir la aprobación de los demás. Otro puede hacer la misma ofrenda simplemente porque fue censurado por no dar. En ambas situaciones, la motivación está equivocada. Debemos prestar atención a la motivación de los demás.

Esto no significa que todo lo demás esté correcto si la motivación está bien. También necesitamos saber si la naturaleza del asunto es correcta. Por ejemplo, un hermano que desea algo inadecuado puede recibir ayuda de otro hermano. Aunque el hermano que lo ayuda esté motivado por el amor, el objeto de su ayuda no es apropiado.

Tercero, aunque la naturaleza sea correcta, necesitamos saber si la manera de ejecutar el asunto es la correcta. Por ejemplo, un hermano que quiera hacer una ofrenda de diez mil dólares puede simplemente traer el dinero a nosotros. Debemos ayudarle a entender que esa no es la manera adecuada de hacer la ofrenda. Debe colocar el dinero en la caja de ofrendas. Debemos enseñarle a orar para conocer las necesidades de la iglesia. Entonces verá que su ofrenda no es para una persona ni para un propósito individual. Podemos enseñarle esto compartiendo con él. Cuando se ponga delante del Señor, la iglesia será edificada. Por un lado, no debemos pensar que una ofrenda de diez mil dólares es algo maravilloso; por otro, no debemos rechazarla a la ligera. Tenemos que aprender la mejor manera de tratar este asunto y estar atentos a los resultados.

Cuarto, necesitamos saber cuál será el resultado de cada situación. La forma en que algo se realiza puede ser buena, pero la consecuencia no. Si el efecto causado no es bueno, no se debe volver a tocar el asunto. Aquí hay un breve bosquejo. La administración de la iglesia, el ministerio de la palabra y la visita a los santos deben realizarse según estas consideraciones. Si las ponemos en práctica, será fácil discernir los asuntos.

Cuando los discernimos de esta manera, edificamos en lugar de dañar la iglesia. Por tanto, necesitamos aprender a conocer la fuente y la naturaleza de los asuntos de tal manera que encontremos la manera adecuada de tratarlos para la edificación de la iglesia.

Si existe un problema con quien ofrenda, debemos ayudarle en lo que respecta a su persona. Si tiene una motivación incorrecta, debemos ayudarle. Si hay un problema con la manera en que algo se hace, con su resultado o sus efectos, no debemos ignorarlo ni tratarlo con ligereza, porque puede afectar la edificación de la iglesia. Debemos ayudar al hermano con la corrección, la ayuda y la enseñanza necesarias. Esto traerá edificación a la iglesia.

Si tratamos los asuntos con ligereza o negligencia, perderemos la oportunidad de edificar la iglesia. Necesitamos comprender cada asunto que llega a nosotros y aprovechar la oportunidad para instruir y enseñar a los involucrados. Esto también edificará la iglesia. Si los santos pueden recibir nuestra ayuda en cuanto a las ofrendas materiales, serán edificados de manera genuina. También serán edificados como parte de la iglesia.

En nuestra obra y servicio, necesitamos darnos cuenta de que ser orgullosos no tiene sentido y considerarnos inferiores es aún peor. No tiene valor pensar que siempre tenemos la razón; ni lo tiene pensar que siempre estamos equivocados. Ambas actitudes son erróneas e indignas. Siempre que nos enfrentemos a una persona o a un asunto, necesitamos aprender a conocer las fortalezas y debilidades de la persona, así como la fuente y naturaleza del asunto. De este modo, sabremos cómo ayudar a la persona a ser edificada en la iglesia; también sabremos cómo tratar la situación. Eso es edificar.

Disfrute más: Himno 214

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