Estas bases y principios para la elección del material tienen por objetivo suplir a las personas de vida, solucionar sus problemas y generar un sentimiento de necesidad en su interior. Así debe ser elegido el material para la reunión de los jóvenes.
Aunque nuestros mensajes sean educativos, debemos evitar convertirlos en un curso de enseñanza. Por ejemplo, la así llamada escuela dominical se convirtió en un curso con cincuenta y dos temas de estudio. Un niño puede asistir a todas esas clases sin adquirir mucho en su interior con respecto a la espiritualidad, al contenido del evangelio y a la experiencia de vida.
Por ejemplo, asistí a una escuela primaria cristiana y fui uno de los mejores alumnos en la escuela dominical. Hasta serví como asistente de maestro en la escuela dominical. Sin embargo, no obtuve ningún provecho de la escuela dominical. Por esta razón digo que debemos abandonar la palabra "escuela" de las reuniones de niños. No queremos una escuela dominical. Solo queremos reuniones de niños.
No debemos transmitirles el concepto de que la reunión es un curso de estudio y por lo tanto deben recitar y memorizar. Deben sentir que son tocados y suplidos interiormente cuando participan en las reuniones. Por eso, nuestras reuniones de niños deben enfocarse en hacer de los niños jóvenes piadosos que vivan en la presencia del Señor. Si salen impresionados con temas acerca de la vida humana, del temor de Dios o de la salvación, eso les será de gran ayuda.
En una reunión de niños en Manila, Filipinas, los que servían querían contarles la historia de Sansón y Dalila, porque varios cines en la ciudad exhibían una película sobre el romance entre Sansón y Dalila. Este es un error básico en la elección del material. Este es un método equivocado de elegir.
No debemos hablar aleatoriamente a los niños sobre Samuel hoy, David mañana, Saúl pasado mañana y luego sobre Pedro, dándoles bosquejos para memorizar y después evaluándolos sobre lo aprendido. Eso es inútil y está mal. Necesitamos tocar sus sentimientos.
Por ejemplo, las reuniones de niños conducidas por D. L. Moody se parecían a una escuela dominical, pero no lo eran. Él se sentía responsable por el alma de las personas. Una vez invitó a una niña a participar en su escuela. La niña prometió ir, pero no lo hizo. Varios días después, la vio en la calle. En cuanto ella lo vio, entró en una taberna y se escondió debajo de una cama. Moody corrió tras ella y la sacó de debajo de la cama. Después de eso, la niña asistió a su escuela dominical. Si nos sentimos responsables como Moody, tendremos éxito. Debemos prestar atención a este asunto. Las demás cosas son secundarias.
No debemos simplemente dar clases como los maestros de la escuela primaria, que dividen a los niños por edades y dirigen sus clases. No debemos dar clase a los niños y luego comenzar la siguiente preguntando: "¿Cuál fue la lección de la semana pasada? Bien, fue sobre David. ¿Quién es David?". Los niños entonces responden: "David fue una persona conforme al corazón de Dios". "David reinó durante cuarenta años". Luego decimos: "Muy bien, acertaron". Si nuestras reuniones de niños son así, estamos haciendo una obra de muerte, que debe ser interrumpida. Las reuniones de niños en Taipéi aún tienen ese aroma.
El material que usamos debe ser vivo. Podemos hablar a los niños sobre amar a los hermanos, sobre el amor de Dios y cómo Dios creó al hombre con un corazón amoroso. No necesitamos hablar sobre amor espiritual. Necesitamos hacerles ver que el amor que hay en ellos viene de Dios y que, por tanto, deben amar a sus hermanos. Entonces se sentirán culpables si no los aman. En la siguiente reunión podemos hablar sobre honrar a padre y madre, pidiéndoles que obedezcan a sus padres. Esa palabra es viva. Esto no significa que no debamos usar historias bíblicas. Podemos usar una historia de la Biblia para ilustrar el amor a los hermanos. Esto no es un curso de estudio, sino una aplicación viva.
Esto también debe aplicarse a la obra con los jóvenes. Los que sirven a los jóvenes necesitan comprender que no debemos depender de las reuniones de instrucción. Si dependemos de ellas, fracasaremos. De 1946 a 1948 no había reuniones de jóvenes en Shanghái. Ni siquiera teníamos ese título. En esa época el cuidado de los jóvenes provenía de una carga. Los santos los pastoreaban individualmente. Es una pena que nuestras conferencias universitarias sean dirigidas como clases enseñando sobre cierto tema. Todos los que hablan en nombre del Señor necesitan aprender que nuestra palabra debe instruir sin parecer una clase. No estamos dando clases. Eso está muerto y no vivifica a las personas.
Los que hablan deben recibir una carga para laborar en los jóvenes, uno por uno. Por medio de la oración y otros recursos debemos pastorearlos para que el Señor los gane. No debemos enseñarles siempre lo que hicieron Adán, Abel, Enoc y Abraham. Pueden memorizar todo eso en una semana y la siguiente olvidarlo. Enseñarles de ese modo será inútil. Debemos entrar en contacto con sus sentimientos de tal manera que nunca lo olviden.
El ejercicio intelectual y el examen oral no son más que letra muerta. No hay necesidad de prestar tanta atención a esas cosas. Además, no debemos preocuparnos por cuántos participan. En lugar de eso, debemos esforzarnos por aprender lecciones, tener experiencias vivas y recibir cargas vivas para laborar en los jóvenes. Debemos hacer una obra que encienda en ellos el fuego que los lleve a encenderlo en otros. Solo ese tipo de obra será viva.
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