viernes, 4 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 3, capítulo 4, viernes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO CUATRO:
LA IMPORTANCIA DE LA EDIFICACIÓN
REVELADA EN JUAN 14

SEMANA 3 - VIERNES
Lectura Bíblica: Jn 3:13; 14:4-10, 28

Leer y orar: "¿No crees que Yo estoy en el Padre, y que el Padre está en Mí? Las palabras que Yo os digo, no las hablo por Mí mismo; sino el Padre, que permanece en Mí, hace Sus obras." (Jn 14:10)

LA CASA DE DIOS ES EL MISMO DIOS

El protestantismo adoptó la noción católica y siempre habla de ir al cielo. En realidad, estamos en el cielo; fuimos sentados con Cristo en los lugares celestiales desde el día en que fuimos salvos, porque en el día en que creímos en Él entramos en Dios. No existe base en las Escrituras para las enseñanzas católicas y protestantes con relación a ir al cielo. Incluso Pablo no está en el cielo - él está en el Paraíso.

Necesitamos comprender que se trata de personas: Dios y el hombre. No es cuestión de lugar: el cielo. El acto de Dios entrar en el hombre es Su venida a la tierra; el acto de que el hombre entre en Dios es su ida al cielo. Por esa razón el Señor dijo: "Y a donde Yo voy, sabéis el camino" (Jn 14:4). Él estaba, en realidad, diciendo: "Ahora voy hacia el Padre. Del mismo modo que entré en el hombre por la encarnación, voy hacia el Padre para entrar en Él por medio de la muerte y resurrección".

Los discípulos entendieron que el Señor se refería a un lugar y dijeron: "No sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?" (v. 5). Entonces el Señor les habló: "Yo soy el camino [...] nadie viene al Padre sino por Mí" (v. 6).

El camino es el mismo Señor y el destino es el Padre. Por consiguiente, no es cuestión de lugar, sino de ser introducido en el Señor al creer, de ser introducido en Dios al creer. Mediante la muerte y resurrección, el Señor Jesús llevó al hombre a Dios a fin de entrar en unión con Dios.

Cuando el hombre entra en Dios, penetra en el ámbito del cielo, es decir, en el ámbito en que Dios se encuentra. Desde esta perspectiva, se trata de un lugar. El inicio del capítulo catorce habla de Dios y de la casa de Dios. Él no puede ser separado de Su casa. Es necesario entrar en Dios para estar en la casa de Dios. Quien entra en Él entra en Su casa. Por lo tanto, nadie puede entrar en la casa de Dios sin estar en Él. Es preciso estar en Él para entrar en Su casa.

En Su encarnación, el Señor Jesús vino de parte del Padre y entró en el hombre. Sin embargo, para retornar al Padre, necesitó pasar por la muerte y resurrección. Por medio de la muerte y resurrección, el Señor volvió al Padre desde el hombre. De esa forma, el Señor estaría en el Padre. Hacia allá iba Él.

La venida del Señor fue una cuestión de entrar en el hombre, y no de venir a la tierra. Su ida fue una cuestión de ir hacia el Padre, no de ir al cielo (v. 28). El Señor entró en el hombre mediante la encarnación y entró en el Padre mediante la muerte y resurrección. El Evangelio de Juan de hecho afirma que el Señor Jesús ascendió al cielo. Dice: "Nadie subió al cielo, sino Aquel que descendió del cielo: el Hijo del Hombre, que está en el cielo" (3:13).

Sin embargo, no debemos decir que la ida del Señor al Padre se refiere a Su ida al cielo. Él no retornó al cielo. Él se encontraba en aquel momento con los discípulos, y habita en nosotros todo el tiempo. Puesto que quiere habitar con nosotros, ¿cómo podría dejarnos? Por lo tanto, Su ida en el capítulo catorce no se refiere a la ida al cielo, sino a la ida al Padre desde el hombre. "Creed hacia dentro de Dios, creed también hacia dentro de Mí": ese es el tema de este capítulo.

El mismo Señor es el camino para creer y entrar en Dios. El Señor entró en el Padre por medio de la muerte y resurrección, y nosotros entramos en el Padre por medio del Señor. "Si me hubierais conocido, habríais conocido también a Mi Padre. Desde ahora lo conocéis y lo habéis visto" (v. 7).

El Señor quería que los discípulos supieran que no se trataba de posición o lugar, sino de una persona, es decir, el Padre. Felipe dijo: "Señor, muéstranos al Padre, y nos basta" (v. 8). Jesús respondió: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre?" (v. 9). Estas palabras son muy significativas.

Estos versículos no hablan de un lugar; hablan de una persona. Hablan de Dios, y no de los cielos. Es cuestión de entrar en Dios y no de ir al cielo. Este capítulo no trata del arrebatamiento ni de la ascensión; trata del Señor Jesús introduciendo al hombre en Dios por medio de Su muerte y resurrección. "Creed hacia dentro de Dios, creed también hacia dentro de Mí" es el asunto de este capítulo. Esta cuestión se refiere totalmente a una persona.

En el versículo 10 el Señor dice: "¿No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre está en Mí? Las palabras que Yo os digo, no las hablo por Mí mismo; sino el Padre, que permanece en Mí, hace Sus obras". Mientras que el versículo 2 dice: "En la casa de Mi Padre", el versículo 10 afirma: "El Padre, que permanece en Mí". ¿Dónde habita el Padre? ¿Dónde está Su casa? Siguiendo la lógica, vivimos en casa. Nuestra casa es donde habitamos. Muchos cristianos piensan que la casa del Padre es el cielo; sin embargo, el versículo 10 declara: "El Padre, que permanece en Mí". Esto muestra que cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, Él era la casa del Padre. No podemos decir que una persona vive en Taipéi y su casa está en Taichung. Una persona vive en su casa.

Disfruta más: Himno 101

"El templo te prefiguró,
Tú eres casa de Dios;
Dios mora y se expresa en Ti,
Para impartir Tu ser.
Mas fuiste muerto Tú aquí,
Resucitaste al fin,
Y el templo que es superior
Edificaste así."

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