LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA
CAPÍTULO DIEZ: LA SELECCIÓN DEL MATERIAL
PARA EL MINISTERIO DE LA PALABRA
SEMANA 7 - SÁBADO
Lectura bíblica: Sal 119:103; Pr 23:6-8; Mt 7:28-29
Leer y orar: “Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Jn 7:46)
APRENDER A TOCAR A OTROS EN SU INTERIOR
Siguiendo el mismo principio, al dar un mensaje debemos evitar hablar de manera científica. Por ejemplo, fracasaremos si enseñamos a las personas solo siguiendo los temas principales y los subtemas de un bosquejo. Aunque no es malo leer los puntos principales de un bosquejo, es más importante aprender a tocar los sentimientos de las personas.
Si enfatizamos en exceso la necesidad de memorizar un bosquejo, los santos podrían no lograr recordar esos puntos. Aun si los recuerdan, los olvidarán si no han tenido contacto con algo más profundo. Los que ministran pueden hablar mucho, pero su prioridad número uno debe ser dar algo vivificante a las personas y tocar su ser interior. De ese modo, aunque olviden los puntos del bosquejo, algo consistente permanecerá.
Además, debemos aprender a no traer ningún tipo de entrenamiento a nuestras reuniones. Los entrenamientos son diferentes por naturaleza de las reuniones de la iglesia. No debemos tratar a los hermanos como si fueran entrenados. Ellos pueden olvidar los puntos de un bosquejo y los versículos bíblicos, pero si han sido tocados por algo, después de la reunión orarán, confesarán sus pecados e incluso predicarán el evangelio. Si ese es el caso, el mensaje habrá sido vivo y capaz de suplir.
La carne de un filete generalmente viene unida a los huesos, pero al servir el filete debemos dar la carne y no los huesos. Un bosquejo es importante porque muchos puntos pueden tocar los sentimientos de las personas. No obstante, al alimentarlas debemos darles “carne” y no “huesos”, porque pocos pueden masticar huesos. Esto es muy importante.
Por tanto, necesitamos aprender a usar un material que toque los sentimientos de las personas, para que sean tocadas aunque no logren comprender todo el mensaje. Un mensaje transmitido de esta forma es poderoso porque es claro y rico en contenido, sin forzar habilidades de razonamiento lógico. Al contrario, entra en contacto con los sentimientos profundos en lo íntimo de las personas.
Tenemos una seria carga en cuanto al ministerio de la palabra. El ministerio de la palabra es muy débil en las mañanas del domingo, en las reuniones de mitad de semana, en las reuniones en los hogares, en las reuniones de jóvenes e incluso en las reuniones de niños. Tenemos problemas con este ministerio. La palabra es muy débil, lo cual resulta en una situación de debilidad entre los santos.
La razón principal de esto es que la palabra está muerta. Cuando la palabra está muerta, el suministro completo se debilita. Por eso, todos los responsables de ministrar la palabra deben esforzarse por encontrar una manera de que la palabra provea suministro de vida y no esté muerta. Esto requiere que dejemos de hablar como si estuviéramos dando clases, usando bosquejos rígidos. Nuestra vida espiritual requiere enseñanza, pero no podemos ser rígidos.
Debemos evitar material que se asemeje a la enseñanza escolar. No debemos dar tareas a los hermanos. Más bien, debemos tocar sus sentimientos más profundos y plantar algo sólido en su interior.
Si fallamos en hacer esto en el ministerio de la palabra, es porque no tenemos la habilidad de ministrar la palabra. Si la tenemos, tocaremos los sentimientos de los santos y los supliremos con vida, seamos tartamudos o elocuentes, y les gustemos o no.
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